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De la Patagonia a Canadá, con escala en el Amazonas

Thiara nació en Comodoro Rivadavia, se recibió de abogada en Córdoba y, tras un paso por Brasil, se encuentra en Canadá.

Un gran porcentaje de los adolescentes que terminan sus estudios secundarios se mudan de ciudad para continuar alguna carrera terciaria, universitarias o de oficio, ya sea porque en sus localidades donde crecieron no se encuentra, o directamente porque la provincia no tiene esa oferta educativa. La gran mayoría de los pueblos patagónicos no cuenta con universidades, por lo que muchas veces, el mudarse es moneda corriente.

Las oportunidades tras recibirse de alguna carrera son variadas: el caso de Thiara, una mujer oriunda de la capital nacional del Petróleo, Comodoro Rivadavia, en la provincia del Chubut: ella primero se trasladó desde Argentina a Brasil y de allí al gigante congelado: Canadá.

Con 25 años, Thiara se recibió de abogada de la Universidad Nacional de Córdoba. Pero no quería ya ejercer por lo que se fue de vacaciones al norte del Brasil. Nada salió como lo esperaba, ya que ella imaginaba llegar a unas playas y solo por un mes. La anécdota de este comienzo del viaje fue que, un amigo le compró el pasaje: “Había escuchado que cuanto más al norte de Brasil más lindas eran las playas, entonces le pedí que me sacara un pasaje lo más al norte posible. Pero no le especifiqué que hubiera una playa. Y me mandó al Amazonas". Así fue que la arena finalmente se convirtió en el bosque tropical más grande del mundo; además su estadía tampoco fue de 30 días, ya que, si nos ponemos quisquillosos, se debería de decir que sigue en esas vacaciones.

Thiara es otra argentina por el mundo: desde siempre que le gusta viajar por diferentes destinos, en sus principios, cuando el tiempo y la plata se lo permitía, viajaba a los países limítrofes, como Chile y Uruguay.

Tras su estadía en el gigante sudamericano, visitó también Venezuela y Colombia, pero su destino iría más allá: junto a su compañero de viaje, llegaron hasta Vancouver, al oeste canadiense, prácticamente en el límite con Estados Unidos. Ahí comenzaron una aventura que se repite en muchos casos de inmigrantes por el mundo: comenzar con lo justo.

Con 700 euros en el bolsillo, alquilaron una van tipo camper para poder movilizarse y también dormir y descansar de aquí para allá, esperando las oportunidades que cualquier extranjero quisiera conseguir el pan de cada día. 

Sus trabajos y sus comodidades no eran las esperadas. “Queríamos poder estar parados en nuestra propia casa”, en clara referencia a la altura que tiene un medio de transporte que también es vivienda. Además, sus trabajos de recolectores de fruta, una oferta laboral repetida en muchos de estos países, tampoco era lo mejor. Pudieron acomodarse más y vivir ya en la zona urbana de Vancouver, una de las ciudades con más atractivos teatrales, artísticos y musicales.