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Un poco de autocrítica

A los argentinos nos encanta presumir de nuestros ídolos. Y no es para menos: no importa el área o rubro

Gastronomía

A los argentinos nos encanta presumir de nuestros ídolos. Y no es para menos: no importa el área o rubro, cuando lo logramos, superamos expectativas y a veces eso nos vuelve soberbios o arrogantes.

En el mundo del vino no somos la excepción y si bien nos faltan años de experiencia y caminos por andar, no dejamos de prender el "coinor" (cuando tenemos una copa de vino en la mano y la hacemos girar en círculo, para que el vino desprenda su perfumeo más de mil moléculas aromáticas que es posible encontrar) y entonces desplegamos un diccionario impresionante de palabras técnicas y glamorosas para demostrar que sabemos de vinos.

Bueno queridos lectores, les aviso que no.

El vino no es para unos pocos elegidos, es para todos.

Los hay de distintos colores, aromas y texturas, dependiendo de cómo fue realizado en su contenido y de los insumos que hacen a lo visual, Ésto es: insumos secos como botella, corcho o tapa a rosca, cápsula o capuchón, y sobre todo… las etiquetas!

En las góndolas hay cada vez más etiquetas, con nombres de bodegas antiquísimas que evocan a familias de gran alcurnia de generaciones y generaciones de boduegueros, como así también los denominados vinos de autor, los de ediciones limitadas, los de personajes públicos, etc.

Según estudios de consultoras vitícolas, todos los días se lanza una nueva etiqueta.

Diseños cada vez más osados, en los conceptos abordados para llegar a los consumidores, nos pueden marear un poco. Y allí, es cuando curioseamos y giramos el frente de la botella para leer la contra etiqueta.

Sí!!! Allí estará la clave… no sólo de nuestra elección de compra, sino también de lo que debemos memorizar para describir al vino, frente a nuestros comensales ansiosos y ávidos de nuestros comentarios.

“Mmm!!! Qué cuerpo… qué deliciosos aromas a grosellas, cassis, con dejos de lavandas y un final apenas perceptible de café y vainilla…”

Listo, todos los elementos presentados para vanagloriarnos de un conocimiento, que lejos del disfrute, nos enmaraña en un léxico tan rebuscado, que sólo sirve para atragantarnos con el “chamuyo” clásico, riesgoso y típico en el que caemos a menudo los argentinos.

Para la próxima: una regla que no falla nunca: sólo, con soda o hielo, como sea, levantar la copa, chocarla con la del compañero, augurar un buen deseo y unirnos todos al grito de salúuu!!!

Fecha de Publicación: 15/05/2018

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