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Un fiel compañero

Sangiovese: una cepa de un pasado con gloria en nuestro país y una escasa actualidad de cultivo.

Desde tiempos pretéritos el hombre busca y desarrolla su hedonismo, es que el placer y el bienestar en todos los ámbitos de la vida son aspectos esenciales y motivadores de su existencia. Uno de sus fieles compañeros en éste camino ha sido y es el vino. Pueblos impulsores del desarrollo de la vid como los romanos enaltecieron a sus dioses cuando nombraron algunas de las cepas que llevaban en sus conquistas.

Júpiter como padre de dioses y de hombres recibió honores de sus cultores cuando las bondades de una vitis fue denominada como Sangiovese. Éste nombre deriva del latín sanguis Jovis, que quiere decir la sangre de Júpiter en donde el color del brebaje se confunde con la sangre de su dios supremo.

Las colinas toscanas vieron nacer a la Sangiovese, una cepa que fue conocida por los etruscos en su forma silvestre. Y la etimología del vocablo refuerza su antigüedad. La Sangiovese es la variedad clave del vino italiano más internacional: el Chianti, y uno de los cepajes de orígenes más antiguos.

 

Es desde tierras italianas que Don Giuseppe Mondati, viñatero y enólogo de Ancona, emigra para continuar elaborando sus vinos en Mendoza, Argentina. Con el correr de los años fue su nieto José quien abrazó el interés y la pasión por el maravilloso mundo del vino y comenzó en 1983 la Bodega Cicchitti.

Fue cercano al fin del milenio cuando José Antonio Cicchitti Mondati, logra obtener un premio que marcó un antes y un después en su carrera vitivinícola, y la de la industria nacional. Se trataba de su espumoso Soigne obteniendo “La primer medalla de oro en la vitivinicultura Argentina en el exterior”.

 

                              

 

Cicchitti Sangiovese 2012 es fraccionado en una botella esbelta, alta, de hombros estrechos y alargada llamada Rhin. Su sólo presencia marca la impronta de lo elaborado desde los detalles.

Las curvas de la copa reciben el rojo rubí del vino que llena el cristal de reflejos y lágrimas violáceas.

El éter se colma de expresivos aromas a frutos rojos frescos, flores rojas y notas de café. Beberlo es sentir su fluidez recorrer nuestra boca llenándola de taninos dulces y en donde las ciruelas y las cerezas resaltan su frescura en el paladar que combinados con el tiempo de estiva en botella terminan de resaltar su tipicidad y aportan tintes muy agradables de vainilla y chocolate propios de una evolución que se redondea con los minutos.

 

                               

 

Suelos calcáreos del Valle de Uco permiten la mejor expresión de una cepa mitológica. Cerrar los ojos y evocar recuerdos de aromas y sabores poco habituales nos permiten ingresar a un gran final de una cepa no tradicional donde la embriaguez sensorial de placeres que ven luz al calor de la comunión de hombres y dioses expresan el éxtasis ofrendado por los romanos a Júpiter.

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