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Un camino de búsquedas

Nuestro sommellier se llevó una gratísima sorpresa con un blend riojano.

Ha despertado mi curiosidad por los sabores que expresan los vinos ajenos a la afamada Provincia de Mendoza, pero generalmente las góndolas no permiten satisfacerla.

En esa búsqueda encontré un blend riojano compuesto de uvas Cabernet Sauvignon, Malbec y Petit Verdot, año 2011 y con paso por Roble Americano de 12 meses. Con una composición por demás atractiva, y teniendo en cuenta los años en botella, examiné el envase y lo que se podía ver del corcho sin que éste mostrase algún deterioro.

La hora de la verdad

Ya en casa, lo dispongo para la Cata. El descorche se hace sin ninguna complicación, el tapón presenta buena humedad en base y no muestra signos de posibilidad de contacto con el aire. Servido en copa muestra muy vivos colores con tonos violetas bien marcados, buen ribete levemente más claro y tonos brillantes a contraluz. Su aroma expresa la tipicidad de las dos cepas más conocidas llenándose de ciruelas, cuero, ceniza y tabaco.

Lo distinto fue lo que provino luego y tenía que ver con el Petit Verdot. Un suave aroma a grama invadía la copa y terminaba por sellar la experiencia olfativa. Tánico en su punto justo, leve picor y acidez equilibrada. Con final medio en boca.

Mi veredicto es: salir de lo conocido es buena idea

Nina Blend de Bodega San Huberto es un ejemplar elaborado con uvas del Valle de Aminga, a 1450 metros de altura, que una vez vinificado y luego del paso por barricas, tuvo una estiba de 12 meses en botella antes de su salida al mercado.Los años que ha pasado embotellado, le han otorgado un bouquet muy complejo, que lo hace sedoso en boca, pero con una gran presencia. Un vino que sin dudas es redondo.

Excelente momento con un Vino de la Provincia de La Rioja, ¡zona que, seguramente, seguirá sorprendiéndome!

El “idioma” del los catadores

Antes de pasar esta nota a la redacción, la compartí con un amigo y sus expresiones eran una mezcla de “en qué idioma escribe este hombre” y “cuánto falta que me duermo”. Aclaro que él no es experto en la materia. Su relación con el vino es la de cualquier vecino, solo aprecia lo que le gusta, sin tanto análisis. Entonces me di cuenta de que parte de mi labor debería hacer más amena la descripción de una botella, sin caer en tanto tecnicismo. La idea es compartir lo que sé con todos. Es por eso que decidí hacer algunas aclaraciones y contar de qué hablo cuando uso términos muy de la jerga. Les aseguro que reconocer las características de un vino puede llegar a ser una aventura y no deberían perdérsela.

 

¿Por qué hablo del corcho? ¿Cuál es la información que puedo obtener al observarlo?

Además de tapar la botella y no permitir que se derrame la bebida, el corcho tiene la función de evitar que ingrese el oxígeno y de esa manera se alteren las propiedades del vino. Lo que podemos mirar en el corcho son algunas de las siguientes cuestiones: su color, su forma y su olor.

El color debería verse sólo en la base y dependerá de la edad del vino si es rosado o más oscuro, el clásico color borravino. En cuanto a su forma, ésta debería ser uniforme, no estar ensanchada o contraída. Y si tenemos en cuenta el olor, lo que vamos a constatar es que no haya rastros de olor a moho o algún otro que llame la atención y resulte desagradable.

Estos son algunos de los motivos por los que las botellas deben almacenarse acostadas. Si el vino está en contacto con el corcho, éste no se reseca y es poco probable que termine agrietándose y perdiendo su función tan importante para que disfrutemos del vino en su mejor versión.

 

 

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