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Tato Giovannoni: el mejor bartender del mundo

Nuestro columnista Tato Giovannoni fue elegido recientemente como el mejor bartender del mundo.

Dicen que el éxito es el único destino para la gente talentosa. Si miramos a Tato Giovannoni, la afirmación parece muy cierta. A fuerza de talento y pasión, Tato fue transitando un camino que hoy lo lleva a ser reconocido como el mejor bartender del mundo. Y no, no es una forma de decir. Así lo decidieron sus propios colegas y referentes de la coctelería global a través de una convocatoria de la organización 50 Best Bars, que anualmente publica una selección internacional de lugares destacados y eminencias del rubro.

El galardón que recibió Tato se llama Altos Bartenders' Bartender Award y es otorgado a quienes "van más allá de los límites de lo que significa ser un gran bartender", en palabras de la institución. Pero este no es el único motivo que tiene Giovannoni para celebrar: su bar Florería Atlántico fue elegido como el mejor de Latinoamérica y el séptimo mejor del mundo.

Nosotros, desde Ser Argentino, estamos particularmente orgullosos de estos logros. Resulta que Tato Giovannoni es nuestro columnista estrella de cocktails y tenemos la suerte de que nos enseñe a hacer los mejores tragos, en primera persona.

Todo comenzó en el mar

El lugar donde crecimos dice mucho de nosotros. No lo elegimos, pero nos marca para siempre. Tato Giovannoni nació en Buenos Aires, pero desde muy pequeño vivió en Pinamar, con el mar como testigo de sus alegrías y de sus tristezas. Ese mismo mar que habían navegado sus abuelos décadas antes, para anclar en estas tierras con la esperanza de un mejor porvenir. Todo aquello hizo mella en Tato. Pero hay algo más que fue parte de él desde el principio: la gastronomía.

Su abuelo, Lelo Balestrini, fue el encargado de armar el restaurante del hotel Catedral en Pinamar y sus padres lo manejaban cuando él era chico. Además, su padre también era gastronómico. La vida de los Giovannoni iba de Pinamar a Bariloche, ya que la familia tenía una confitería en cada ciudad. Desde adolescente, comenzó a trabajar en el mundo de la gastronomía, donde pasó por todos los puestos y tuvo la posibilidad de ver los dos lados de la ecuación: el lado del dueño y el lado de los empleados. Esto, seguramente, le permitió con los años gestionar de manera eficiente sus propios emprendimientos.

Pero Tato sentía que lo suyo no era la gastronomía. A los 18, partió a Buenos Aires para estudiar Diseño Gráfico, carrera que no terminó. Luego probó suerte con Dirección de Arte Publicitario, y obtuvo su diploma. Paralelamente, siguió trabajando como bartender en distintos boliches de Buenos Aires, hasta que llegó al Gran Bar Danzón. Allí, de la mano de Tatán Ramírez, aprendió que la coctelería era mucho más que tragos armados en el aire y despachados a toda máquina. Sin embargo, le quedaba una cuenta pendiente con el arte. Así, se fue a estudiar cine a Los Ángeles.

Su lugar en el mundo

Cuando regresó, un año después, su destino estaba claro: su lugar en el mundo era detrás de las barras. Y no se equivocó. Luego de trabajar en algunos de los mejores bares de Buenos Aires, llegó el momento de hacer su propia creación. Florería Atlántico fue inaugurado en el año 2013, como un homenaje a la inmigración que llegó al puerto de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX.

En septiembre de 2015, Tato inauguró Brasero Atlántico, un restaurante que permite redescubrir los sabores autóctonos. Un año más tarde, sumó su impronta a Chori: un nuevo concepto de comida callejera, que mixtura variedades de choripán y tragos a base de gin.

Como si esto fuera poco, es el creador del gin Príncipe de los Apóstoles, elaborado con yerba mate, pomelo rosado, eucalipto peperina y enebro. A este le siguieron la tónica y la ginger ale Pulpo Blanco, el vermú Giovannoni y las cervezas Bosquísima y Marítima.

El viaje de Tato no fue lineal, pero todo lo que experimentó lo llevó a encontrar su camino. Hoy, el mundo lo reconoce como el mejor, y eso significa que simplemente todo tuvo sentido.

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