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¿Se viene el vino sin alcohol?

Desde el Instituto Nacional de Vitivinicultura impulsan la idea. ¿Te imaginás un clásico malbec mendocino, pero sin alcohol?

Si bien el consumo de vino aumentó durante la cuarentena, en la industria vitivinícola saben que, en los últimos años, se ha perdido terreno frente a otras bebidas que se han transformado en una competencia. Así, las autoridades nacionales que regulan el sector han impulsado distintas medidas. En el último tiempo, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) planteó la necesidad de impulsar el consumo mediante nuevos envases y propuestas, bebidas a base de vino e incluso sin alcohol.

La meta es lograr revertir la caída del consumo que se registró en los últimos años, generar nuevos envases, canales de comercialización, propuestas y bebidas a base de vino. Además, es clave tratar de acercarlo a los jóvenes, un público que se ha perdido a manos de otras bebidas, que no solo son con alcohol.

El negocio de la sed

Así se define la comercialización de todo tipo de bebidas. En nuestro país representa 33.000 millones de litros anuales, pero donde la vitivinicultura no llega al 3%, y en el que están las bebidas colas, las aguas saborizadas e incluso el mate. Es una visión mucho más amplia, porque no solo la cerveza es competencia, sino que también lo es el agua saborizada.

Estudios internacionales demuestran que hay una tendencia mundial de bebidas con menor graduación alcohólica o sin alcohol. Por eso, desde el INV impulsan la idea de hacer vinos de menor graduación alcohólica e incluso sin alcohol, como el café descafeinado y la cerveza sin alcohol.

En relación al vino en lata, una costumbre cada vez más arraigada, se sabe que hay seis bodegas que ya lo están comercializando y nueve que han pedido autorización para hacerlo. Es esencial ser muy ágiles en la comercialización, más simples, menos desestructurados. Es muy importante permitir el take away en las bodegas, una iniciativa que tuvo su prueba piloto en Río Negro. Y, como medida imprescindible para recuperar el consumo del vino, hay que impulsar el turismo vitivinícola.

Lo que importa es lo de adentro

Independientemente del envase, cada litro de vino que se suma a la comercialización, ya sea en lata, growler u otro envase, se apoya al sector. Aunque es fundamental no dejar de ser estrictos en el control. Es esencial entender y adaptarse a los cambios que plantea el mercado. Desde el sector entienden que, si cada vez hay menor tolerancia al grado alcohólico, entonces hay que que ir en ese camino, porque hay público para todo, no se puede excluir a ninguno.

La realidad en Mendoza

El mendocino toma mucho vino. Cualquier comida, en cualquier horario, es merecedora de un buen tinto. Desde el vino en caja hasta la cosecha tardía más calificada y premiada de todas. El vino acompaña momentos y rememora de la forma más vívida los recuerdo de antaño, esos que generan nostalgia y empañan los ojos. El vino en Mendoza es cultura. Por eso la preocupación de no perder ni un milímetro de terreno frente a otras bebidas. Por eso la disconformidad con la situación, aun cuando, como se ha dicho al principio, en tiempo de cuarentena ha aumentado el consumo de nuestra bebida.

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