Ser Argentino. Todo sobre Argentina

¿Sabías que el color rojo del Campari viene de un insecto?

Gaspare Campari era un italiano que estaba obsesionado con crear el amargo perfecto. Y lo logró. Hoy su marca recorre el mundo, pero pocos saben el secreto de su color carmín intenso.

De Italia a la Argentina hay un océano de por medio, pero a veces pareciera que estamos pegaditos, de tantas costumbres que compartimos. Claro que esta sensación no es casual: nuestro país fue el destino elegido por muchos italianos, que llegaron aquí en búsqueda de una nueva vida. Con ellos, trajeron sus sueños, sus anhelos, su música, sus comidas y, por supuesto, alguna que otra bebida espirituosa.

Si decimos “Campari”, nadie necesita mucha explicación al respecto: se trata de una de las bebidas más amadas por los argentinos, que seduce paladares con su sabor amargo y se lleva todas las miradas con su color carmín intenso. Es lo que se conoce como un aperitivo, ese que acompaña la picadita, las aceitunas y el quesito, y abre el apetito para lo que llegará después.

Pero la historia del Campari no arranca en un bodegón porteño, sino a varios kilómetros, en un cafecito italiano. Con ustedes, el señor Gaspare Campari.

Todo comenzó en Milán

Originario de la localidad de Cassolnovo, en Lombardía, Gaspare Campari se crio con sus nueve hermanos en una granja. En su juventud, buscó formas de hacerse con sus primeros dineros: trabajó como mozo, lavaplatos y bartender. Luego —como corresponde— se casó. Con su señora y sus ahorros, se mudó a la ciudad de Milán, donde abrió su propio café.

Si algo tenía claro Campari es que los aperitivos eran lo suyo. Lo que tal vez jamás imaginó es que su nombre recorrería el mundo impreso en una botella que contiene su mismísima creación. El origen de esta bebida se dio en ese cafecito de Milán, donde Gaspare dedicaba sus horas libres a experimentar recetas: mezclaba botánicos, especias, frutas, cortezas, y luego les llevaba el resultado a sus clientes, para que le dieran su veredicto.

En 1860, dio en el clavo: una de sus pócimas mágicas —inspirada en los digestivos holandeses— se convirtió en el suceso del lugar. Lo bautizó, en un primer momento, Bitter All'Uso d'Holanda, aunque después decidió renombrarlo con su propio apellido. Y lo bien que hizo.

Una técnica polémica

Son pocas las personas que conocen su receta exacta, incluso al día de hoy. Se sabe que se obtiene de la infusión de hierbas amargas, especias, plantas aromáticas, frutas en alcohol y agua. Hay quien adivina sabores a quinina, ruibarbo, naranja, quinoto, pomelo o jengibre. Algunos aseguran que tiene 20 ingredientes; otros se inclinan por los 80, pero nadie sabe cuál es realmente la receta. Aparte de sus herederos, claro.

Lo que sí se sabe es cuál era el colorante que utilizaba Campari para lograr ese intenso color rojo, y que se continuó usando durante 140 años. No se trata de un mito: para conseguir el tono carmín que caracteriza a la bebida, se hervían cochinillas. Sucede que, al hervir la hembra de ese insecto, se obtiene ácido carmínico, que era considerado una tintura natural. Pero tranquilos: desde 2006, la empresa ya abandonó esta práctica y hoy se utilizan colorantes sintéticos. Si es una opción superadora está en discusión, pero de seguro da menos impresión.

Campari, una empresa gigante

Como decíamos, imposible que Gaspare imaginara en su momento todo lo que vendría de la creación que logró un día cualquiera en la bodega de su café. Y mucho de eso se lo tiene que agradecer a su hijo Davide, que fue quien se puso al hombro la empresa y logró su profesionalización y expansión. 

Su consumo se popularizó, en gran medida, a través de los cocktails. Los dos más famosos son el Americano, que contiene Campari, vermú rosso y soda; y el Negroni, creado en 1920 por el conde homónimo, quien reemplazó la soda con un shot de gin. Luego de la guerra, en la década del 40, Campari regresó con todo a través de publicidades icónicas, que llevarían a la marca a consolidarse durante los años 60 y 70, de la mano de grandes figuras de nivel mundial, que empapelaban con sus rostros las ciudades y las revistas bebiendo, felices, sus cócteles color carmín.

 

 

En 1982, la empresa cambió de manos, cuando Angiola Maria Migliavacca, la última heredera de la familia Campari, la vendió a Domenico Garavoglia, quien había sido empleado del grupo. Actualmente, su hijo Luca está al frente de lo que se convirtió en el holding de bebidas alcohólicas más importante de Italia. A lo largo de los años, la empresa fue adquiriendo otras etiquetas, entre las que se encuentran Bols, Cinzano, Skyy Spirits, Glen Grant, Wild Turkey, Espolon, Frangelico, Appleton State, Averna, Braulio, Grand Marnier y Bulldog.

En la Argentina, Campari es una de las bebidas más elegidas, al punto de que tiene su planta productora en el país, en la localidad bonaerense de Capilla del Señor.

Brindemos, entonces, por el señor Gaspare que, insectos mediante, nos regaló uno de esos pequeños grandes placeres de la vida. 

 

Imágenes: Campari

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