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Praliné, bien cordobé

Una tradición que hace mella en nuestro corazón. Llegó alguna vez para quedarse y ocupó un lugar indispensable de nuestras tardes: bendito praliné, mal llamado garrapiñada.

Gastronomía
Praliné

Así como los cordobeses nos atribuimos el invento del fernet con coca y muchas tradiciones más, nos tomamos el atrevimiento de rebautizar ciertas tradiciones. Por ejemplo, al pochoclo o pororó, le decimos “pururú”. Y a la bendita receta de nuestros amores, que todo el mundo conoce como garrapiñada, la llamamos “praliné”. ¿Por qué? No hay por qué. Simplemente una necesidad visceral de reivindicar nuestra cordobesidad y, tal vez, querer diferenciarnos con alguna particularidad. La forma más especial que encontramos siempre es la lengua y sus escondites...

 

El origen de una tradición

Pero, si bien el bautismo “praliné” es definitivamente cordobés, la receta viene de una tradición milenaria. La historia no oficial del surgimiento de esta golosina callejera remite a un origen árabe. Durante los ocho siglos que los musulmanes anduvieron sembrando costumbres en España. Este choque de culturas hizo nacer una explosión de creatividad en el ámbito gastronómico. Así como también una suerte de apropiación y adaptación de recetas tradicionales. Por ejemplo, los españoles adoptaron, entre otras maravillas culinarias, el proceso de acaramelar frutos secos. 

 

El único y el mejor

Así fue como, una vez que los españoles se apropiaron de esa receta, llegó a nosotros. Córdoba era paso obligado durante el Virreinato del Río de la Plata para subir desde el puerto de Buenos Aires hasta Perú. Y tal como, hasta el día de hoy, reproducimos costumbres que heredamos de los tiempos de la Conquista, reproducimos las garrapiñadas. Esta es solo una más de las miles de recetas que tenemos arraigadas. Pero, en este caso, el praliné cordobés tiene un plus. No solo se trata de una receta deliciosa y fácil de preparar, sino que la histórica producción local de maní de altísima calidad da como resultado un snack icónico y representativo de la ciudad.

 

Praliné, siempre praliné

Si hay un olor que es característico de la peatonal céntrica de La Docta, es el olorcito a praliné. Un aroma que se instala en las veredas y enamora a todo transeúnte. Es que en el centro de la ciudad se encuentran miles de puestitos estratégicamente ubicados para satisfacer el antojo de los peatones.  A diferencia de otras provincias, en Córdoba la garrapiñada no se come solo en navidad. ¡Se come todo el año! Y, sobre todo, en época invernal. Se trata de la golosina cordobesa más popular. El máximo placer de cualquier cordobés es saborear un paquetito de praliné aún tibio mientras esperamos el colectivo en la Plaza San Martín y sus alrededores. Además, es el capricho por excelencia de cualquier pequeño: es que nadie se resiste a los encantos de su olor. 

 

Herencia dulce

Los puestitos de praliné, por lo general, son pasados de generación en generación. Por eso, cada uno tiene su magia y sus secretos. Las familias suelen dedicarse a comercializar estas pequeñas delicias, endulzando el corazón de todos los cordobeses y enamorando a todos los visitantes. El praliné se convirtió en el sustento económico de muchas familias y en la herencia dulce que se lleva en la sangre. Además de ser una delicia, es una golosina super sana y artesanal, que se prepara en el momento y no tiene agregados artificiales. Te contamos cómo hacer este snack tradicional, para viajar a través del sabor a la provincia de Córdoba.

 

Ingredientes

  • 1 taza maní crudo 
  • 1 taza azúcar
  • 1 taza agua

La clave es usar la misma taza para los tres ingredientes, para no errarle en las proporciones.

Paso a paso

  1. En una olla de cobre o de fondo grueso poner el maní, azúcar y agua.
  2. Llevar a fuego medio revolviendo constantemente con cuchara de madera hasta que el agua evapore por completo y se transforme en un azucarado opaco. Nunca dejar de revolver.
  3. Bajar el fuego y seguir revolviendo constantemente hasta que el azúcar tome color ámbar brillante y se pegue al maní.
  4. Con mucho cuidado volcar las garrapiñadas sobre una fuente amplia, de manera que no queden amontonadas. Una vez que se enfrían, pueden juntarse. Todo el proceso dura entre 15 a 20 minutos.

A viajar a la ciudad del cuarteto y el fernet, con un praliné.

 

Fecha de Publicación: 24/04/2021

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