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Pastelitos de lluvia

Los pastelitos de lluvia son algo muy particular del norte de Santa Fe. Tradición mocoví que busca permanecer.

La historia de los pastelitos de lluvia, solo presentes en algunas familias del norte santafesino, está íntimamente ligada con la de la tribu autóctona de los mocovíes. En territorio de Reconquista, la ciudad más importante del norte santafesino, persisten algunas comunidades aborígenes. Una de ellas es Comunidad Rahachaglate, conocida como “Colonia La Lola”. Está integrada por familias de origen mocoví. Hasta su definitivo sometimiento perpetrado por el Estado argentino a fines de siglo XIX, los mocovíes eran un pueblo muy aguerrido. De todos los cazadores-recolectores de la región, eran los más famosos por su agresividad y capacidad de atacar a otros territorios. Ya en el siglo XX, la caza fue siendo dejada de lado por ellos, para ser especialistas en trabajos de obra y agricultura.

Esta particular receta, la de los pastelitos de lluvia, tiene una muy linda historia, que viene de la cotidianeidad de las familias mocovíes. No solo en la comunidad La Lola, sino en varias partes de Reconquista y alrededores, esas tardes que llueve, hay familias que cocinan los pastelitos de lluvia. Cuentan los pobladores, recordando a sus ancestros que, cada vez que las inclemencias del tiempo interrumpían las tareas del campo, se generaba un encuentro familiar particular. Los varones jugaban al truco y a la mora, mientras las mujeres cocinaban pastelitos de lluvia para el mate. Descendientes de mocovíes se integraron a la vida urbana, pero la costumbre de la reunión familiar en torno a los pastelitos de lluvia siguió intacta. Casi como un ritual.

A veces, los horarios escolares, los trabajos y quehaceres cotidianos hacen que no pueda concretarse la reunión. Sin embargo, las abuelas hacen igual la receta y avisan a sus hijos que, entre ires y venires, pasen a buscar por su casa la fuentecita con los pastelitos de lluvia para compartir.

Ingredientes

Preparación

Mezclar todos los ingredientes hasta formar una masa homogénea. Dejar descansar media hora, aproximadamente. Luego, estirar y cortar rectángulos de aproximadamente cinco centímetros por 10. En el centro de cada uno, se hace un pequeño tajo con la punta del cuchillo, para poder pasar una de las puntas de la masa. Esto le da a los pastelitos una forma singular.

Se fríen en aceite bien caliente y, a medida que van saliendo, se los pasa por azúcar impalpable. Asi, los pastelitos de lluvia quedan listos para acompañar unos ricos mates santafesinos.

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