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Lo de Irma: la receta secreta de la felicidad

En Las Marianas, un pueblo bonaerense de 600 habitantes, se encuentra una cocinera que –dicen– prepara los mejores ravioles. Eso sí: no piensa revelarle a nadie su receta secreta. Conozcamos a Irma.

Gastronomía

Los ravioles siempre son una buena razón. Si no, ¿cómo se explica que, cada fin de semana, cientos de personas se acerquen hasta un pueblo desconocido de la provincia de Buenos Aires solo para poder degustar un plato de ravioles? Porque la comida es alegría, es plenitud. Son recuerdos de la infancia, de otros platos, de otras mesas, de otros rostros que tal vez ya no estén entre nosotros. Todas esas sensaciones son las que se evocan en Lo de Irma, una cocinera con la receta secreta para alcanzar la felicidad.

Esto tiene lugar en Las Marianas, en el partido de Navarro, a 140 km de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de un pueblo de 600 habitantes donde se encuentra el Hotel y Restaurante Lo de Irma, una joya oculta hecha de sabores y aromas que recuerdan a otros tiempos.

¿Quién es Irma, se preguntarán? Irma es la mujer que le da nombre al establecimiento y, a sus 84 años, conserva la receta secreta de los que –dicen– son ravioles con sabor a magia, que emocionan hasta las lágrimas. Tal es el suceso que esta cocinera provoca que se convirtió en toda una leyenda en el pueblo y sus alrededores, y es necesario reservar una mesa con antelación para poder disfrutar de las maravillas de su cocina.

Doña Irma cocina

Esplendor y ocaso

Cuando el hotel abrió sus puertas, en 1950, Las Marianas era muy distinto. Aún llegaba el tren hasta allí y había muchos comercios en la zona, además de la industria tambera que mantenía en movimiento al pueblo. Y, por supuesto, al hotel-restaurante. En 1958, Irma conoció a su marido, Hugo, cuya familia era dueña del establecimiento. Costurera de oficio, una vez que entró a la cocina cambió para siempre los hilos y las agujas por las ollas, las sartenes y los palos de amasar. Para la década del 60, sus platos ya eran todo un suceso.

En sus mejores épocas, Las Marianas llegó a tener 1500 habitantes. Pero, en los años 90, el tren dejó de pasar por allí y el pueblo entró lentamente en el ocaso. Aunque los tiempos eran difíciles, Irma siguió cocinando, poniendo en valor lo que es realmente importante: comer rico y abundante, dándoles confort al cuerpo y al alma.

En 2011, Hugo falleció y Andrés, el hijo del matrimonio, decidió volver al pueblo para acompañar a su madre. Además, puso su esfuerzo en recuperar el restaurante y en darle un marco a la leyenda que ya eran su madre y sus ravioles. Hoy, las paredes del lugar cuentan la historia de Irma y de su familia. En las tres habitaciones del hotel, duermen futuros comensales que llegan una noche antes, ansiosos por disfrutar la pasta más soñada.  

Doña Irma comedor

El sagrado ritual

Que Irma tiene un secreto para cocinar sus ravioles no es una forma de decir: durante los 60 años que lleva al frente de la cocina, nunca reveló la receta a nadie. Es –literalmente– un secreto. Ni su familia conoce la fórmula. Uno de los tips tal vez sea la cocina de leña en la que los prepara, de la que la cocinera no piensa desprenderse. También están los ingredientes: Irma solo utiliza productos locales, como los huevos de sus propias gallinas y la leña del monte del pueblo.

Quien se quiera dar una vuelta por Lo de Irma tendrá que elegir qué tipo de pasta prefiere: los sábados, serán tallarines; los domingos, los tan venerados ravioles. Para preparar sus platos, Irma se levanta muy temprano y a las 6 de la mañana ya está en su cocina. Entonces comienza a amasar y a preparar el estofado. Pero, cuando llega el momento de hacer el relleno, las puertas de su cocina se cierran: nadie tiene acceso a su gran secreto.

Irma cocina con alegría y siempre tuvo presente qué es lo que importa en realidad: que los comensales se sientan como en casa; que rememoren las pastas de sus abuelos; que –aunque sea por un par de horas– recuerden que nada es tan grave, que nada es tan importante, que lo que realmente vale la pena en esta vida es poder disfrutar de un plato de ravioles, tal vez junto a una copa de vino tinto, y compartir charlas, risas y anécdotas con la familia, los amigos o, quizás, algún extraño que se ha cruzado en nuestro camino.

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Imágenes: Redes Doña irma" salon comedor hotel" / Doña Irma Angrigiani

Fecha de Publicación: 20/10/2021

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