Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Conocé al piñón, el fruto neuquino por excelencia

El piñón es un delicioso fruto de un milenario árbol, pero no siempre fue considerado comestible

La provincia de Neuquén se caracteriza por mantener muchas de las costumbres mapuches intactas. Uno de los símbolos más venerados por esta comunidad es el Pehuén o Araucaria. Su fruto, el piñón, es un nutritivo y delicioso alimento que pocos conocen y que trae consigo una historia milenaria.

La araucaria (o pehuén, en idioma mapuche) pertenece a la familia de las coníferas; puede crecer hasta 40 metros y se reproduce principalmente en Neuquén y algunas regiones chilenas. Este árbol es tan imponente y bello que, en la provincia patagónica, existe una ruta con su nombre y, en el país vecino, una región. Crece en varios lugares del mundo, pero en nuestro país su principal hábitat es entre la localidad termal Copahue y el lago Huechulafquen.

Además de ser el árbol de la bandera neuquina y un símbolo importantísimo para los pueblos originarios, el fruto de esta especie es único. Para dar al piñón, el pehuén tarda muchos años. Su floración es unisexual: unos árboles producen el polen y otros dan la piña que es fecundada por el polen llevado por el viento. Una vez madura, cada piña tiene entre 200 y 300 piñones y cada árbol puede madurar unas 30 piñas.

Si a la estética nos abocamos, el piñón no es nada atractivo. Tiene forma de flecha y su piel es de color marrón oscuro, con una textura que emula un pelaje extraño. Inclusive, para sus detractores, es comparado con una cucaracha sin patas. Sin embargo, el uso de este fruto en comidas se hizo extensivo en los restaurantes internacionales de más alto rango. 

El piñón es rico en proteínas y dulce, pero, si se hierve, se le agrega sal. Es pareciso a un poroto, pero a la vez puede ser consumido como un snack para el mate. Para pelarlo, es necesario hervirlo un largo rato. También se puede hacer, como todo en Argentina, ¡a las brasas!

Lo cierto es que el piñón no siempre fue considerado un alimento. Los mapuches adoran al pehuén desde hace siglos. Debajo de sus pinchudas ramas, se juntan a orar y hasta se confiesan con él y le dejan ofrendas de carne y otros alimentos. Por años, el fruto de este árbol fue considerado por la cultura mapuche como venenoso. Sin embargo, un día este pueblo entendió al fruto como una bondad. 

Para explicar este importante cambio, los mapuches tienen, como con muchas de sus costumbren, una leyenda e inclusive inventaron un nuevo ritual: la colecta del piñón a fin de otoño.

A grandes rasgos, cuenta la historia que, al caer uno de los más crudos inviernos, el pueblo mapuche no tenía qué comer. Los cazadores viajaban largos kilómetros y volvían con las manos vacías. Un buen día, uno de los jóvenes notó la presencia de un viejo de largas barbas. El hombre le indicó que los piñones son un fruto divino y desapareció. Los mapuches creyeron que su dios había bajado del cielo para salvarlos, y a partir de allí veneran también al fruto de su árbol insignia.

Rating: 3.50/5.