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¿Comés huevos en tu desayuno?

El huevo es uno de los alimentos más versátiles que existen. Te damos ideas para incorporarlo en tus desayunos.

Si todavía te parece rarísimo comer huevo a la mañana, solo tenés que darle una oportunidad. Comenzar el día con una comida equilibrada y completa, en la que incorporemos todos los nutrientes necesarios, es algo que todos deberíamos hacer. Los huevos son una excelente manera de incorporar proteínas y de darles una vuelta de rosca a tus comidas. Porque los desayunos también pueden ser salados, te traemos tres ideas para que los prepares.

Huevo poché

Te vamos a contar, primero, la forma tradicional de cocción. Después, te vamos a dar un truquito por si todavía no te animás a hacerte el chef tan temprano por la mañana. Para preparar el huevo poché, tenés que poner a fuego una olla con mucha agua y un chorro de vinagre (sin sal). Antes de que rompa en hervor, tenés que mover el agua para generar un pequeño remolino. En el medio del remolino es donde va a ir tu huevo, al que tendrás que romper con mucho cuidado. Para que sea más fácil, ayudate con una espumadera para ir envolviendo la clara hasta que cuaje.

Ahora, la versión fácil: envolvé el huevo en papel film, armá un paquetito (que quede bien cerrado) y cocinalo ahí adentro. Luego de unos 4 minutos, pasalo a un bowl con agua fría para cortar la cocción.

Huevos mollet

Su nombre viene de “mullidos”. Se trata de una cocción con cáscara, que es un punto medio entre el huevo pasado por agua y el huevo duro. Primero, poné a hervir agua con un chorrito de vinagre y una cucharadita de sal. El huevo debés ponerlo en la olla antes de que el agua llegue a su punto de ebullición. Se cocina unos 5 minutos y se lleva inmediatamente a agua fría para cortar la cocción. Después, con mucho cuidado, hay que pelarlo sin que se rompa la clara antes de llegar al plato.

Huevos revueltos

Es una de las versiones más clásicas, pero no es fácil encontrar el puto justo. Se puede hacer de dos maneras: con cocción directa o a baño María (quedan mucho más cremosos). Para que queden bien, hay que tener paciencia y no arrebatarlos. Para la cocción tradicional, le secreto es una buena sartén antiadherente. Hay que revolverlos constantemente con una espátula de goma. Y, cuando se comienzan a coagular, retirarlos del fuego sin dejar de revolver. Cuando baja un poco la temperatura, hay que volver al fuego. Condimentar con un poco de sal, pimienta y aceite de oliva.

¿Con qué comerlos?

¡Con lo que quieras! La combinación perfecta es una tostada de pan integral, palta y huevo. También quedan bien con queso crema, tomate, jamón, queso, salmón ahumado… Es cuestión de probar, experimentar y sorprenderte. Entonces, ¿ya estás listo para darles una vuelta de tuerca a tus desayunos?

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