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À nos Amours: una esquinita parisina en Buenos Aires

Constant Anée llegó a la Argentina hace 15 años y decidió abrir un restaurante íntimo en una esquina del barrio de Palermo. Con un menú elaborado de acuerdo a la compra del día y un libro en cada mesa, À nos Amours ofrece una experiencia diferente.

Hay quienes saben imprimir su esencia en los espacios. Como cuando entramos en la casa de alguien y todo nos habla de esa persona: la decoración, la elección de los muebles; cada pequeño detalle que nos encontramos tiene su nombre y su impronta. Algo así logró Constant Anée cuando abrió su restaurante en una esquinita porteña, casi 15 años atrás.

À nos Amours está situado en el barrio de Palermo, en Gorriti y Aráoz. Una casona antigua alberga este rinconcito mágico, donde es posible viajar a París sin salir de Buenos Aires. Un menú adaptado a las compras del día y un libro esperando en cada mesa hacen que ir a comer allí sea una experiencia diferente. Es escaparse un rato del mundo y dejarse llevar por la propuesta de este francés que dejó su país y su profesión para darle vida a su propio bistró.

Entre la fotografía y la gastronomía

Constant Anée creció en Villennes-sur-Seine, una localidad ubicada a unos 30 kilómetros de París. En su adolescencia, colaboraba con su padre en el restaurante que él tenía, y fue entonces donde descubrió lo cómodo que se sentía en el papel de anfitrión. Apasionado por el cine y la fotografía, los 18 años se compró su primera cámara y comenzó a trabajar. Se desempeñó como fotógrafo de moda durante veinte años, hasta que decidió venir a probar suerte a la Argentina.

Aquí, la fotografía pasó a ocupar el lugar de un hobby y todos sus esfuerzos se volcaron a darle forma a su propio emprendimiento gastronómico en Buenos Aires. Decidió llamarlo À nos Amours (A nuestros amores), en homenaje a una película de Maurice Pialat, de 1983. Y el espacio le hace honor a ese nombre: con sus luces tenues y su ambiente romántico, es el sitio elegido por muchas parejas para pasar una velada distinta.

Para crear su espacio, Constant eligió una antigua casona familiar, de la que se conservan los pisos originales, sus techos altos, las puertas y los ventanales, además de tres árboles que los propietarios originales plantaron en conmemoración a sus hijos. Cada detalle del local está elegido personalmente por su dueño, que se ocupó de recorrer mercados de antigüedades y elegir, uno por uno, los muebles, la vajilla y la cristalería. Además, sumó una biblioteca donde pueden encontrarse libros de todo tipo, en español y en francés. Sus vinilos y sus fotografías completan la decoración, en la que la esencia de Constant se siente en cada detalle.

 

El restaurante de los libros

Cuando inauguró À nos Amours, en la zona no había restaurantes. Hoy, el lugar ya es un clásico del barrio y muchos de sus habitués lo conocen como “el restaurante de los libros”. Es que, en cada mesa, a los comensales los espera una obra diferente para que puedan disfrutar.

Otro de los puntos que distinguen al lugar es la selección de productos orgánicos y agroecológicos con la que se preparan los platos, y que hacen que el menú cambié cada día de acuerdo a lo que encuentre Constant en el mercado, con productos de estación. El menú del día se presenta a los clientes en una pizarra, donde nunca faltan el pescado y los risottos. Además, trabajan con vinos naturales. De postre, la Crème Brûlée está entre las más elegidas.

Productos naturales, libros y una esquinita: sobran los motivos para darse una vuelta por À nos Amours.

 

Imágenes: Redes À nos Amours

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