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3 pulperías para viajar en el tiempo en Córdoba

Se trata de 3 lugares antiguos que conservan algunas tradiciones de otra época. Sirven comidas típicas argentinas como asado o locro y sus paredes guardan historia, mientras sus mesas reviven la memoria.

Una pulpería era, hasta inicios del siglo XX, el establecimiento comercial típico de las distintas regiones de Latinoamérica. No solo es una costumbre argentina, sino también latinoamericana. Ya que se encontraban este tipo de comercios en Centroamérica y a lo largo de todo el continente. Su origen data de mediados del siglo XVI. Para el momento, estos lugares estaban destinados a proveer todo lo que era indispensable para la vida cotidiana: comida, bebidas, velas, carbón, remedios y telas, entre otros.

En nuestro país, particularmente caracterizado por la tradición gaucha, se convirtieron en centros sociales clave para el desarrollo del sentido comunitario. Este tipo de lugares responde a la imagen construida en la literatura gauchesca. Y llenan de sentido a muchas prácticas que se conservan hasta la actualidad. En esta nota seleccionamos 3 pulperías cordobesas que nos invitan a viajar a los tiempos de los baqueanos. Porque sirven como repaso de la historia y porque nos invitan a conectar con nuestro pasado gaucho.

 

1.  Don Segundo Sombra en Los Reartes

Esta es quizás la más conocida de Córdoba. Está en el pueblo más antiguo del Valle de Calamuchita, llamado Los Reartes, y funciona desde la década del 60. Abel Moisés y Aníbal Segundo Freytes fueron los que le dieron origen a este lugar histórico. En su momento, el establecimiento no solo servía comida y bebidas a los visitantes, sino también ofrecía aperos y combustible. Hoy se actualiza para seguir vivo, pero en su seno se sigue respirando nostalgia. Don Segundo Sombra es un lugar de encuentro para los vecinos. Se encuentra en medio del centro histórico junto a La Capilla, la Escuela Fiscal Pedro Bonifacio Palacios y las Casonas Coloniales. Su edificio llama la atención y se combina a la excelencia con la arquitectura de 1815 de la capilla, las veredas altas y las casonas de adobe de mediados de 1700.

En sus inicios era un bar y almacén de ramos generales que vendía desde alimentos hasta remedios. Su construcción es de los años 30 y se conserva a la perfección. Fue el primer comercio de la localidad. Y, obviamente, con el tiempo se convirtió en un atractivo turístico y en una especie de club social. Cuenta con el estilo propio de las pulperías: mostradores altos con balanzas, pool y mesas, donde se jugaba a las cartas mientras se tomaba “una vuelta” o una “mulita”. Hoy sus puertas siguen abiertas y continúa siendo el sitio de reunión de los pueblerinos. 

 

2. La Pulpería de los Ferreyra en Santa Rosa de Calamuchita

Este lugar está ubicado en una de las esquinas más emblemáticas del pueblo y está al lado de la capilla que se ubica cerca de las casas más antiguas del lugar. Ofrece comidas tradicionales criollas como asado, humita, lasaña casera, entre otros, durante toda la temporada. Los mozos y las mozas se visten para servir: con prendas características de los gauchos, le dan un toque original a la propuesta. En el lugar solo suena música alusiva. Se trata de un restaurante que tira todo a la parrilla y en el corazón de su cocina criolla, prepara las mejores delicias. Es especial para hacer un viaje en el tiempo y  para compartir en familia. Se encuentra ubicado frente al Museo Capilla Vieja, otro de los atractivos que nos invitan a ejercitar la memoria.

 

3. La Vieja Esquina en Córdoba Capital

En la esquina de Belgrano y Caseros, la pulpería se erige como un bastión, como uno de los últimos de su estilo en la zona. Es de las poquísimas casas antiguas que aún no fue derrumbada para dar lugar a nuevas y grandes edificaciones por parte de corporaciones. Se trata de un lugar que conserva en su estructura y arquitectura antigua. Pero, sobre todo, que con el paso del tiempo no perdió su esencia. En sus paredes esconde la historia de nuestra provincia, develándonos los secretos del Barrio Güemes inicial y original. Es uno de los escasos lugares para ir a comer platos tradicionales en cualquier estación del año, más allá del invierno o las fechas patrias.

 

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