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Mal año para el Argentina Open

El Argentina Open de este año fue un fracaso. Una lástima, dado que era su vigésimo aniversario. Otra derrota evitable del ser nacional.
Tenis
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| 19 febrero, 2020 |

¿Podríamos decir que fue mala suerte lo del Argentina Open 2020? Podríamos decir cualquier cosa. Echarle la culpa al destino. O al otro. Pero no creo que la suerte sea la culpable de los males de este año. Tiendo a pensar que es un torneo atado con un hilo. Y cuando la cosa viene mal, el hilo no te salva.

Vos me dirás que hace 20 años que se juega el torneo. Que no es poco. Y no lo es. Yo me pregunto qué debería ser. Somos una de las potencias del tenis mundial. Pero el Argentina Open es un torneo de tercera categoría. Ofrece 250 puntos. Un Grand Slam ofrece 2500, después están los Master 1000, después los ATP 500. Y recién después, en el piso de la escala, los 250.

¿Merece el tenis argentino algo más? Sin duda. Pero nadie está dispuesto a invertir en un gran certamen. Habría que construir un gran estadio, con canchas auxiliares, servicios, infraestructura. Pero los argentinos pensamos todo en chiquito. En la mínima. Y nos conformamos.

El Argentina Open es un torneo endeble

Primero: se juega en polvo de ladrillo, en una fecha fuera de temporada de polvo de ladrillo. Con lo cual, los jugadores ya no tienen muchas ganas de venir. Ni siquiera los nuestros, que ya no están formados en el polvo de ladrillo. Desde la gran y afamada «Legión«. ¿Pensar en invertir en una cancha rápida? Nah… ¿Para qué? Si total, les juntamos la cabeza a dos anunciantes y estamos…

La fecha no está mal, porque los pocos jugadores de gran nivel que vienen usan al torneo de entrada en calor del circuito. Me consta que la idea de cambiar la fecha está hace tiempo; pero meterlo en medio de la temporada de polvo, también es inviable, por la distancia con los grandes torneos. Habría que cambiar la superficie. Parece que no queda otra. Bueno. Queda: armar un torneíto, para 5.000 personas y transmisión de teve local. No arriesguemos. No pensemos alternativas.

Medio pelo argento

Una pena, porque como alguna vez se bajó Rafa Nadal, ahora se bajaron Thiem y Cecchinato. Los ganadores de las dos últimas ediciones. Y el torneo se fue a pique. Claro, de devolver la guita de la entrada de venta anticipada, ya que lo que vas a ofrecer es de calidad muy inferior a lo que prometiste, ni hablar. Nos hacemos los giles, total, pasa. Estamos amparados en las bases del torneo. Esa te la tomo en un gran torneo, que se te bajan dos, cuatro figuras y no pasa nada, porque tenes diez mas. Pero acá… Siempre pierde el que paga.

Encima se lastimó «El peque» Schwartzman y Coric perdió en primera ronda. Entonces, el torneo terminó con una final disputada por un noruego que se llama Casper Ruud y estaba hasta el sábado 48 en el ranking. Un chico de 21 años que entrena en la academia del tío Tony. Que ganó su primer torneo y así superó al otro jugador noruego de tenis, su papá, como mejor rankeado en la historia de su país.

Casper le ganó a Pedro Souza. Un portugués que llegó al match final casi tan lesionado como Schwartzman. Que tendría que haber sido su rival en la semifinal, si «El peque» no daba el «walk over». Yo creo que ambos especularon con que el otro se bajara primero. Y el portugués tuvo más paciencia y tenía menos por perder. Un chico que, encima, entró al cuadro principal por la baja de otro jugador al torneo (lo que se llama «Lucky looser», «Perdedor afortunado»). Y que andaba por el puesto 220 del ranking.

Lo que se diría una final algo devaluada

Pensemos que este torneo alguna vez lo ganaron David, Rafa, Ferrer, Guga Kuerten, Mollá, Gaudio, Coria. Por citar a algunos grandes.

El Argentina Open tiene para replantearse lo mismo de siempre. También la hora de los partidos finales. Desluce el juego jugar a las 3 de la tarde con 35 grados de calor. Y el trofeo, que es un mate gigante, en vez de una copa…

Perdón. Hoy me levanté negativista. Le reconozco que organizar un ATP 250 lleva su esfuerzo. Que para este vigésimo aniversario homenajearon a los todos los ganadores argentinos del torneo. Esa «Legión» que nos llenó de alegrías. Y que el trofeo lo entregó la diosa de Gaby. Pero da bronca tener algo chiquito cuando nos merecemos y podríamos tener algo grande. El tenis argentino no está excento de egoísmos y mentes pequeñas. Por algo perdimos la final de la Davis en 2008, por ejemplo.

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