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Un argentino metió el primer gol olímpico de la historia

Se llamaba Cesáreo Onzari, wing izquierdo de la Selección Nacional en los años `20. Un jugador que hizo historia.
Fútbol
Gol-olimpico
19 enero, 2020

En 1924, el organismo que con el tiempo se llamaría FIFA, introdujo un cambio en el reglamento: el lanzamiento llamado “tiro de esquina”, más conocido como “córner”, dejaba de ser un tiro libre indirecto para convertirse en uno directo. La diferencia fundamental radicaba en que ya no era necesario que otro jugador tocara la pelota para establecer como válido un gol convertido desde ahí. 

Ese mismo año, Uruguay sale campeón olímpico al ganarle 3 a 0 a Suiza en la final. Cuando los campeones vuelven a Latinoamérica (hermosos aquellos días en que los futbolistas solían jugar en equipos de su país natal), Argentina le organiza un partido homenaje (también hermosos aquellos días en los que había gestos como este). Uruguay acepta, honrado. El partido se juega en la cancha de Sportivo Barracas. Es el 2 de octubre de 1924. Un día que va a quedar en la historia.

Nace el gol olímpico

Minuto 15 del primer tiempo. Córner para Argentina. Se acerca al banderín Cesáreo Onzari, el wing izquierdo, y acomoda la pelota. Patea. Nadie la toca. La pelota entra al arco. Sorpresa general. El árbitro, en una fracción de segundo, piensa si vale o no. El línea le gana de mano, o estaba más concentrado o había estudiado el reglamento el día anterior, pero sale corriendo para la mitad de la cancha. Al verlo, el árbitro termina de decidir. Marca el círculo central con la mano y hace sonar el silbato. Acaba de convalidar el primer gol olímpico de la historia. Y lo metió un argentino.

Con el tiempo se agranda la leyenda. El propio Onzari contaba que ni bien se enteró del cambio reglamentario empezó a entrenar el tiro: estaba convencido de que iba a ser eficaz porque todavía nadie se lo esperaba. El factor sorpresa era algo importante en el fútbol de la época: no había cámaras ni Youtube ni nada.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano le dedicó unas páginas al hecho en su libro El fútbol a sol y a sombra: “Por homenaje o ironía, aquella rareza se llamó gol olímpico. Y todavía se llama así, las pocas veces que ocurre. Onzari pasó todo el resto de su vida jurando que no había sido casualidad. Y aunque han transcurrido muchos años, la desconfianza continúa: cada vez que un tiro de esquina sacude la red sin intermediarios, el público celebra el gol con una ovación, pero no se lo cree». Salud, Onzari. Fue un golazo.

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