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La mejor semana de «El Diego»

"El Diego" tuvo muchos días de gloria. También semanas brillantes, durante su carrera como futbolista. Pero si hay una que será inolvidable, es ésta.
Fútbol
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| 02 marzo, 2020 |

Los días que van entre el 22 y el 27 de febrero, la semana de «El Diego», marcan dos hechos fundamentales en su carrera como futbolista.

El debut en la Selección

Cosas de la vida, «El Diego» debutó con la Selección Mayor en la cancha de Boca. Fue el principio del romance eterno entre los hinchas y «El diez». 27 de febrero de 1977.

La anécdota dice que fue un amistoso contra Hungría. Que entró a los 20 del segundo, reemplazando a Leopoldo Luque. Y que tenía algo más de 16 años. Era un chico de Fiorito cumpliendo su sueño. Pero ya era un hombre.

En ese partido atajó Hugo Gatti. El que lo tildó de «gordito» y se comió 5 cuando Boca enfrentó al Argentinos de «El Diego».

Y estuvo «El conejo» Tarantini de 3. Ése que quedó desparramado por el piso, igual que «El Pato» Fillol, en el gol más recordado de Boca a River. Una noche de lluvia en «El Monumental», en la que «El Diego» volvía de un desgarro. Uno de esas pocas lesiones que lo paró en la vida. Noche épica, como tantas veces en la vida de «El diez».

Como dije: el comienzo del idilio de Diego con la gente de Boca. Y del todo el pueblo futbolero argentino.

El debut en Boca

Vamos hasta 1981. Estuvo a solo un paso de firmar contrato con River. Pero el sueldo que pretendía el astro mayor del fútbol mundial, frustró la operación. Entonces, «El Diego» selló su vínculo con Boca, el 20 de febrero. El club estaba casi en bancarrota; entonces, el pase fue a préstamo. Y, a pura picardía, pusieron la guita en el sueldo de Diego Armando, que debutó dos días después de firmar: el 22 de febrero. 4 a 1 contra Talleres de Córdoba. Y una coincidencia que se daría muchas veces a lo largo de su carrera: se infiltró para jugar.

Ahí arrancó eso de «La pelota no se mancha»

Diego era así. La vida por la pelota. La vida por la camiseta que vestía. Claro: en esa oportunidad se trataba de Boca. Su gran amor local. ¿Cómo no se iba a infiltrar para debutar? Diego no sería capaz de perderse un partido así solo por una lesión. Eso no lo iba a detener jamás.

Como no lo detuvo, por ejemplo, en la semi del Mundial 90. Que jugó con un zapato especial, por lo inflamado que tenía el tobillo. Ese tobillo mágico, que ante tres brasileros, se las ingenió para habilitar a Claudio Paul Caniggia en el gol más festejado de la historia de la Selección Nacional.

Todo en su vida es a sangre y fuego. Sobre todo, en el fútbol. Diego es el más grande entre los grandes, también por estas cosas.

Después vino todo lo que ya sabemos

Una historia de mil hazañas, gambetas y cosas increíbles en la cancha. Como el gol a los ingleses. Ese que calcó de uno que dio en el caño, un año antes, también contra los ingleses… Una de las pocas casualidades en su vida. Porque todo lo consiguió a fuerza de talento, una actitud ganadora como nadie, un espíritu que solo se quebró en lágrimas cuando nos afanaron la final del ’90.

La otra casualidad es esta semana de febrero. La más gloriosa del fútbol argentino.

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