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Amadeo Carrizo: adiós al más grande

Falleció Amadeo Carrizo. El más grande arquero de la historia del fútbol. Un grande adentro y afuera de la cancha. Un maestro para las generaciones futuras.
Fútbol
AC
| 22 marzo, 2020 |

El mundo River se conmueve ante la dolorosa noticia de la muerte de Amadeo Carrizo. El más grande arquero de la historia argentina. Y si me apurás, del mundo. Mirá si habrá sido único, que el Día del Arquero se celebra conmemorando su cumpleaños. 12 de junio. Sí: hay un día del arquero.

Había llegado de su Rufino natal, en donde pidió ser velado. Empezó en BAP de Rufino y el 6 de mayo de 1945 debutó en River. En ese año, ya salió Campeón local y Copa internacional Aldao (no se jugaba la Libertadores, aun). Integró el más mítico equipo de la historia del fútbol: «La máquina». Y repitió laureles en el ’47 (también local y Aldao), ’52 (local y Copa Ibarguren), ’53, ’55, ’56 y ’57 (tricampeonato). Y de haber ganado en el ’54, hubiera sido heptacampeón (logro que solo tiene Racing y al que deben su apodo de «La academia»).

Un adelantado

«Amadeo Carrizo era un adelantado para su época». Lo vas a escuchar cada vez que se habla de él. ¿Pero qué significa que era un adelantado? Significan varias cosas. En primer lugar, que sabía patear, «jugar con los pies». En esa época, los arqueros atajaban abajo del arco. No salían. Mucho menos, jugaban con los pies. Bueno, el gran Amadeo ¡llegó a jugar de delantero! Fue en un partido contra Chacarita. Cuando no se podían hacer cambios, salvo por el arquero. Un delantero de River debió salir, entó el arquero suplente en lugar de Amadeo y el crack se fue a la delantera. Es obvio que salía del área jugando con los pies y era alternativa de pase para sus compañeros. Eso no se vio en el fútbol hasta hace poco.

Otra gran virtud era que no «volaba«. No se tiraba para atajar la pelota. Siempre estaba ubicado a donde la pelota iba. Siempre «bien ubicado». Como si adivinara. Pero no adivinaba nada. Sabía. Tenía una visión del juego que era superior. Muy pocos jugadores la tuvieron. Es una cualidad que va más allá del oficio.

Y rara vez sacaba la pelota con los puños. Para nuestras lectoras: cuando la pelota viene por el aire al área y hay muchos jugadores, los arqueros suelen pegarle un golpe de puño para sacarla lejos y sin riesgos. Amadeo no. Amadeo la agarraba con una mano y «la bajaba» a su pecho. Todo en el arco de Amadeo era revolucionario. Hasta fue uno de los primeros en usar guantes.

El gran Amadeo

Todos le decíamos Amadeo. Porque era tan humilde, que a donde fuera era uno más. Un caballero con todas las letras. Un tipo educado, cordial, simpático. «El monumental» era su segunda casa. Disfrutaba ahí. Claro: era uno de los más amados de la historia «millonaria». Pero nunca «se la creyó». Siempre teniía una sonrisa a flor de labio. Un agradecimiento a las palabras cálidas de cualquier hincha. Y pensar que él nos dio mucho más de lo que le devolvimos.

Era un «dandy». Elegante adentro de la cancha y afuera. Hasta se dio el gusto de ser modelo, allá por los ’70. Alto, buena percha, pintón y sonriente.

Se nos fue Amadeo Carrizo. Por suerte, River llegó a honrarlo como se merecía. Ahora era Presidente Honorario. Un regalo para su alma. Muy merecido. Esos homenajes son importantes. Pienso en Juan Román Riquelme invitando a su palco a glorias de Boca. Es todo lo que está bien.

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