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Un grande plagado de polémicas: la vida Carlos Monzón

Que Carlos Monzón es el más grande boxeador de nuestro país no está en discusión. En la nota, un repaso por sus mejores y peores momentos.
Box
Carlos Monzón
17 enero, 2020

Que Carlos Monzón es el máximo representante del boxeo argentino no hay dudas. De hecho, está considerado uno de los mejores deportistas de toda la historia de nuestro país. Pero su fama trasciende nuestras fronteras: hasta el día de hoy pelea el podio por el pueto de más grande boxeador del mundo.

Fue campeón mundial en la categoría mediano, en el ranking libra por libra de todos los tiempos figura 7º, la revista The Ring (la más prestigiosa del boxeo mundial) lo ubica en el puesto 11 de la lista de los mejores boxeadores históricos. En 1990 fue incorporado al Salón internacional de la Fama del Boxeo.

Nacido en San Javier (provincia de Santa Fe) el 7 de agosto de 1942, era el quinto hijo de una familia numerosa. En 1950, apurados por la pobreza, la familia decide mudarse a Santa Fe, más precisamente al barrio de “Barranquitas”. Carlos tuvo que abandonar los estudios en tercer grado para ayudar a su familia. Lustraba botas en los partidos en los que Colón (equipo del cual era fanático) y Unión eran locales. Un día, un amigo lo invita a practicar boxeo a Unión. Carlos aceptó y así arrancó la historia. El 6 de febrero de 1963 hizo su debut como profesional: le ganó a Ramón Montenegro por KO.

La caída de un grande

Pero el 14 de febrero de 1988 su imagen se empañó para siempre. En circunstancias un tanto extrañas asesinó a su pareja Alicia Muñiz, por lo que fue condenado a once años de prisión encontrado culpable de homicidio simple (la figura de “femicidio” todavía no existía). La fama se empezaba a opacar.

En 1995, cuando se encontraba en la etapa final de su condena, comenzó a gozar de salidas transitorias para trabajar: enseñaba boxeo en el gimnasio de la Unión de Empleados Civiles en la ciudad de Santa Fe. Estaba obligado a volver al penal a la noche, a una hora estricta. Se dice que el día de la tragedia se le había hecho tarde y estaba preocupado por la posible sanción por la impuntualidad. Iba a 140 km por hora. Mordió la banquina en un sector mal señalizado y encontró su final. Se iba un gran deportista, pero también una persona, como mínimo, polémica. Seguirá pagando sus culpas esté donde esté.

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