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Sean eternos los laureles

Esa locura de definición de Ginobilli es lo que generó todo lo que fue el resto de los Juegos para el equipo nacional. Los laureles son eternos.
Basquet
21 septiembre, 2019

Los laureles son eternos: ya pasaron 14 años de la hazaña del básquet argentino en los juegos olímpicos de Atenas 2004, donde la generación dorada, consiguió el oro, tras eliminar a Estados Unidos en las semifinales y ganarle a Italia la final.

Y cómo no van a ser eternos, si fueron épicos?! Eliminar al equipo NBA en semifinales, volver a la villa olímpica y que el resto de los países te aplaudan por lo logrado, debe ser algo inexplicable. Como no recordar esa “palomita”cuando estabas perdiendo y faltaban dos milésimas de segundo para que se termine el partido del debut? Creo yo, que esta locura de definición de Ginobilli, con el pase milimétrico de Montecchia es lo que generó todo lo que fue el resto de los Juegos para el equipo nacional. Arrancar así con ese partido, ganando sobre el final y con esa adrenalina, motiva a seguir adelante y buscar más. Hoy ni el propio Manu entiende cómo logró convertir ese doble que le dio el triunfo. Es algo que no se entiende ni se volverá a repetir en la historia, tener esa precisión, esa delicadeza y magia para sumar los 2 puntos, es impresionante.

Ginobilli hay uno y nunca habrá otro. Y una jugada como esta mucho menos, es algo que los argentinos disfrutamos cada vez que lo recordamos y lo vemos; lo festejamos como si fuera hoy.

Gracias Manu por hacer de una jugada, un segundo, un lanzamiento, algo tan inolvidable.

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