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Zapateo y boleadoras.

EL malambo: zapateo y boleadoras.

Desafiarse: desde el principio de los tiempos, la esencia de los hombres tiene mucho de eso. Siempre se trata de medirse, de llegar a ser el mejor. Por nuestras pampas, además de las clásicas payadas, los gauchos se cruzaban también en otro tipo de competencias: las de malambo.

Botas, boleadoras y destreza. El malambo tuvo sus orígenes en el gaucho solitario que combatía su aburrimiento en las llanuras con esta danza. Luego, hacia 1600, comenzaron las competencias: los hombres se reunían junto al fuego para demostrar sus habilidades. Porque ¿de qué sirve tenerlas si nadie va a verlas?

Dos estilos de malambo: sureño y norteño

Como en la mayoría de danzas y tradiciones de nuestro país, vamos a encontrar diferentes versiones de las mismas. Esto depende, en general, de la región. No olvidemos la extensión de territorio y sus enormes variaciones e influencias. En el caso del malambo, hay dos vertientes principales: una es la sureña y la otra es la norteña. ¿En qué se distinguen? Si tuviéramos que compararlas, la primera se caracteriza por movimientos más bruscos, fuertes, de pisada y zapateo enérgicos. En cambio, la segunda, tiene algo de sutileza en sus pasos, es más coreográfica, la impronta está dada por el ingenio y habilidad del bailarín, sin tanta rudeza. Así podríamos definirlos "la elegancia del sureño... el brío del norteño"

 

También vamos a encontrarnos con que los instrumentos que las acompañan: en competencia, el malambo sureño se acompaña con guitarra, el norteño con bombo y guitarra (esta última se puede suplantar con bandoneón, violín o acordeón). En ambos estilos se puede zapatear a capella. Otra distinción, está dada por el calzado, que para esta danza tradicional resulta de gran importancia, si tenemos en cuenta que el zapateo marca la destreza del bailarín. Nos encontramos, entonces, con que el sureño baila con bota de potro (cerrada o de medio pie), mientras el norteño con bota fuerte.

 

Dentro de los bailes folklóricos argentinos, el malambo es una excepción ya que carece de letra. Solo la música de un bombo legüero y las guitarras acompañan esta danza ejecutada únicamente por hombres. Cada año, durante el mes de enero, estos hombres se juntan para elegir a su campeón.

Desde hace 51 años, en la localidad de Laborde, en Córdoba, se realiza el Festival Nacional del Malambo. Allí llegan bailarines de todo el país para luchar con su zapateo y convertirse en el campeón nacional. Sentirse vencedor de este desafío, sin embargo, es un plato que se saborea una única vez: los campeones no pueden volver a competir en el Festival, una característica que lo hace único.

Desafiarse, medirse y ser el mejor, pero solo una vez.

Las nuevas generaciones y la mujer partícipe de esta tradición

Los tiempos cambian y, por suerte, evolucionan en varios aspectos. Hace varios años que la danza del malambo dejó de ser exclusiva para hombres. Hoy podemos encontrar cuerpos de ballet femeninos que se animan al zapateo, hasta al uso de boleadoras. Por supuesto, que hay diferencias con el tradicional, el que definimos en la primera parte de la nota. La novedad es que las adaptaciones, traen consigo la inclusión. Y es realmente placentero ser espectadores de esto. Las mujeres vienen ganado espacios y mostrando su capacidad y destreza en ámbitos que mucho tiempo atrás eran impensados. La fuerza y la energía de este baile interpretado con la gracia y la habilidad femenina terminan por resultar en un perfecto equilibrio energías. Tiene una potencia diferente, digna de disfrutar y admirar. Y no queda solo en demostración artística, también se realiza el Campeonato Nacional de Malambo Femenino.

 

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