Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Por las dudas

Un detalle muy importante, no tenido en cuenta en la Declaración original de nuestra Independencia.

El 9 de julio de 1816, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América se reunieron en Tucumán para declarar la Independencia. Era un martes, el sol brillaba y la sesión comenzó a las dos de la tarde. Entonces, Juan José Paso preguntó a los congresales si querían conformar una nación libre de los reyes de España. La aprobación fue unánime. El paso siguiente fue ni más ni menos que redactar el Acta de la Independencia.

En esta, invocaron al Eterno que preside el universo y, por la autoridad de los pueblos que representaban, declararon solemnemente a la faz de la tierra la voluntad unánime e indubitable de romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España. Finalmente, declararon su deseo de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli”.

Festejos y alegría fue lo que siguió. Sin embargo, alguien releyó la Declaración y percibió un peligro: qué pasaba si llegaba alguien de otra nación, diferente a España, e intentaba colonizarnos nuevamente. Diez días después, entonces, se le agregó al Acta un breve enmiendo: se sumó a la fórmula del juramento de la Declaración de la Independencia la frase “y de toda dominación extranjera”.

Y entonces sí, independientes y felices, vinieron otros tiempos, no siempre alegres, pero orgullosamente libres.

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