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Nuestros héroes rotos

2 de abril: Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas

Mi abuelo Vicente era italiano y peleó en la Segunda Guerra Mundial. Luego de terminar su servicio, regresó a su pueblo en Sicilia, donde se reencontró con una vecina que era una niña la última vez que la había visto, y ahora se había convertido en una mujercita. Era mi abuela.

Se casaron, tuvieron una hija y, cuando aún era una beba, viajaron a Buenos Aires, donde se arraigaron y siguieron ampliando la familia. Pero no es esa la historia que pretendo contar hoy.
Mi abuelo Vicente –decía– había participado de una guerra. Y, por más que pasaron los años, los kilómetros, los hijos, los nietos y muchas otras cosas lindas y feas en su vida, nunca pudo ocultar la cicatriz enorme que le había dejado esa experiencia.

No era una cicatriz en el cuerpo: era una carga en el alma, en la cabeza y en los recuerdos. Pocas veces hablaba de lo que había pasado allí, por más insistentes que nos pusiéramos. No podía ver ni de lejos una película bélica y prefería evitar el tema ante cualquier circunstancia.


Mi abuelo Vicente quedó roto después de la guerra. Siguió su vida; tuvo una vida larga y linda, de trabajo, de familia, de mucho amor. Pero la guerra estuvo siempre en el fondo, oscureciendo un poco todo lo demás. Supongo que nadie que no haya pasado por eso puede tener dimensión de lo enorme de la marca que puede dejar una experiencia así. Por eso, nunca podríamos imaginarnos el peso que llevan sobre sus hombros los veteranos de Malvinas: los héroes de Malvinas, nuestros héroes, que tan poco reconocidos fueron durante estos 37 años que pasaron luego de la guerra.


Nuestros héroes están rotos, y lo único que puede calmar un poco esa pena es sentirse valorados. Sentir que el pedacito de ellos que dejaron en las Islas no fue en vano. Porque, incluso los que volvieron enteros, dejaron algo de ellos allí, algo que nunca podrán recuperar.


Nuestros héroes están rotos, y lo único que puede calmar un poco esa pena es sentirse valorados. Sentir que el pedacito de ellos que dejaron en las Islas no fue en vano. Porque, incluso los que volvieron enteros, dejaron algo de ellos allí, algo que nunca podrán recuperar.

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