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Las achuras

¡Marche una porción de chinchus bien crocantes para la mesa 4!, las infaltables achuras.
Tradiciones
15 noviembre, 2019

En uno de los textos fundantes de la literatura argentina, estoy hablando de “El matadero” de Esteban Echeverría (el que no lo haya leído, interrumpa su vida en este instante y subsane su error ya mismo, está en Internet), a los pobres que pululan por el matadero les revolean las achuras de las reses carneadas porque no tenían ningún valor, eran descarte, como hoy consideraríamos, digamos, a las pezuñas o las orejas de la vaca.

¿Cómo pasamos de eso a pagar $250 el kilo de mollejas? ¿Cómo puede ser que nos gusten tanto unas glándulas inmundas? ¿Alguien puede explicarme la razón por la cual no sólo no nos da asco comernos el intestino o los riñones (y su contenido, claro) de un animal sino que además es un verdadero motivo de fiesta, nos juntamos con los amigos y hacemos una verdadera bacanal alrededor de las vísceras del pobre bicho?

Una vez, vi en TV un reality show en el que dos parejas recorrían una ciudad y competían en varias prendas para ganar un premio. Para la pareja a la que le había tocado Buenos Aires, una de estas prendas consistía en comer una parrillada completa con un gaucho que les iba explicando, en un inglés un tanto sui generis, lo que estaban a punto de comer. Quizás fue el exceso de información, pero la mujer de la pareja no pudo pasar del riñón (que era el tercer paso: sólo logró masticar chorizo y morcilla). Perdieron el premio por culpa de nuestro amor por ingerir órganos. Mejor. Ella se lo pierde. Además, si ahora nos parecen caras las achuras, si le llegan a gustar a los gringos vamos a tener que dejar el aguinaldo en la carnicería.

¡Marche una porción de chinchus bien crocantes para la mesa 4!

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