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Curiosidades del caramelo Media Hora

Los caramelos Media Hora se mantienen firmes en los kioscos, a pesar de que la mayoría de la gente no los considere de su agrado.
Tradiciones
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| 03 febrero, 2020 |

Pocas veces una simple golosina generó tanta controversia. Amados y odiados, los caramelos Media Hora tienen fanáticos y enemigos. Cuando se trata de ellos, no hay grises: o los amás o los odias. Lo neutral no tiene lugar. Lo más curioso es que, a pesar de su mala fama, se mantienen imperturbables en los kioscos a lo largo de los años.

El ideólogo de tan particular golosina fue Rufino Meana, un asturiano de Uribelarrea, provincia de Buenos Aires. Comenzó a fabricarse en 1952 y es el caramelo más antiguo del país, después del Sugus.

A diferencia de la mayoría de las golosinas, los Media Hora no apuntan a los niños. Nunca jamás en la historia se escuchó la frase: “Mamá, comprame un Media Hora”. Es un caramelo para gente adulta, para un tipo particular de gente adulta. Hay quienes sospechan que sus consumidores habituales tienen como objetivo oculto convidar, y que nadie quiera. Y eso se logra solo con los Media Hora.

Los Media Hora, además, engañan. Su envoltorio de colores promete algo más, pero una vez retirado nos ofrece una bola negra bastante poco atractiva. Vienen, además, en distintos colores. Una pensaría que es por la variedad de gustos, pero no: todos tienen gusto a anetol, un compuesto orgánico que se encuentra en el anís y en el hinojo.  

Como sea, los caramelos perduran a través del tiempo, y por algo será. Tal vez existan quienes los consuman en secreto y los castiguen en sociedad. Tal vez el mito de la golosina fea y anticuada sea más fuerte que la propia realidad. Será cuestión de probar: la próxima vez que pases por el kiosco, dale una oportunidad al Media Hora.

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