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Pulpería Mira-Mar: Un viaje en el tiempo, un paraje añejo

Hay lugares que guardan en su interior un poco del espíritu argentino y este es uno de ellos. Por eso, te contamos la historia de Mira-mar: una pulpería especial.

La Pulpería Mira-Mar es una parada obligada que se construyó como un túnel en el tiempo. Desde 1890 abre sus puertas al público para abrazarlo y ofrecerle un servicio particular. Este local se encuentra en el partido de San Carlos de Bolívar, Buenos Aires. Con su tradición y largos años de trayectoria se convirtió en un ícono de la sociedad. Hoy, atrae a turistas, famosos e influencers. 

Juan Carlos Urrutia es el actual gerente del espacio y es la cuarta generación que se encarga de mantener viva la llama del lugar. Sobre su importante rol, cuenta:

“Le prometí a mi padre que la pulpería nunca se iba a cerrar”

Así es que hoy trabaja día a día para que la pulpería siga activa. El paraje donde se encuentra es pequeño, cuenta con pocos habitantes y una escuelita que recibe a 10 alumnos todos los días. En este sentido, este espacio se convirtió en un lugar de encuentro y constructor de identidad. Su dueño, y perpetrador de la tradición, dice:

“La pulpería es cultura y tradición

Y la gente del pueblo lo confirma. 

Identidad de un pueblo

Urrutia es la cuarta generación de encargados de la pulpería, una tradición familiar, pero también una tradición cultural en el paraje donde se encuentra. Todos los habitantes de los pueblos aledaños conocen el lugar y se hacen el tiempo de visitarlo de vez en cuando. Afortunadamente, Juan Carlos no gestiona la pulpería solo. Cuenta con la ayuda de su pareja Silvia, especialista en asado. Sobre su compañía, cuenta:

 “Mi mujer condimenta muy bien la carne, además”

Asado y buseca es el menú pulpero por excelencia, que se hace eco a kilómetros de allí. Los aromas deliciosos y los sabores del lugar esconden mucho más que una receta normal. Es que llevan el condimento especial de la tradición y del conocimiento transmitido de generación en generación. En las fechas patrias la cocina trabaja más que nunca y con la mejor energía.

Aislados pero conectados

A la zona no llega internet, así que la pulpería Mira-Mar es un lugar aislado de las noticias y el bombardeo mediático. Sin embargo, es un lugar de conexión y conciencia con el ahora. Urrutia, comenta:

 “Estamos aislados. Es lo mejor que tiene la pulpería: todos los problemas del mundo no entran” 

Es que en el paraje no hay señal telefónica ni internet. Así que, obligadamente, los celulares se dejan al lado de una ventana, para dar lugar a las conexiones reales. De hecho, para Juan Carlos es tan importante el intercambio con las personas que lo visitan, que afirma:

“Espero con ansiedad que lleguen los clientes. Para mí, son una familia”

La confianza y complicidad con la clientela se respira. Se nota que con cada visitante existe un vínculo atemporal que trasciende toda relación comercial.

 

 

Un poco de historia

Hoy en día no contar con señal de internet es extraño y hasta nos invita a reflexionar. Sin embargo, no solo eso es lo que hace que la pulpería sea un lugar especial. Es que, allí, el paso del tiempo parece no haber tenido efecto: el salón está original. No hay lugar para intervenciones modernas. Además, Juan Carlos es coleccionista de antigüedades, lo que se puede ver en el espacio e incluso hace que el escenario viaje aún más años atrás.

El mostrador tiene su reja original, y por eso se convirtió en una de las pocas pulperías que han sostenido su diseño y prestigio. Sobre esto, su dueño argumenta:

 “No hay que cambiar nada de lugar”

Además, la tradición sigue acompañada por sus dos hijos que lo ayudan cada día a recibir las visitas de sus fieles clientes, pero también de personas curiosas que por diversos motivos se enteran de la magia del lugar. Sobre su energía especial, Juan Carlos cuenta:

“Es un lugar místico, acá te olvidás de todo”

La pulpería es más que un lugar, es una experiencia.

 

Imágenes: Pulpería Mira-Mar

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