Skip to main content

¿No tenés un cobre? ¡Invertí en Bitcoins!

Bienvenidos a la era de la moneda binaria y la criptoeconomía.
Política y Economía
| 16 enero, 2020 |

Muy atrás en la historia quedó la época en la que los seres humanos pasaron de realizar sus transacciones económicas basados en el trueque por el uso de un “valor de referencia” que fuera deseado por todos y facilitara el comercio. Así fue como empezamos a usar algunos minerales como el oro, la plata y el cobre como medios de pago. Tan importante fue en términos económicos encontrar ese valor de referencia para valuar las transacciones comerciales que hoy en día seguimos hablando de nuestra retribución laboral como “salario” o continuamos la tradición de dejar la sal en la mesa si algún comensal nos pide que se la pasemos. ¡Como si la posibilidad de derramarla nos fuera a generar una disputa comercial!

El paso siguiente en esta evolución fue en el año 600 a.C. cuando el valor de referencia deja de ser un mineral o un bien preciado y se decide acuñar monedas. Ya no dependemos de un elemento que podemos encontrar en la naturaleza sino de algo creado específicamente como medio de pago para facilitar el intercambio.

Pero los metales seguían siendo difíciles de conseguir. En el año 321 d.C. se emplea en Roma el primer cheque y allá por el año 806 d.C. surge en china el papel moneda ante la falta de cobre para acuñarlas. Llegaría a Europa muchos siglos después gracias al intercambio habitual de mercancías entre Europa y Asia.

El siglo XX nos brindó más sorpresas: la informática nos trajo la digitalización y, gracias a Internet, el dinero se transformó en algo digital más que algo físico. Sin embargo, la digitalización de las monedas nacionales de curso legal constituye algo muy distinto al surgimiento de las monedas virtuales como Bitcoin, Ethereum o Litecoin. ¡Bienvenidos a la economía de las criptomonedas y los criptoactivos!

Es fascinante pensar lo que tenemos por delante, un futuro tan prometedor como imprevisible. La tecnología que sustenta las monedas virtuales abre una nueva era de la mano de la criptoeconomía, que desafía por igual a los Estados y sus ciudadanos. Es un cambio revolucionario y complejo, pero en términos simples es una nueva forma de pensar y desarrollar mecanismos económicos aplicando técnicas criptográficas y herramientas tecnológicas para hacer posibles protocolos que regulan la producción, emisión y consumo de bienes y servicios en una economía virtual. Lo más fácil de asimilar es ver las monedas virtuales como unidades de valor de dinero. Eso es solo la punta del iceberg ya que existe la tecnología para llevar al mundo virtual transacciones de bienes, servicios o contratos.

En primer lugar, a diferencia de las monedas emitidas por los distintos países, las criptomonedas no tienen el respaldo de ningún gobierno o banco central. Justamente su origen está vinculado a la eliminación de la intermediación para facilitar y abaratar las transacciones entre usuarios.

Las monedas fiduciarias son emitidas por las “casas de la moneda” y están reguladas por las normas legales de su país emisor. A su vez, los bancos centrales registran en sus balances contables la cantidad de dinero emitido y la base monetaria agregada. Por el contrario, una criptomoneda es una moneda autorregulada y descentralizada que mantiene el anonimato de sus usuarios.

Es un digito binario (Bit) que sirve como moneda para realizar intercambios y preservar valor (coin) creada por un sistema informático que tiene una capacidad limitada de minar (emitir) las unidades en circulación. En el caso de Bitcoin, tiene un máximo de 21 millones de unidades a minar y su capacidad diaria de minería irá disminuyendo hasta finalizar la minería en el año 2140.

Su modo de registrar las operaciones se basa en la tecnología de “Blockchain” (cadena de bloques) que implica un cambio de paradigma del registro central de datos y transacciones (servidores) que pueden ser vulnerables ante ataques o hackeos, a uno de registros públicos compartidos (bloques) que lo transforman en imposible de manipular, otorgándole seguridad y transparencia.

Imaginemos que desaparece la forma tradicional en la que compramos un inmueble y la forma en cómo registramos que nos pertenece. O la manera de reunir el capital inicial para un proyecto empresarial. No hace falta imaginarlo: ¡ya es posible!

Un token puede identificar una acción de participación empresarial o el registro de dominio de un departamento. De esta forma el intercambio virtual de tokens reemplazaría a las bolsas de comercio o los registros catastrales.

Una ICO (initial coin offering) es una oferta inicial para reunir capital virtual. Ningún país ha regulado las ICO, por lo tanto, no sería correcto decir que reemplazan o complementan a las IPO (inital public offering) reguladas por las bolsas de comercio de los distintos países y que sirven para colocar y hacer públicas las acciones.

Pensemos por un momento lo que implicaría comprar, solo con un click, un departamento cuyo registro de propiedad virtual (token) se encuentra en la Blockchain. Una operación sin costos de escribanía y con transferencia de dominio instantánea. Pero al igual que con las capitalizaciones de empresas, ningún país permite este tipo de registros. Por su parte, los contratos inteligentes sustentados de forma virtual le dan al consumidor o usuario la certeza que la ejecución de sus cláusulas se dará de forma automática.

La gran incógnita es cómo se irán adaptando los aspectos legales existentes (por ejemplo en materia de lavado de dinero o reconocimiento de acciones virtuales) a las nuevas formas, transacciones y oportunidades que ofrece la era de la criptoeconomía. Todo eso en un marco donde los usuarios no buscan la mediación de los gobiernos pero lo necesitan para modificar, expandir y validar esas nuevas opciones económicas.

Rating: 4.0/5. De 2 votos
Por favor espere.....

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

X