¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Miércoles 07 De Octubre
Pasada más de una semana de las elecciones primarias abiertas el desconcierto sobre los resultados electorales parece ser la vedette de todos los análisis políticos y periodísticos. Se impone, hace varias elecciones, el ejercicio intelectual de tomar la ficción anticipatoria de las encuestas de opinión como si fueran “la” realidad para luego sorprenderse con “la” verdad revelada por el voto ciudadano.
Pero en este caso el desconcierto es total. Se percibe un cambio en la lógica tradicional para disputar el voto sumado a una realidad económica que no deja margen para “relatos”. Ante esta realidad, los equipos de campaña se llamaron a cuarteles de invierno para tratar de interpretar el mensaje del electorado y redefinir las propuestas y el discurso de sus candidatos.
Parece ser que la ancha avenida del medio se llenó de bicisendas, no hay espacio para moverse por ahí, y Horacio Rodríguez Larreta pagó el precio. Y uno muy alto. Se compró (sic) casi todos los cartones y no le cantaron ni una “línea” en el bingo del súper domingo. Para colmo de males, Patricia Bullrich se ganó el Súper Bingo, ese que viene con premio de candidaturas, apoyo y liderazgo.

Sergio Massa, que en 2015 quiso pavimentar esa avenida del consenso, ya lo había entendido, y en 2019 se subió al bondi Kirchnerista, ese con terminal en la Rosada, pero mal interpretó lo de “terminal” y se está ahogando. Ahora intenta alquilar el respirador artificial marca “peronismo federal” para sobrevivir.

Javier Milei se cortó solo, bueno, en realidad varios intendentes lo cortaron y apoyaron en el cuarto oscuro. Aprovecha muy bien el sentimiento de época y alinea el malestar social con su proyecto. Atrae a la juventud, pero genera al mismo tiempo sentimientos contradictorios. Esperanza en un futuro mejor y crisis sistémica. No solo no quiere negociar, sino que te desafía, ¿vos de qué lado estás chabón?

Así las cosas, hace tiempo que el Presidente Alberto Fernández le dio la razón a Fernanda Vallejos, ahora es un asumido y orgulloso ocupa de la Rosada que se dedica a disfrutar sus últimos días como primer mandatario. Le delegó a Sergio Massa el control de ingreso, el pago de las expensas y la limpieza de la casa (Rosada), con la promesa que puede heredarla si hace las cosas bien. Pero pasaron cosas.

En estas elecciones suceden dos cosas interesantes. Por un lado, los electores parecen no relacionar los temas locales con las políticas nacionales. Así, gobernadores (elecciones desdobladas) e intendentes retienen el control de sus distritos mientras que en lo nacional se impone un cambio. Algo así como que la Nación asuma la culpa, veremos si hay un pase de factura en breve con el nuevo gobierno.
Por otro lado, muchos de los votantes crecieron bajo el modelo de país surgido de la crisis de 2001. Esas generaciones están asistiendo ahora a un cóctel explosivo. El agotamiento del modelo económico kirchnerista que supo brindarles beneficios a corto plazo y un reordenamiento del sistema internacional que dificulta el crecimiento de la economía mundial.
Doble match point. Estos jóvenes Sub-35 vienen asistiendo a un paulatino pero constante deterioro de sus expectativas de vida. Quieren un cambio porque buscan un futuro, pero la clase dirigente no es capaz de conectar esas demandas con las consecuencias de sus acciones.
Para el presidente Alberto Fernandez la demora para ingresar a un restaurante es sinónimo de una economía pujante, de que sus medidas económicas son las correctas. Como si la vida moderna solo fuera satisfacer una necesidad biológica. Es incapaz de entender que estos sectores de la sociedad ya no aspiran a una casa propia, muchos no pueden darse el lujo de mantener un auto y menos formar una familia.
Ya no tenían expectativas, pero la inflación actual tampoco les permite vivir el presente, los desborda la inestabilidad que se traduce en ansiedad, depresión, etc. En este contexto (por supuesto mucho mas profundo y complejo de lo que me permite esta nota) hablar del pasado como propuesta de futuro político ya no atrae. Lo confirma el silencio de Cristina. Por el contrario, lo nuevo representa esperanza, incluso cuando contenga el riesgo de que todo explote.
Una apuesta arriesgada de una sociedad tan castigada que considera no tener nada que perder.
La irrupción de Javier Milei en estos sectores de la sociedad reconfiguró el sistema político de un bicoalicionismo a un escenario de tercios. A primera vista podría mal interpretarse como una variante del espacio de oposición que propone cambios, liderado por Patricia Bullrich y que rechaza políticas populistas, o de corte social demócratas que vienen caracterizando al espacio del peronismo. La oposición entonces acumularía casi el 60 % del electorado y las críticas giran en torno a la falta de diálogo y acuerdo entre los referentes. Ese mantra dicta que “la oposición unida gana”.
Sin embargo, la migración de votantes entre estos espacios se debe a diferencias conceptuales profundas, dando lugar al surgimiento de propuestas electorales que configuran un espacio propio de pertenencia, con una identidad y un proyecto de país.
Por otra parte, podemos interpretar también que casi el 60% de los votantes se manifiestan por opciones que difieren en sus propuestas pero que buscan evitar las posturas extremas de ruptura sistémica. Por un lado, el cambio propuesto por Patricia Bullrich, y por el otro, las propuestas de base social de Sergio Massa. Así las cosas, solo un 30% del electorado apoya posturas extremas para solucionar los problemas del país.
Es este dilema de fondo que marca el futuro posicionamiento de los candidatos. Javier Milei debe convencer a los electores que quieren un cambio que puede aplicar sus políticas de gobierno sin generar un caos sistémico. Si lo logra, marcaría la consolidación de un espacio liberal.
Por su parte, Sergio Massa tiene la difícil tarea se contrastar su gestión con sus propuestas. Hacer compatible una campaña presidencial y gestionar la crisis económica que probablemente muestre dos dígitos de inflación en agosto no parece el mejor de los mundos.
Acá me permito una digresión. Irónicamente, cuando asumió como ministro, Sergio Massa silenció al candidato Massa. Cosas de la vida, tiempo después, el lunes posterior a las elecciones, el ministro Massa devaluó en silencio un 20% la moneda. No hubo anuncios, ahora el candidato Massa silenció al ministro. Parece que el oficialismo entendió el valor del silencio. Teléfono para la portavoz Cerruti.
Pero el peronismo sorprendió en su performance electoral de la mano de una lectura correcta de la realidad por parte de quien todavía puede direccionar sus votos, Cristina Fernández. No hay lugar para grandes aspiraciones, sino para retener poder. Lo local se impone ante lo nacional y si ganamos mejor. Ahí se hizo fuerte el peronismo, tanto que le fue mejor a su estructura que a su candidato. Pero ahora que las PASO lo mostraron competitivo, Sergio Massa va por esos votos cautivos, los de la estructura, los que sus compañeros no militaron por miedo a una derrota vergonzosa. Sabe además que los votantes que buscan un cambio no lo apoyarán, salvo aquellos que crean que como presidente hará lo que no puede como (super) ministro.
El caso de Patricia Bullrich es distinto, tiene una ventaja teórica. A diferencia de sus competidores, Patricia puede ganar votantes por derecha y por izquierda de su posicionamiento actual. También es verdad que es la única candidata con el desafío de retener los votos de su opositor en la interna. Es una posición difícil de compatibilizar, pero la ayudan dos factores, el discurso sin filtro de Milei y las medidas económicas del ministro Massa.
Para Patricia Bullrich será fundamental poder transmitir que ella representa la garantía de un cambio profundo pero con estabilidad sistémica, sin caos. No entrar en el discurso explosivo de Milei sino explicarle a la sociedad que hay una diferencia entre las estructuras burocráticas del Estado que requieren ser reformadas y las políticas públicas. Ser “Motosierra” o “Bisturí”, esa es la cuestión. Y para muestra de esta diferencia sustancial que mejor que el reciente debate sobre el rol del CONICET. En un mundo que avanza gracias a los aportes científico-tecnológicos, eliminar el CONICET es la motosierra que derriba todo, y aunque es cierto que se necesitan reformas, es más inteligente y productivo usar un bisturí.
Por el momento los equipos de campaña de Patricia Bullrich no han capitalizado ese debate. En el caso de Sergio Massa sus equipos no tienen chance de discutir la reforma de ese organismo, pondría en juego parte de su base electoral. Aunque pensandolo bien, luego de acordar con el fondo, aumentar tarifas, devaluar, recomponer ingresos por debajo de la inflación y recortar el gasto, ¿quién puede asegurar que no gire un poco su discurso?.
En definitiva, los planteos y posicionamientos generales de los candidatos ya fueron plebiscitados, ahora la disputa es por quebrar el techo electoral de cada espacio. No hay margen de votos, mucho menos para errores, el mensaje equivocado puede dejar fuera de la contienda a cualquiera de los candidatos.
Imágenes: Télam
Fecha de Publicación: 24/08/2023
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