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Se cumplen 40 años de “Peperina”, el último disco de Serú Girán previo a su separación

El fantástico grupo argentino publicó en septiembre de 1981 su cuarto álbum de estudio, material que amplió la cantidad de público que seguía a la banda, pero inesperadamente cuando todo auguraba un mayor crecimiento, el grupo se despidió pocos meses después.

Siempre los críticos musicales plantearon la analogía entre “The Beatles” y “Serú Girán”, una simpática comparación que a fines de los ‘70s tenía sentido porque se cumplían 10 años de la separación de los “Fabs Four” de Liverpool, y el efecto nostálgico-melancólico de los medios con aquella mítica banda inglesa estaba además incentivado por la reciente muerte de John Lennon, asesinado el 8 de diciembre en el ingreso al Edificio Dakota en la glamorosa ciudad de New York. Cualquiera que se ponga a chequear las notas de aquellos tiempos y pocos años después, encontrará que la fantástica banda que integraron Charly García, Oscar Moro, David Lebón y Pedro Aznar, era denominada por los comunicadores como los “Beatles Argentinos”, una denominación bastante coherente porque por aquellos años, sin dudas Serú Girán era un “supergrupo” con todas las de la ley, habiéndose fumado un inicio donde multitudes hacían cola para patearles el trasero a los músicos argentinos, cuando conformaron esa particular unión de diferentes estilos esgrimiendo algo que ahora debería llamarse el “Código Serú”.

 

Después de un catatónico arranque con el álbum homónimo, debut que la sociedad y toda la prensa no entendió o no quiso ponerse a entenderlo, llegó “La grasa de las capitales”, la placa que puso a Serú en las grandes ligas, pero el proyecto auguraba mucho más, enorme sustancia musical que se empezó a percibir cuando la banda concretó los recitales finales para despedir ese segundo trabajo, utilizando aquellos shows para intercalar canciones de distinta estructura que paradójica y polémicamente no terminaron en un mismo proyecto, sino que como aquél convulsionado tiempo, fueron divididas en dos discos rompiendo el clima que esa obra conceptual tenía cuando la formación las tocó en Obras los días 6 y 7 de junio de 1980. En aquel momento la tradicional edición de los álbumes en los vinilos como soporte físico, dependía de muchos factores y publicar un disco doble parecía estar solo reservado a las grandes estrellas internacionales, tal el caso de Yes con su recordado “Yessongs” a fines de aquella década, entre tantos otros. Lo cierto es que cuando llegó ese crucial momento de dividir a las obras existentes en un primer disco y dejar las restantes para la siguiente publicación, las divergencias asomaron y fue así que el fuerte efecto que provocaban juntas, al asomar divididas en dos registros de distinto tiempo y concepto de forma alguna licuaron la mega-calidad que ese material exhalaba cuando asomaba unido.

 

 

Las primeras asomaron en “Bicicleta”, trabajo que desnudó el descuido editorial de aquel tiempo, cuando una canción instrumental que no tenía título, pero que todos llamaban por esos meses como el nombre del tercer disco, finalmente fue unida al siguiente track “A los jóvenes de ayer”, cuando en realidad eran dos temas separados desde el comienzo y la primera insólitamente perdió no solo su potencial título sino que fue mancomunada a esa denominación artística de la segunda, un disparate propio de aquellos tiempos. Por ende, para hablar de “Peperina”, inevitablemente hay que retroceder unos casilleros y revisar la genética operativa de las obras que el grupo esgrimió a fines de 1979, los cuales fueron en los años siguientes divorciados de ese concepto global para integrar dos discos distintos en su estilo y orquestación. Las canciones de “Bicicleta” pegaron inmediatamente, pero los seguidores a rajatabla del conjunto sentían que algo había fallado a la hora de enlazar esas piezas de un rompecabezas tan intenso como atractivo. El tercer trabajo de Serú Girán por aquel momento mostraba una picardía de composición, puesto que el tema “Encuentro con el Diablo”, más allá de lo que decía la letra, era una canción que había fotocopiado aquel riff y arreglo de “Sweet Home Alabama” del grupo Lynyrd Skynyrd, tibios tiempos donde Sadaic y los derechos de autor eran un tembladeral de control. Mucho no cambió ahora.

 

En su momento, varios años más tarde y con la experiencia que le brindó la perspectiva de chequear lo sembrado, Charly García sostuvo muy convencido en varias notas con los medios de aquel tiempo que “Peperina fue nuestro Sargent Pepper Lonely Hearts Club Band”, una afirmación que nadie quiso o intentó rebatir cuando Argentina atravesaba una gama de conflictos más complicados con el final de la dictadura. Obviamente, para que el proyecto de Serú Girán pudiese ser cotejado y puesto en la misma óptica que aquella obra cumbre de los ingleses, debió haberse publicado como disco doble y no separado de una forma tan torpe y desprolija en dos discos que lanzados juntos hubiesen conformado sin titubeos el “Santo Grial” del rock progresivo en ese traumático cruce de décadas. Después de llenar Obras con el lanzamiento de “Bicicleta”, Serú Girán era la banda top del rock argentino, pero fruto de una actitud de no creerse nada en momentos donde la prensa que hablaba de música era muy limitada y falta de formación, la banda decidió organizar una jornada doble de conciertos con Spinetta-Jade, el otro superconjunto que por entonces era revelación en el panorama sonoro, sostenido en jazz, pop y rock convergentes en temas de una belleza descomunal. Al principio fue una fecha en Obras y terminaron siendo dos, allá por septiembre de 1980, donde las bandas compartían escenario y canciones.

 

 

El germen de “Peperina”, sin embargo, cobró forma recién cuando Serú concretó un recital al aire libre en el picadero de desfiles de la Sociedad Rural en Palermo, evento gratuito de enorme convocatoria que reunió más de 75 mil asistentes el 30 de diciembre de 1980, una actuación que fue filmada por ATC (Argentina Televisora Color) para el programa de tevé llamado “Música prohibida para mayores”. La historia recuerda que cuando los técnicos de la emisora estatal le contaron a los directivos lo ocurrido, nadie dio crédito hasta que el videotape del recital empezó a ser editado para pasarlo en la emisora, exhibiendo aquella multitud que desbordó no solo el predio ganadero sino que bloqueó la avenida Dorrego y la zona de Plaza Italia, provocando un caos que solo la policía que trabajó esa tarde en ese sector puede recordar con exactitud de detalles. En aquel espectacular concierto apareció la composición que luego dio título al cuarto álbum de la banda y también otros temas de gran calidad que estaban guardados para la siguiente placa. Finalizado aquel concierto, la banda acomodó detalles del material existente e ingresó a los estudios ION para grabar lo que debió ser un disco doble, pero que por esos insólitos bloopers estructurales se dividió en dos álbumes que juntos hubiesen conformado una bomba atómica musical.

 

Cuando finalmente el vinilo estuvo terminado con su respectivo arte de tapa y aquel sobre interno con datos, la banda reunió a algunos medios y periodistas para presentarlo el 31 de agosto de 1981, eligiendo para tal ceremonia el local de conciertos “Shams”, un bello e histórico club donde tocaban artistas de todos los estilos, sobresaliendo la camada de los jazzeros más infernales hasta Astor Piazzolla con su grupo. En aquel local ubicado en la Avenida Federico Lacroze a pocas cuadras de las avenidas Cabildo y Luis María Campos en proporción parecida, la banda mostró lo registrado y había la sensación que todo estaba signado para exponer la maduración del conjunto en futuras obras, las cuales ocurrieron al suceder un insólito hecho que trastocaría todo. Los días 4,5 y 6 de septiembre de 1981 el grupo lo oficializó en el famoso Estadio Obras, lugar donde tocaban los números tops de la música nacional y extranjera, pues ya por ese lugar había estado en diciembre del año pasado la megabanda británica “The Police” con un show decididamente infartante. El trío de conciertos fue muy bueno y la banda mostraba una precisión endemoniada, pero todas las coordenadas se iban alineando invisiblemente para que el conjunto decidiese enfocar sus energías solo en tocar y no en preparar nuevas canciones como unidad grupal.

 

 

Entusiasmados por la energía que transmitía la banda en vivo, algo que no se percibía en las grabaciones del grupo en estudio, salvo en algunos pasajes del disco “La grasa de las capitales”, el grupo decidió cerrar la oficialización de “Peperina” con tres fechas a fines de diciembre en el Teatro Coliseo, el teatro que usaba Les Luthiers para presentar sus shows cada año. Esos recitales ocurrieron los días 25, 26 y 27 de diciembre, espectáculos que en su intermedio estructural sumaban la aparición de las “Bay Biscuits”, conjunto con las vocalistas Fabi Cantilo, Diana Nylon y Vivi Tellas, entre otras, una formación que recibió silbidos y abucheos de un público de rock progresivo que no comprendían esa parte de la presentación sumada al espectáculo central. La vida operativa del proyecto “Peperina” así llegaba a su fin, puesto que por esas horas Pat Metheny le tomaba una prueba al bajista Pedro Aznar para sumarlo a su grupo, test que consistió en la interpretación del berimbau a través del micrófono del teléfono, ejecución que convenció al guitarrista norteamericano de sumarlo a su famosa banda. El terremoto que produjo la novedad en el seno del grupo fue devastadora: nadie se había animado a dejar una banda que lideraba Charly, cuando Aznar de golpe y porrazo estaba instalando una novedad que hirió los cimientos de aquel supergrupo de manera irreversible.

 

Para cerrar esa etapa donde “Peperina” era el último bastión discográfico pero ya no el eje de los conciertos, Serú Girán preparó una gira despedida del instrumentista y cantante, buscando así desdramatizar el éxodo de uno de sus integrantes. Primero fue una gran cifra de recitales por la costa argentina, tour que incluyó recitales en San Bernardo, Necochea, Pinamar, Villa Gesell, Miramar, Santa Teresita y Mar del Plata. Precisamente en los dos shows que Serú Girán ofreció en el desaparecido Teatro Opera, ubicado en la Avenida Independencia, el grupo a principios de febrero concretó en un día lunes, ocasión en que el teatro no tenía función de una revista que integraban Moria Casán y varios humoristas de aquel momento, dos fechas que fueran las últimas actuaciones de Pedro Aznar en suelo bonaerense. Al momento de los bises, los músicos volvían a camarines, luego regresaba Charly y muy irónico con las luces apagadas decía que el bajista dejaba el grupo, pero que ya tenían listo a quien lo reemplazaría. “Les presento a Catalino” decía García, momento en que el grupo aparecía en el escenario utilizando vestuario de las vedettes de la revista teatral que tenía day-off ese día, incluyendo a Pedro Aznar con un look gatúbelo gracioso e inolvidable, tocando el bajo muerto de risa con las bromas de sus compañeros.