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Buenos Aires - - Lunes 29 De Noviembre

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“Ruedas de Metal”: a 40 años del álbum debut del último grupo de Pappo

El disco marcó un antes y después en la mirada musical de Norberto Napolitano, icónica grabación de estudio oficializada en el Estadio Obras, ante una audiencia que comprendió el sentido histórico y artístico del cambio estético en ese genial músico.

Música
Ruedas de Metal

La historia del rock duro en Argentina le debe mucho más que varios capítulos de alguna serie de tv o varios libros de autores dudosos a Norberto “Pappo” Napolitano, un personaje fundamental a principios de los 80 cuando la música en nuestra nación coqueteaba entre el jazz rock, lo progresivo o los resabios folk setentistas reflejados en varios intérpretes. A finales de 1980 con una serie de recordados shows que se prolongaron hasta principios de la siguiente temporada, el deslumbrante guitarrista inicio una poderosa reconversión en su música que lo convertiría en referente de un género que tenía algunos artistas destacados, pero no con el histórico peso de su inconmensurable figura musical.

 

Por aquellos tiempos, la renovación musical llegaba de la mano de otras conocidas figuras con proyectos que también quedaron grabados como Charly García con Serú Girán o Luis Alberto Spinetta con su banda “Spinetta Jade”, formaciones que teniendo semejantes líderes capitalizaban el foco mediático de aquel cruce de décadas en la movida rocera. Bastante cansado del absurdo esquematismo que vivía el blues a fines de los 70, el responsable de alterar las cosas fue Pappo, quien, impresionado por las experiencias recogidas en su breve, pero muy valiosa estadía de seis meses en Europa había vuelto al país, inocultablemente impresionado por el recambio estilístico que comenzaba a sentirse en el viejo continente.

 

Ya con la dictadura militar gobernando los destinos de la nación a finales de los años 70, la música de Norberto Napolitano estaba ingresando en un laberinto de vidrios que pronto fue advertido por su protagonista, complicados tiempos donde alternaba su actividad con dos formaciones como eran “Pappo`s Blues” y “Aeroblues”. Expuesto a un desgaste que lo tenía a maltraer, tras su experiencia girando por Europa con Peter Green, el guitarrista se dio cuenta que se venía un cambio importante en la música mundial y no quería perder la ocasión de mostrar cuan talentoso podía ser encarado esa vertiente artística. El rock duro, el rock and roll algo más intenso o lo que finalmente terminó clasificado por entonces en la industria como “heavy metal” (rock pesado), estaba copando el territorio sin titubeos.

 

A mediados de noviembre, ya con la cabeza puesta en el nuevo proyecto, por un lado, el violero inicio una secuencia de recitales donde preanunciaba el cambio que encararía en los próximos meses. El 14 de noviembre de 1980 en la “Sala Uno”, hoy Teatro IFT allí en la calle Boulogne Sur Mer a pocos metros de la avenida Corrientes, el guitarrista arrancó el adiós momentáneo a esas tendencias del sur de los Estados Unidos, para sumergirse en una gran vertiente europea con figuras que sobresalían en aquellos años como Motorhead, Judas Priest y naturalmente Ozzy Osbourne como solista. El cambio no solo pasaba por la música sino por la apariencia estética, quedando atrás la tradicional ropa de jean, arrasada por pantalones y camperas de cuero que llegaron para no alejarse jamás.

Ruedas de Metal

El “Estadio Obras”, un lugar al que se le había habilitado municipalmente la posibilidad de utilizarlo como ámbito de espectáculos artísticos en el último lustro setentista, era un sitio que relucía seductor para conciertos musicales de importante convocatoria, una época en la que, aunque resulte un detalle colorido, el lugar tenía butacas en las que la gente debía apreciar el recital sin moverse de sus ubicaciones. Ya habían tocado varias veces allí los grupos de García y Spinetta con excelente convocatoria, una plataforma de espectáculo que con el paso de los meses recibía más y más eventos fuera del tradicional básquet. Las cosas no estaban muy propicias por el lado del Luna Park y allí recalaban muchas figuras.

 

Desdoblado en dos facetas muy diferenciadas, Pappo por un la concretaba recitales que se llamaban “Adiós Aeroblues, Hola Riff” o “Adiós Pappo’s Blues, Hola Riff”, pero casi en las tinieblas, el “Carpo” había armado la nueva formación que lo acompañaría en aquella etapa de su carrera. Entusiasmado por el “casting” concretado en aquel momento, el grupo estaba integrado por Pappo en primera guitarra, Víctor “Vitico” Bereciartùa en bajo, coros y voces, Héctor “Boff” Serafine en segunda guitarra y Michel Peyronel en batería. Había llegado el tiempo de “Riff”, una formación que tenía muy claro qué iba a hacer y cómo lo iba a ejecutar desde mediados de 1981. Los resultados estaban a punto de cobrar vida.

 

Enfrascados en las prolongadas sesiones de grabación en el “Estudio Take 1”, también conocido por Estudio Fonema en la zona de Perú y Belgrano, la banda se las ingenió al poco tiempo para tener en el primer semestre un total de nueve temas con una definición artística y musical muy reconocible, los que aparecieron en el álbum debut con el icónico título de “Ruedas de Metal”, la gran canción que abría el Lado A de aquel vinilo publicado por el sello “Tonodisc” en conjunto con Argentina Televisora Color, es decir, ATC, que había abierto un sello discográfico en el cual se conocieron numerosos trabajos, incluso ediciones especiales de artistas extranjeros como Peter Frampton. Para promocionar el disco, obviamente el grupo fue a la esa emisora en la Avenida Alcorta para presentarlo.

Riff

En aquella etapa de la televisión, que ya tenía el sistema color funcionando como el gran chiche tecnológico de la época, no había demasiados ciclos donde los músicos pudieran promocionar su arte, pero casualmente por aquella temporada, había debutado un envío llamado “Música Total” conducido por los animadores Marcelo Bello y Claudia Cherasco, quienes en esa temporada entrevistaban a los artistas. Casualmente la mujer que bastantes años más tarde sería cara visible de muchos noticieros, tuvo la oportunidad de entrevistar a “Riff” en una estación porteña de tren, lugar donde el grupo registró dos videoclips con composiciones de su impactante disco debut. Algunos cassettes de Betamax y también el desembarco de los VHS (VideoHomeSystem) todavía conservan aquellas emisiones que se transmitían los fines de semana pocos minutos después del mediodía.

 

En muchas entrevistas donde se les preguntó el origen de “Riff” y el estilo musical de esta nueva formación, tanto Pappo como Vitico decían una frase que quedó grabada a fuego en la memoria de muchos. “Vinimos con este grupo porque en el rock la milanesa se estaba ablandando”, tal la desopilante expresión de la dupla que daba para hacer varios shows de stand-up en el viejo milenio, cuando el formato no había alcanzado como ahora la popularidad que tiene. Ambos músicos, de enorme experiencia en el rubro, tenían claro a dónde querían llegar con ese conjunto, acompañados de dos purasangres interpretativos que supieron adaptarse en segundos a la mejor banda de heavy metal nacional. La llegada del grupo, su ópera-prima musical y su esperado show de presentación fueron el poderoso desembarco de un estilo que sumaría fans en cuestión de meses.

 

Aquella expresión de “la milanesa se estaba ablandando”, eran palabras que irónicamente cascoteaban los cimientos del folk-rock existente a finales de los ‘70s, con figuras como Sui Géneris, León Gieco, Pastoral o el arranque solista de Nito Mestre, más allá que justo al momento de surgir Riff, la música argentina tenía puesto el foco en Serú Girán o Jade que venían pisando muy fuerte en la escena musical del cruce de décadas. El gran álbum “Ruedas de Metal” contiene gemas inmaculadas de Pappo como el tema que da título a la placa o la demoledora “No detenga su motor”, pero también había bellas composiciones de Vitico como “Mucho por hacer” o “Sordidez” que hicieron historia. El disco cerraba su Lado B con dos temas con presencia autoral de los demás integrantes, las canciones “Alas del mal” compuesta con Michel Peyronel y “Boff, no puedo soportarlo más”, escrita con el segundo guitarrista.

 

La presentación del disco en el Estadio Obras fue espectacular e inolvidable por muchas y diferentes razones. Primero, porque “Riff” era una aplanadora que no tenía misericordia y piedad en rockear con mayúsculas, amparado en un cuarteto interpretativo que volaba las pelucas de cuanto terrícola se les cruzara, pero fundamentalmente en un repertorio que, al sentir emocional de esos primeros fans, estaba destinado a un impacto insospechado. El 9 de Julio de 1981, Pappo y sus socios tocaron en anfiteatro deportivo de la Avenida Del Libertador al 7300, una jornada en la que estuvo Saul Blanch como telonero con “Plus”. A nadie se le olvida la contundencia de aquella nueva formación del “Carpo”, entendiendo que se conjugaban muy buen rock y también el enorme virtuosismo de cuatro intérpretes que tenían en sus espaldas muchos años de experiencia para concretar algo de esa calidad.

 

Esa fría y desapacible noche, “Riff” estrenó “Ruedas de Metal”, disco que tocó completo en un recital técnicamente impecable, pero al mismo tiempo el legendario guitarrista no se privó de tocar cosas de su pasado como el histórico “Blues de Santa Fe”, espectáculo donde la gente en su mayoría escuchó sentado el recital en sus sillas o tribunas, mientras afuera el clima comenzaba a presagiar malas condiciones. “Luces a mí”, en un momento le dijo el anfitrión al técnico en la consola, instante donde Napolitano inicio una genial performance standapera para el recuerdo. Mostrando su magia en las seis cuerdas y con la felicidad de estar encarando un nuevo proyecto con buena respuesta del público, Pappo le mostró a la gente lo que se venía con un álbum histórico que recibió brillantes críticas de los medios que por entonces cubrían, pero sustentado en una banda que en vivo demolía rascacielos con apenas encender sus amplificadores.

 

El final de aquel recital realizado en el estadio Obras, guarda una anécdota que pinta de cuerpo y alma al fenomenal músico oriundo de la Paternal. Unas diez personas esperaron al músico a la salida del show para saludarlo o pedirles un autógrafo (en esa época las selfies eran ciencia ficción), mientras comenzaba una suave lluvia en el barrio de Núñez muy cerca de la medianoche. A la salida de camarines, Pappo les pidió que lo esperaran un segundo. El “Carpo” cruzó la avenida Del Libertador caminando como cualquier vecino y se subió a un Fiat 600, vehículo que girando en U estacionó en la puerta del estadio. En ese momento bajo del vehículo, saludo a los fans, firmó algún disco o entrada y después se dirigió a siete chicas que lo aguardaban pacientes en silencio al costado de la boletería del estadio. Nadie jamás podrá explicar si fue un truco de David Copperfield, pero lo cierto es que el guitarrista abrió la puerta derecha del pequeño coche y lentamente las mujeres se acomodaron en el asiento de atrás y el del acompañante. Pappo cerró la puerta, saludó a los que lo habían esperado, prendió el motor y se fue a seguir rockeando con semejante staff dentro de su auto. Un maestro hecho y derecho que con “Ruedas de Metal” inauguró un fenómeno musical que hasta hoy sigue impactando en las nuevas generaciones.     

 

La edición de este trabajo en 1981, tuvo años más tarde una gama de reediciones. Durante 1992, la por entonces firma Musimundo lo publicó supuestamente remasterizado, pero como no contaba con los derechos totales de comercialización, el álbum reapareció en las tiendas, pero con otra tapa. A principios de milenio, con el auspicio de la distribuidora DBN, este álbum tuvo una reedición en vinilo de 180 gramos con alta calidad, pero el pésimo manejo del lanzamiento, hizo que la mayoría de los interesados al respecto no se enterara que el disco había visto la luz en un acetato de mejor dimensión y respaldo físico. 

Imágenes: Prensa Tonodisc ATC

Fecha de Publicación: 05/07/2021

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