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Buenos Aires - - Viernes 12 De Agosto

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Primer Simposio Gardel. 1978. Ni homenaje ni apoteosis ni funeral cívico.

Casi un siglo después del nacimiento, Carlos Gardel empezó a ser reconocido por la cultura argentina en una jornada internacional. Una balada de un proyecto nacional pendiente.

Música
Carlos Gardel

“No es argentino y es hijo natural” dijo cierta vez un intendente de la Ciudad de Buenos Aires. Los tangueros, y los pocos académicos con sabor popular, se acercaron a Manuel Iricibar en 1970, un rancio coronel con ínfulas nacionalistas de la autodenominada Revolución Argentina, y que se presentaba Haciendo Buenos Aires. Esto marcaría la tónica de las poco felices intervenciones estatales para el mayor mito de la ciudad. Aquel que validó el idioma del pueblo y llevó a la Argentina en cada nota para ricos y pobres, salones y piecitas del fondo. “Por ser tan argentino proyectó su estatura/ en la morena América y París en Europa / Voz Gardel, voz mañana/voz para la memoria de un cielo en la ventana”, contestaba al golpista militar, el poeta Raúl González Tuñón. Antes y después la situación no mejoró mucho a fin de valorar a Carlos Gardel y su enorme aporte a la cultura argentina. Al contrario, ahora con un monumento con la marca de un shopping de fondo, o un festival de tango porteño que se realiza en agosto, en vez de la fecha de nacimiento del ícono máximo mundial, Día Nacional del Tango, el 11 de diciembre. Pero en plena última dictadura unos piantaos, piantaos, concretaron el Primer Simposio sobre Carlos Gardel en Buenos Aires, una balada de locos que marcó un camino pionero a la comprensión internacional del mito. Que poco escucharon las autoridades locales porque los siguientes grandes encuentros se realizaron en Cuba y México. No importa Carlitos que no se acuerden los otarios, sos eterno iluminando la avenida Corrientes o el almacén de rioba. Ángel, “te tutean los ángeles”, decía Cátulo Castillo, que te encontrás en tu pueblo.  

Carlos Gardel

Desde las primeras resistencias de las autoridades por discos masivos y oscuros orígenes filiales, que puede rastrearse en las voces de los fascismos de los treinta, en el poder con la Década Infame, y de los cuales el intendente Iricibar era una continuación ideológica, el cantor estuvo largas décadas en la lupa de la censura por la utilización de -pocos- términos del lunfardo. Entre los cuarenta y los cincuenta varias de las grabaciones de Gardel serían tildadas de no convenientes, uso de percanta -mujer amante- por citar, y el paroxismo de las tijeras ocurrieron a fines de los setenta. Alegando incomprobables cuestiones técnicas,  sus películas no se reproducían en los cuatro canales públicos, y únicamente se autorizaba emitir de su repertorio “El día que me quieras”. Mona Maris, compañera del Morocho del Abasto en el film “Cuesta Abajo” (1934),  recordaría con estas palabras el clima en 1978, en una cita de Ana Turón, “Hubo una época en que se lo trató de destruir y usar esa imagen como elemento político”. Paradójicamente por decreto 3781/77 del presidente de facto Videla se estableció el 11 de diciembre como “Día Nacional del Tango”, en conmemoración de los nacimientos de Gardel y Julio De Caro, logro de una prédica por una década sostenida por Ben Molar y las academias de lunfardo y gardeliana.

 

 

Con escasos antecedentes locales, salvo algún intento aislado de un Museo Gardel en 1958, y cuando los argentinos en el exilio llevan la efigie Gardel como sinónimo de su pueblo,  el 26 y 27 de julio de 1978 se realiza el Primer Simposio sobre Carlos Gardel en el Alvear Palace Hotel, convocado por “la filial argentina de Inter-American Public Relations”, un organismo más ligado al entendimiento comercial que cultural. En verdad quienes estaban detrás de la actividad eran los miembros de las academias citadas, quienes convencieron a Ralph Yepes Alvear, dueño del hotel, en prestar un salón victoriano, cero tanguero, para una experiencia inédita. Pensar a Gardel. Con el especialista José Gobello como coordinador y moderador de ambas fechas hubo ministros, obispos, escritores, periodistas y amigos del Zorzal Criollo, venidos de distintos puntos de Latinoamérica, también con el apoyo del empresario hotelero. El crítico Jorge Miguel Couselo realizó una detallada crónica en el diario Clarín del 30 de julio, que nos permite reconstruir una reunión bajo la impronta, anunciada por Gobello, “ni homenaje ni apoteosis ni funeral cívico”

“Como el Cid, Gardel gana batallas después de muerto”

“- Existió- unanimidad del panel en cuanto a la relevancia artística gardeliana. Hubo desinteligencias en cuanto al tango, sus letras, ciertos aspectos históricos, y sobre todo el concepto de mito y mitológico” resume Couselo en la crónica de las intervenciones de José Barcia, María Angélica Bosco, Bernardo Canal Feijóo, Pedro Malavet Vega, Jacobo de Diego, Edmundo Guiborg, Haydée Jofre Barroso, expositores de la primera jornada; y el día posterior, José Isaacson, Alicia Jurado, Juan Moreno Gómez, Antonio Quarracino, José Luis Macaggi, Luis Sierra y Juan Catalán. Muchas de las exposiciones estuvieron acompañadas de grabaciones, supuestamente prohibidas, y hubo ciertas discusiones con respecto al rol de las mujeres en los tangos gardelianos, en especial en la intervención de Jurado que salió “en defensa de la mina” Los latinoamericanos participantes, Malavet Vega y Moreno Gómez, profundizaron el impacto continental del Morocho del Abasto. Y Monseñor Quarracino, un actor fundamental de los primeros años de la democracia, y que había promovido en el gobierno militar que se investigue el Terrorismo de Estado, explicó la vigencia de Gardel, “el cantor de un pueblo que no canta”. Recordemos, 1978, a unas veinte cuadras estaba la ESMA, centro clandestino de desaparición y tortura de personas.

Fue Guibourg el más aplaudido del simposio al recordar aventuras con su amigo Gardel en la época de cantor de bares y piringundines del Abasto. Señaló a Gardel como el arquetipo y el embajador de los argentinos y advirtió que no le teme a la leyenda del Zorzal, “el mito sublima virtudes pero no las inventa” Y se explayaba como en un escrito aparecido en 1966 en “Buenos Aires. Tiempo de Gardel”,  “afable y confianzudo ¿quién no lo conoció? No mienten quienes aseguran que lo tutearon y estrecharon su mano. La fantasía se queda corta en reflejarlo. Tenía amigos en todas partes, incluso los desconocidos de siempre. Todos éramos sus amigos…se sentían amigazos del corazón desde la última gradería de un teatro, la paradisíaca y la gallinácea -ubicaciones baratas-“, remataba el periodista y dramaturgo Guibourg, vate en el Café Los Inmortales, para quien la canción de Gardel “está dotada de un alma colectiva”

Carlos Gardel

El presidente de la Academia Porteña del Lunfardo Barcia había abierto las exposiciones con un contundente “como el Cid, Gardel gana batallas después de muerto” y aseveraba que “hasta los que no aceptan el tango aceptan a Gardel” Y eso tenía relación según el periodista a que “Carlitos pasó a ser el signo más cierto de la tradición porteña. Y el mito, también. Yo no importa esclarecer si tuvo existencia real; basta con que su fotografía, la de la sonrisa y la postura viril, esté a tiro de los ojos…cuando el porteño escucha a Gardel…lo oye con unción religiosa”, señalaba en el señero ensayo “El hombre que escucha a Gardel” Además, Barcia descubría otro milagro gardeliano, “el hombre que escucha a Gardel ha realizado el tremendo esfuerzo de desdeñar uno de los hábitos más ostensibles del argentino perezoso para adhesiones demasiado largas…-Gardel- incorporado como un resorte más del alma nacional…que hablen ahora los sociólogos para explicarnos por qué el argentino ha modificado su estructura íntima”, remataba el autor de “Tangocosas”, referente de la revalorización del lunfardo, y, sin saber, concordaba a la distancia con Couselo.

En el crónica del diario Clarín de 1978, el brillante crítico, además el primer director del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, recalcaba la falta de académicos de la sociología o la filosofía de la cultura, entre otros puntos flojos del simposio, ausencias de especialistas como Horacio Ferrer, dispersión temática e improvisación. Aunque cerraba sus líneas con un acertado, “¿Cómo reaccionaría el proverbial humor de Carlos Gardel frente a ésta reiterada indagación intelectual sobre Carlos Gardel?”. “Guardo escondida una esperanza humilde/ Que es toda la fortuna de mi corazón/ Volver”.

 

 

“Hubo tan solo uno que se llamó Gardel”

En el acto de clausura del Primer Simposio sobre Carlos Gardel, el ministro de Cultura y Educación de la dictadura, Catalán, señaló “que se había preguntado si un ministro de cultura debía concurrir a un simposio sobre Carlos Gardel. Afirmó que sí, que solamente una concepción elitista puede decir que el tango no es una expresión cultural”, en un señal que alegró a los casi doscientos asistentes, muchos que batallaban contra la censura necia que incluía “El Principito”, y cuando aún regía la prohibición en las reuniones de más de cinco personas. Gardel era también resistencia. Y esperanza.

Carlos Gardel

“Preanuncia el ensanchamiento del fenómeno gardeliano” se entusiasmaba Couselo. No pasó. Los siguientes movimientos de los organismos públicos, al contrario del mundo que asocia a Gardel con el tango a partir del suceso de “Tango Argentino” -por algo ambos Patrimonios de la Humanidad de acuerdo a la UNESCO- han sido erráticos y no prosiguieron la quijoteada de los entendidos gardelianos. La Fundación Banco de la Provincia de Buenos Aires organizó en 1985 el “Primer Encuentro de Estudios y Debates sobre Carlos Gardel”, por primera vez un interés sistemático gubernamental en el artista, y aún hoy es una posta sin retomar. Los dos siguientes congresos mundiales gardelianos se efectuaron fuera del país, sin presencia de argentinos pese a que el simposio del Hotel Alvear resultó el inspirador, y en 2002 la casa de la madre de Gardel, Doña Berta, se transforma en Casa Museo municipal, al principio con una línea recreacionista del tiempo gardeliano, ahora a la deriva. El fenómeno gardeliano crece sin parar en otras tierras, se lo asocia a Frank Sinatra y Elvis Presley como uno de los mayores cantantes populares de la historia, y en Buenos Aires durante el Festival de Tango organizado por el Ministerio de Cultura apenas es mencionado, centrado en la danza for exportEl tango a vos te debe mucho, Carlos…/-Gardel respondía humildemente-/”Yo soy el que le debe mucho al Tango”/ Hubo tan solo uno que se llamó Gardel/ y seguirá viviendo mientras haya una esquina/Corrientes y Esmeralda, porteña como él”, versos de Enríque Cadícamo. Argentinos, como en 1935, 1966, 1978 y 2021, es el Tiempo de Gardel.

 

 

 

Fuentes: Gobello, J. El Simposio sobre Carlos Gardel. Buenos Aires: Academia Porteña del Lunfardo. 1999; Turón, A. Gardel, el tango y sus leyes, Vol. 32. Cartapacio de Derecho. Facultad de Derecho. UNICEN. 2017; Couselo, J. M. en www.clarin.com

Imágenes: Buenos Aires.gob / Télam

Fecha de Publicación: 11/12/2021

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