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“Premios Gardel 2021”: De espaldas a la realidad, cada año aumenta el ombliguismo egocéntrico

En la segunda entrega virtual en el historial del devaluado galardón, quedó expuesta la brutal cooptación política que sufrió esta tradicional premiación a la música argentina, vulgar y desprestigiada forma de reconocimiento que en la actualidad no significa absolutamente nada.

Música
Premios Gardel

Ha transcurrido casi un año y medio desde que se firmaron los decretos de contexto local y nacional suspendiendo la mayoría de las actividades a raíz de la pandemia, decisión que sustentada en proteger la salud de la población, afectó con mayor impacto a determinadas profesiones que no pueden adaptarse al home office y que necesitan imprescindiblemente la presencia de audiencias masivas para desarrollar su especialidad. Si la industria musical venía muy lastimada antes que el “covid 19” hiciera su masivo y letal desembarco, con más de cien mil personas fallecidas, es decir unas 500 tragedias de Cromañón, después de todo lo ocurrido en los últimos 16 meses, la realidad de los involucrados en el mundo musical de nuestro territorio ya superó la tragedia con centenares de miles que perdieron en pocos segundos su trabajo. Tampoco hay que olvidar todos aquellos que para sobrevivir dejaron de costado los instrumentos y micrófonos para hacer changas, rezándole a Santa Cecilia, innata y eterna patrona de la música, para que los rescate de esta pesadilla donde no hay recitales masivos, muy pocos pueden promocionar su obra y la actividad artística existe limitada a clonar patrones foráneos de musicalización que provocan enormes nauseas.

 

Ajenos a esta muy macabra y traumática realidad, los responsables principales de CAPIF se esfuerzan en la última década para pulverizar los vestigios de un galardón que durante sus primeros años gozó de cierto prestigio, una recordada valoración que actualmente ha desaparecido convirtiéndose en otro de los muy codiciados y siniestros módulos donde la política y los negocios intervienen, para sacar provecho y desvirtuar la esencia original de lo que capturan con el nefasto consentimiento de algunos traidores oportunistas. Ganar un “Premio Gardel” en la actualidad equivale exactamente a ganar una pelota de plástico que viene como cupón sorpresa de una caja de cereales para comer con el yogur favorito. Los que se jactan recientemente de haber obtenido uno, lo anhelaban solo con el objetivo de poner esa distinción en el currículum de exposición pública, con el mero fin de facturar más caro y dejar en claro que pertenecer tiene sus privilegios, tal como decía el slogan de una conocida tarjeta de crédito internacional. La utilización del premio como excusa para algún tipo de promoción roza lo olvidable, porque ahora cualquiera puede ganarlo, antes había que publicar muy buena música para conseguir una estatuilla que ahora se devaluó.

Que CAPIF no se las haya podido ingeniar para realizar una entrega presencial, sin dudas es la muestra más acabada de la ineptitud que habita en la industria, si tomamos en cuenta que al día siguiente de este evento digital de cabotaje, Juanse presentó su nuevo disco en el Gran Rex para casi 2000 personas reunidas en la sala. La gama de disparates ostenta un nivel profundo de subnormalidad preocupante, sino no se entiende como un premio a la música argentina es transmitido por la reconocida señal extranjera de cable TNT, un canal que hasta nuevo es oriundo de los Estados Unidos. Muchos se llenan en sus discursos del contexto patriótico, pero a la hora de televisarlo, la supuesta patria queda trasladada a la filial de una señal norteamericana, mientras las migajas de la transmisión radial las emite con desprolijidad y saturación de opinólogos Radio Nacional sin mucho equilibrio. Estas personas que dicen una cosa y hacen lo totalmente opuesto, deberían responder porqué el Premio Gardel no es televisado por la TV Pública, una emisora que debería transmitir el evento si lo que se persigue en esos discursos de plastilina berreta es dotar al premio del tan mentado tono federal. Son los mismos directivos que quieren que sus representados ganen un Grammy Latino, pero bien que se hacen los tontos cuando cada año la entrega de ese desvencijado gramófono se hace en Las Vegas, no precisamente una localidad que pertenezca a ningún territorio latino.

 

El colmo de la hipocresía y cinismo, amén de una actitud oportunista y no algo sentido, es la polémica decisión tomada el año pasado de premiar cada categoría en una modalidad multigénero, es decir anulando las anteriores categorías femenino y masculino, cambio de estructura que ha convertido a cada uno de los rubros en una vergonzosa bolsa de gatos en la que pueden entrar jirafas y hasta el histórico hipopótamo de Pumper Nic. Se proclama evitar la discriminación, pero aquí lisa y llanamente la comunidad heterosexual podría sin titubeos dar cuenta de esa brutal actitud hacia ellos, cuando por favorecer a los que no se perciben así, se convirtió a cada una de las categorías en un tubo colector donde terminan compitiendo decenas de diversos intérpretes, impidiendo que los que antes tenían chance de ganar en sus añejas ternas, ahora deban pelear en desigualdad contra varias opciones, las cuales muchas veces suman a un grupo, dueto o proyecto numeroso sin ton ni son. Esa situación tranquilamente se pudo haber resuelto creando en cada rubro una categoría de multigénero, en el cual aquellos que tengan el DNI con una, dos o tres X puedan inscribir sus obras para así participar y no sentirse incluidos en una categoría que no los representa en verdad. Tal como era de esperar, Capif optó por la decisión políticamente correcta a los tiempos que corren y ahora las chances de un verdadero intérprete de ganar en una de esas ternas se redujo al diez por ciento de chances reales, un infinito mamarracho.

Cazzu

Los directivos de la insulsa entidad que concede estos galardones realmente tan venidos a menos, desconoce o finge desconocer el malestar que esta determinación ha provocado en la mayoría de los intérpretes heterosexuales, quienes por esta muy arbitraria y bochornosa decisión deben competir ahora en categorías ampliadas que lo único que hacen es reducir la cantidad de figuras premiadas. Mucha inclusión, mucho barullo de género, pero todos los cambios hacen una ostentación de brutal recorte al reconocimiento que las figuras en las ediciones hasta el 2018 tenían cuando había más ganadores, menos barricada política y una gotita perceptible de respeto por los músicos. Los verdaderos artistas están enojados con esta decisión discriminatoria que tomó la entidad, pero todavía a raíz de la pandemia no han hecho público dicha disconformidad, incluso por temor a ciertas represalias que la gama de directivos involucrados en esta colectividad de mamarrachos pueda disponer. La medida es un negoción de aquellos: menos estatuillas, transmisión más corta, muchísimos menos discursos y un gesto de apoyo ideológico a quienes proclaman esto desde puestos de las altas esferas gubernamentales. Los verdaderos músicos, masacrados por esta torpe postura que genera discriminación, que le vayan a cantar al mismísimo Carlos Gardel.

 

Resulta llamativo que los funcionarios de la entidad que otorga estos “Gardelitos”, hable una y otra vez del tono federal que debe tener la entrega. Que la premiación hasta el año 2018 se haya realizado en Buenos Aires, no fue fruto de un capricho sino simplemente que por razones estructurales, era más económico costear pasajes de ciertos nominados del interior a Buenos Aires, desarrollando en los espectaculares teatros o estadios de la Capital Federal estos eventos. La idea de llevar los “Premios Gardel” al interior, oculta en realidad un entramado político donde esta ceremonia de premios es el botín de todos los gobernadores, quienes creen que concretándolas en sus provincias, la misma deparará a futuro algún rédito en votos para la siguiente elección. La edición 2019 realizada en la localidad de Mendoza, más precisamente en el Auditorio Bustelo, evidenció incontables problemas de estructuras, amén de un escenario tan reducido que cuando alguien ganaba una categoría después de recibir el premio se retiraba del escenario hacen malabares en medio del escaso hueco que dejaba una orquesta amurada en dicho proscenio. La gama de escándalos ocurridos en la tierra por excelencia de los mejores vinos, deparó episodios de maltrato de ciertos artistas a los medios que viajaron a cubrir la entrega, sobresaliendo el puntual caso de Paulo Londra, quien ahora parece haber olvidado sus inconductas cuando una compañía musical hacer valer los derechos de un contrato firmado en su momento, poniéndose en mediática víctima por no poder publicar nuevas composiciones.

Beba - Jey

Proponiendo cruces musicales como supuesto gancho para la entrega virtual, idea que no tuvo una muy feliz definición en estos duetos o apariciones de figuras por determinados trabajos conceptuales, la conducción del evento corrió curiosamente por cuenta de los animadores Eleonora Pérez Caressi y Jey Mamón, una valiosa periodista de El Trece que cada vez desarrolla menos notas de música en pantalla, acompañada por un humorista de discutible prestigio que aporrea sin ton ni son un piano todas las noches en un deslucido late night. El cambio de conductores para esta temporada también es otro cuchillazo a las referencias ligadas a la profesión, cuando en anteriores entregas la pareja de conductores esa una dupla de músicos que obraban de presentadores. El año pasado Ale Segi le puso su impronta, pero parece que a los organizadores no les cayó muy bien, puesto de trabajo que hasta ahora ha tenido en Roberto Pettinato, lejos el mejor conductor, moderador y una garantía artística para quienes participan de estas ceremonias.

 

Desentendiéndose de la opresiva realidad que afecta a la mayoría de los músicos, quienes en la actualidad intentan sobrevivir de la forma en que se pueda, Capif desaprovechó la histórica oportunidad que significa una congregación de realizadores de distinto tono para transmitir algún tipo de mensaje al respecto, en un aburrido evento virtual tan mediocre como olvidable. El inocultable descontento de una enorme parte del conjunto de artistas que suelen participar de estas premiaciones, va cobrando visible tamaño y las primeras reacciones son de rechazo a lo ocurrido, conjunto de trabajadores que no descarta apenas finalicen las limitaciones de la pandemia, comenzar a desarrollar reuniones de dimensión destacada para elaborar la estructura de un nuevo premio a la música que rompa veloz y certeramente con la hegemonía existente de esta fiestita donde nadie sabe cuantos votan, que porcentaje proclama a los vencedores y ciertas categorías son manipuladas con tono intencional, permitiendo que vote el público o sectores cuestionables.

Premios Gardel Abel

Quienes aluden al pésimo nivel que viene ostentando la entrega de los “Premios Martín Fierro”, advierten en absoluta confusión que si lo paupérrimo que tenían los tradicionales gauchitos era algo de difícil digestión, ahora con los “Premios Gardel “la cosa fue superada con creces, algo que desluce la actividad desde cualquier análisis. El nivel de desvarío de Capif con respecto a estas realizaciones, ostenta un inolvidable bochorno que todos recordarán indignados por siempre, cuando la entidad decidió continuar el 4 de septiembre de 2014 con la habitual ceremonia de premios en el Gran Rex, a pocas horas del fallecimiento del inconmensurable artista Gustavo Cerati, trágica noche en la que los organizadores celebraron su fiestita ombliguista, ajenos a las 60 mil personas que esa misma noche asistían a la legislatura porteña para despedir los restos del músico que marcó un antes y después no solo en el rock pop, sino en la música del todo el continente desde principios de los años’80s. Con un evento brutalmente egocéntrico donde todos los responsables ignoraron el dramático presente de la industria, la nueva entrega de estos galardones dejó la inconfundible sensación de una reunión ombliguista, ignorando una realidad que ha dejado a gran parte de la comunidad artística herida de brutal manera, sin saber qué características revestirá la recuperación de la industria, esa que el viernes a la noche resto su cuórum en una vulgar “reunión de consorcio musical “destinada al olvido.

 

Imagenes: CAPIF / Facebook Premios Gardel

Fecha de Publicación: 27/07/2021

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