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Misa Criolla: la Navidad argentina para el mundo

La pieza de Ariel Ramírez y Félix Luna es la creación musical autóctona más conocida en el planeta. En poco más de treinta minutos, la fe y la tradición de un país hechas canción.

Música
Misa criolla

Pocas obras de arte producen tal estado sensible, tanto sentimiento patrio, como la “Misa Criolla” de Ariel Ramírez y Félix Luna. Pruébelo. Puede escucharse en Mercedes Sosa, o en el español José Carreras. O la tremenda de Zamba Quipildor, o en el original de Los Fronterizos, fenomenal el registro en Alemania,  o gozarla en el griego Georges Dalara, el tenor que la hizo masiva en Medio Oriente. El retumbar milenario de Domingo Cura y el coro angelical de la Cantoría de la Basílica del Socorro, unos segundos de la baguala Kyrie, y sin que uno sea devoto o religioso, el cuerpo se estremece. Hasta los huesos. Ni hablar si entra el charango de Jaime Torres. Basta cerrar los ojos para ver los rostros humildes de los hombres y mujeres, que pasan altivos en la dura tierra que ama al Señor, y que hicieron con sueños y penas una Nación. El genio orquestal de Ramírez, y su intenso conocimiento de las melodías folklóricas, encontraron una realización sublime que mancomunó un espíritu de época revolucionario, las alas del Nuevo Cancionero, y un aura que se enraizaba en quienes no tenían voz.  No en vano la “Misa Criolla” abrió las puertas al folklore a fines de los sesenta, y le dio universalidad a la canción nativa, una que conquistó desde el Vaticano a Nigeria, de Sudáfrica a Japón.

“No creo que para interpretarla deba ser uno necesariamente un hombre religioso”, señala Facundo Ramírez en una cita del diario Clarín en 2017, y quien sigue el legado de su padre,  “En todo caso, sí ser un hombre espiritual para dejarse conmover con la belleza de la obra. En ese sentido, yo siempre abordo más como una obra de Paz, por sus propios textos. Vivimos tiempos salvajes y un llamado a la Paz siempre es urgente y necesario”, recalcaba el también compositor y pianista. A la huella, a la huella.

Para llegar al suceso discográfico de la Navidad de 1964, y un estreno que fue en Montevideo, hay que remontarnos una década atrás. Y a la mitad de la historia, Ariel Ramírez (1921-2010) En los cincuenta Ramírez residía en Europa, a fin de perfeccionarse en el piano y la composición, y se ganaba la vida de maestro en un puesto de montaña. Allí estudia folklore en Viena y Madrid, tiempos en que en el país era un conocimiento menospreciado y, en los medios, resistido pese a los éxitos radioteatrales,  y las miles de parejas en las bailantas urbanas. En uno de sus estadías en Alemania, Ramírez conoce un convento en Würzburgo y entabla amistad con dos monjas holandesas, que un principio no hablaban español, pero “preparaban unos platos fabulosos” Mientras almorzaba un menú económico, el joven santafesino observaba una paisaje semiboscoso “espléndido” y una enorme casona derruida a lo lejos, le contaba a Pacho O´Donnell. Un buen día, y con cierta incomodidad ante la cara ensimismada de Ramírez,  las monjas Elizabeth y Regina Brückner,  en un portuñol improvisado arremetieron con ”en ese bosque ahora encantador, y en esa casa blanca, hace cinco años funcionaba un campo de concentración nazi(Ramírez asegura que casi se desmaya)…ellas -las monjas- sintieron piedad  por los hombres que estaban detenidos. Se apiadaron, y todas las sobras de comida del convento, una noche, las metieron en una bolsa, y poniendo en riesgos sus vidas -porque era la horca ayudar a un judío- escarbaron al lado de la alambrada y la pusieron allí…al día siguiente el paquete no estaba; al siguiente lo volvieron a hacer, y así durante un año y medio. Ayudando, no sabían ellas a quién…esa pobre gente que esperaba la muerte, las miraban cerca de por medio, y sus ojos eran de agradecimiento ” Ese es el fuego de  amor y solidaridad infinitos que definirían la “Misa Criolla”, y  el músico tendría en mente en el regreso al país en 1954, “volvía en barco y en medio del Atlántico empecé a rememorar el relato de las monjas. Me conmovía el amor de las religiosas, y que se habían abierto conmigo a través de la pasión por la música…hasta que comprendí que sólo podía agradecerles escribiendo una obra religiosa en su homenaje. Pero no sabía ni podía realizarla” Eso cambió en 1963 cuando el Concilio Vaticano II del Papa Paulo VI autorizó las misas en lenguas locales, antes la liturgia debía era solo en latín, y con la traducción de los textos de A. Catena, A. Mayol y J. G. Segade - el arreglador coral-, los bocetos de la misa tomaban las formas de lo argentino. El Kyrie en vidala-baguala, la Gloria en Carnavalito – Yaraví, el Credo en Chacarera trunca, el Sanctus  en Carnaval Cochabambino y el Agnus Dei en estilo Pampeano. Pero faltaba hacerlo más argentino todavía, en letras también, y el compadre de Ariel, Félix Luna (1925-2009), puso en palabras los sentimientos de la inmensa geografía , paisaje y alma, desde La Quiaca a Tierra del Fuego e Islas Malvinas.

 

Habemus Misa Criolla

En 1956 los caminos de Luna y Ramírez se cruzaron en la campaña proselitista de Arturo Frondizi. Ambos hombres del radicalismo componían jingles a la fórmula presidencial que resultaría electa en 1958.  Luna trabajaba de periodista y docente universitario, recién desplegaba su más conocida faceta posterior de historiador con una pionera biografía de Hipólito Yrigoyen, y compartía con el pianista el mismo amor por el folklore, que aprendió de su padre en las tranquilas tardes riojanas “Zamba para usted”, un poema de amor para la futura esposa de Luna, fue una de las primeras colaboraciones que florecían a la distancia. El fundador de la influyente revista “Todo es Historia” (1967) cumplía funciones públicas en Suiza y Uruguay, algo que repetiría en la secretaría de cultura porteña en la presidencia de Alfonsín. Pero en 1964 Luna era fundamentalmente periodista en Clarín, y en la revista Folklore, y sonó el teléfono, “Ramírez me contó que estaba componiendo una misa con aires criollos…la Misa estaba compuesta pero, para completar el disco, le faltaban cinco o seis villancicos, y me preguntó si yo me animaba a hacerlos”, escribía el autor de “El 45” (1968) y “Soy Roca” (1989), quien viajó en un Fiat 600 desde Constitución, redacción del diario de los Noble, hasta Belgrano, hogar de Ramírez. Y en una apuesta cambió para siempre el modo de celebrar las navidades en la Argentina, “Cinco o seis villancicos son la misma cosa, es repetir los mismos temas. Más bien intentemos hacer una especie de retablo criollo con los momentos más importantes que rodean al Nacimiento de Jesús”, adelantó Luna; y con eso imaginaron la música que inundaría con poesía valles y sierras, cementos y piedras, montañas y pampas, en cada festejo popular del 25 de diciembre. Este periodista tuvo la suerte de asistir en vivo a una puesta en Tilcara y, aún, se le humedecen los ojos.

“Navidad Nuestra” fue el título para un repertorio que incluye “La Anunciación” – chamamé, género musical patrimonio de la Humanidad desde 2020 según UNESCO–,  “La Peregrinación” - huella pampeana, y clásico de los clásicos en peñas y coros escolares-,  “El Nacimiento” - vidala catamarqueña -, “Los Pastores“ -chaya riojana-, “Los Reyes Magos” – takirari,  y otro infaltable del cancionero de niñas y niños argentinos-, y “La Huída” - vidala tucumana – Luna aseveraba que escribió las letras “milagrosamente” en una noche y que estaba lista para grabarse. Aquella noche Félix entró a la galería de grandes letristas del folklore argentino, entre los Yupanqui y Armando Tejada Gómez ¡Y aún Luna no había imaginado junto a Ramírez, y Mercedes Sosa, las cumbres líricas, eminentemente populares, de los discos de “Mujeres Argentinas” y “Cantata Sudamericana”!

 

La Misa Criolla es la suma del folklore argentino

Claro que faltan ritmos cuyanos o patagónicos. O tango. Y sin embargo es imposible que el sentimiento nacional no aflore porque en sus melodías reluce un destino colectivo. Simple.  La inspiración católica es inseparable y, de todos modos, el humanidad sin dogmas, no muy lejana a la inspiración secular de un “Imagine” de John Lennon, permea sus versos, sus orientación fraterna y solidaria que motivó a las valientes monjas holandesas. Además, y en eso otra explicación de su permanencia, una modernidad que estaba presenta en el Nuevo Cancionero de Tejada Gómez, Oscar Matus, Sosa, y otros artistas más en 1963, “el NUEVO CANCIONERO -en mayúsculas en el original- no desdeña las expresiones tradicionales o de fuente folklórica de la música popular nativa, por lo contrario, se inspira en ellas y crea a partir de su contenido, pero no para hurtar del tesoro del pueblo, sino para devolver a ese patrimonio, el tributo creador de las nuevas generaciones…se propone buscar en la riqueza creadora de los autores e intérpretes argentinos, la integración de la música en la diversidad de las expresiones regionales del país…mediante nuevas y mejores obras que lo expresen”, cerraban en 1965 poetas y músicos, y junto a intelectuales y artistas de variados rubros. No muy lejos de ellos, en el mismo río,  la imaginación orquestal de Ramírez, y la poesía neoromántica de Luna, totalmente contemporáneas, eran sus compañeros en la ruta de la renovación del folklore -que sopla y sopla todavía.

Los que no estaban muy convencidos con la “Misa Criolla” eran los dueños de la compañía discográfica, Philips. A ellos les parecía una obra de “vanguardia” Y con la promesa de Ramírez de que iban a vender 2500 copias al menos, se contratan a Los Fronterizos, Eduardo Madeo, Gerardo López, César Isella y Juan Carlos Moreno. Entran a grabar en octubre en los estudios de Odeon en sesiones “milagrosamente” rápidas, sin contratiempos. En Navidad de ese año vendieron 500 mil copias y, en la actualidad, llevan 30 millones en los cinco continentes, única pieza musical argentina que ostenta ese récord. Además en 1998 obtuvo un Grammy Latino en la versión de Mercedes Sosa. Y serían innumerables los logros para el Guinness de la “Misa Criolla” de Ramírez-Luna. Vayamos a los que importan, “Mi padre ya fallecido nos hacía escuchar a mí y mis cinco hermanos esta hermosa música. Tenía su versión en disco de vinilo. Yo lo compré en CD y lo escuchábamos con mi esposa e hijos. También ahora lo escucha mi nieto y quiera el buen Dios que sea una tradición (buena por cierto) de las familias argentinas y del mundo. Muchas gracias!!!” acota una persona en YouTube. Una buena tradición argentina de Navidad que hace cantar al mundo chacareras y bagualas, a la espera de un mañana mejor. En Paz.

 

Fuentes: El folklore y sus historias. Revista “Todo es Historia” Nro. 500 Marzo 2009. Buenos Aires; Matus, F. -Sosa, M. Mercedes Sosa. La Mami. Buenos Aires: Planeta. 2016; Luna, F. Encuentros a lo largo de mi vida. Buenos Aires: Sudamericana. 1996; www.clarín.com

 

 

Fecha de Publicación: 25/12/2020

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