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Malena, la búsqueda del Santo Grial Porteño

La morocha del Tango del destino eterno de bandoneón tuvo a varias que reclamaron la fuente de inspiración de Homero Manzi. Ella, solo ella, “más buena que yo”

Hubo años esenciales en la historia del Tango. 1917, Carlos Gardel estrena su versión de “Mi noche triste” y nace el tango-canción, el tango moderno. 1942, Homero Manzi registra “Malena” y nace la Década Dorada de los Cuarenta. Porque la pasión de multitudes del 2x4 fue parida con la voz de alondra, el tono oscuro de callejón, de quien canta como ninguna, esa mujer de voz de sombra. El tango con letra de Manzi y música de Lucio Demare, uno de los más interpretados de la música popular, cientos de versiones desde la Orquesta de Aníbal Troilo, en la voz de Francisco Fiorentino, a Joan Manuel Serrat y Andrés Calamaro, marcó la huella definitiva lírica, un tono melancólico y, a la vez, adecuado a la ciudad contemporánea que borroneaba los barros del callejón y los yuyos del suburbio. Y disparó, más de veinte años después, una fiebre. ¿Quién fue Malena de carne y hueso?  Que una cantinera de La Boca, que una milonguita, una brasileña corista del Teatro Maipo, que una argentina desafinando en Brasil ante un poeta desesperado, que la Maizani, que la Omar, el gran amor de Homero, que tantas otras. Todos querían saber de la mujer real, “Malena canta el tango con voz quebrada,/ Malena tiene pena de bandoneón”, la mujer leyenda que Manzi transformó en oráculo del sentimiento porteño que no para de nacer.

Arranquemos de dónde viene la pesquisa. Y viene de un programa de televisión que en 1965 conducía Antonio Carrizo en Canal 9 y que presentó a una mujer, dueña de una parrilla de la avenida Cabildo, quien aseguró que era la donna inspiradora. Hasta ese momento a nadie se le había ocurrido investigar. Y una de las razones era que el propio Manzi, junto a Pichuco Troilo, había asegurado en un programa de radio al locutor Ricardo Bellini que su inspiración fue María Esther Lerena, la protagonista de la película muda “Milonguita” (1922). En la versión del hijo de Homero, Acho, “En esa época los cantantes se doblaban a sí mismos detrás de la pantalla, como también lo hacía María Esther, que interpretaba tangos. Detrás del escenario se instalaba un micrófono, y allí cantaban, acompañados de guitarristas. De esa manera, el público podía oír cantar a quienes encarnaban los personajes”, y dando por terminado el tema, quien personalmente hablaría con Carrizo para desestimar a la señora de Núnez, “la "verdadera" Malena nació del recuerdo fogoso de un muchacho de 17 años que revivió sus sentimientos cuando adulto, escribiendo los versos que le dictó su misteriosa profesión de letrista de tango”. Sin embargo, más que calmar las aguas, las agitó más y se sucedieron nuevas candidatas a la encarnación semipeterna de los “ojos oscuros como el olvido”

 

 

Malena deja de cantar como ninguna

“Trabajábamos en un club nocturno de la calle Reconquista”, cuenta Roberto Palmer, la voz de Los Cantores de Quilla Huasi a Francisco García Jiménez, poeta amigo y biógrafo de Gardel, y uno de los mayores letristas del tango, “Una noche llegó al local un pianista amigo, con un elegante y sugestiva mujer que atrajo todas las miradas. Bebieron, nos escucharon, y aplaudieron. Después me acerqué a su mesa y el pianista me la presentó: “La señora es Elena Tortolero, esposa del cantante de boleros Genaro Salinas, que ahora está de gira por Venezuela. Pero hay algo más…Es Malena, la del tango”. García Jiménez, de indudable autoridad, generaría otra versión del mito en carne y hueso, que Demare asegura haberle dado música en desaparecido El Guindado, cercano al Jardín Zoológico, en solo quince minutos.

Para la segunda toma tenemos a Elena, que era en verdad hija de diplomáticos andaluces en Buenos Aires circunstancialmente, y que creció en Porto Alegre, Brasil. De carrera discreta de cantante en la capital de Río Grande do Sul, una noche, escondido el Primer Ministro Poeta de Buenos Aires la escuchaba, quizá con la mente en un gran amor perdido, “Tus labios apretados como el rencor,/ sus manos dos palomas que sienten frío,/tus venas tienen sangre de bandoneón”. José Gobello anotaría un canto “desafinado” para Malena de Toledo (¿?). De regreso a Buenos Aires, tras una gira por Centroamérica donde había acompañado a Tania y Enrique Discépolo, Manzi termina de redondear la letra que entrega el 6 de marzo de 1942 a la Sociedad Argentina de Autores y Compositores. Día que en Argentina se celebra el Día de las Malenas.

Si bien se considera a la primera versión la de Fiorentino con la orquesta de Troilo, en realidad se estrenó en la voz de Juan Carlos Miranda, doblando a Osvaldo Miranda, con la orquesta de Lucio Demare, en la película “El viejo Hucha” (1942), y se interpretó en vivo en la boite Novelty. Aquella olvidada cinta sería la antesala de “La Guerra Gaucha” (1942); la gran película argentina que guionaría Manzi junto a Ulyses Petit de Murat, ambos parte de la legendaria Artistas Argentinos Asociados; en 2022 cumpliendo 80 años del estreno un 20 de noviembre en el Cine Ambassador de Buenos Aires.

“Impresionada por el vigor de la estampa que surge de esas estrofas, teme no estar a la altura y deja de cantar”, da pie otra leyenda García Jiménez, “Es una resolución que en ese ámbito del arte menor asombra por la extremada conciencia que dicta. Malena deja de ser Malena para ser sencillemante Elena Tortolero de Salinas”. Luego Elena, intimidada por una sombra que no se detenía, Azucena Maizini -otra de las supuestas inspiradoras, dicho sea de paso- registra una grabación notable, sigue a su marido a Buenos Aires, donde conocería a Palmer. Viuda en 1957, el esposo muere en gira en Venezuela, ella fallece en Montevideo dos años después, descansando sus restos en el Panteón de los Artistas de la Chacarita. “Desde que la traté, no oí que ella le dijiera a nadie que era la Malena del tango -continúa Palmer- Y si lo canturreó maquinalmente, alguna vez, en la intimidad, se interrumpió en seguida con la voz velada de la tristeza”, transcribe García Jiménez en los setenta, “Tu canción/se hace amarga en la sal del recuerdo./Yo no sé/si tu voz es la flor de una pena” Lejos de la heroína que hizo un pueblo, Elena murió anónima, y los porteños nunca supieron cómo cantaba.

Nelly y Homero

El polvo de la Historia tiene mil historias. Y una es la que más asidero ha tenido entre los tangueros porque surge el nombre de Nelly Omar, el amor imposible de Manzi. Tuvieron mil encuentros y desencuentros en un larga década de amantes clandestinos, “Tu canción/tiene el frío del último encuentro”. Ella misma recibió por correo la letra desde México para entregar a Demare, Nelly a quien dedicó Homero, entre decenas, “Fuimos”, “Ninguna” y “Su carta no llegó”. En el recuerdo de la Gardel en polleras, Manzi le aseguró que escribió la letra en un bar mexicano, El Patio, a instancias de Francisco Petrone debido a una cantante que se le parecía -físicamente-. Por algo lo de Malena con voz de sombra, ratifica Horacio Salas. Además Omar agrega que Demare se había olvidado de la letra hasta que Manzi retorna ansioso e insiste que ponga la melodía; a lo que hoy es memoria nacional. Y esa simple pero demoledora letra produce la revolución lírica que acompañan Homero Expósito, Cátulo Castillo y, más cercano, Horacio Ferrer, en un linaje que iba de los surrealistas y Federico García Lorca a Pablo Neruda y los criollistas, con una dislocación de las palabras, un encuentro cósmico que define la porteñidad, porque “cuando todas las puertas están cerradas/y ladran los fantasmas de la canción”. En poco más de seis años Manzi, junto a “Malena”, y entre 85 joyas, estrena “Sur”, “Manoblanca”, “Barrio de Tango” y “Che, Bandoneón”. En otras palabras, dirá Salas, definitivamente al Tango, “Manzi aporta poesía”. De la buena con “Malena”, que también descolló en las gargantas de Edmundo Rivero, Susana Rinaldi y Adriana Varela.

 

 

Queda, si quedan más, la versión de Fermín Chávez, en el prólogo de un volumen de textos de Manzi. Allí revela que en 1948 conoció a Josefa Amato. Esta ignota cantante le juró que en 1941 Alberto Vacarezza y Manzi la convencieron a cambiar de nombre artístico, se hacía llamar Gloria Argentina (sic), con una oferta irrechazable. Dijo Homero, “Mire, póngase Malena. Yo voy a hacer un tango al que le pondré ese nombre”. Y así se multiplican Malenas en espejos infinitos. No puede resultar de otra forma. Porque Malena es la Musa Porteña que atrapó Manzi, que conjuró para mirarnos y crecer, “sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena,/ te siento más buena,/más buena que yo”

 

Fuentes: García Jiménez, F. Memorias y fantasmas de Buenos Aires. Buenos Aires: Corregidor. 1976; Salas, H. Homero Manzi y su tiempo. Buenos Aires: Vergara. 2001; Homeromanzi.tango-tour.com.ar

Imagen: Pixabay

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