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La emperatriz del tango

Ada Falcón fue una de las figuras más reconocidas de su época. En la cima de su carrera, abandonó todo y se recluyó hasta su muerte.

Ella tenía lo que todos anhelan: belleza, juventud, fama, dinero, éxito. Pero todo eso no alcanza cuando algo en el corazón duele. Ada Falcón fue una de las cantantes de tango más reconocidas de la historia. En la cima de su carrera, sin embargo, lo dejó todo y se recluyó hasta sus últimos días. Dicen que porque no pudo soportar el desamor.

Su carrera comenzó en 1925, cuando grabó su primer disco acompañada por la orquesta de Osvaldo Fresedo. Fue una de las precursoras que irrumpieron en un mundo que, hasta entonces, estaba regido por los hombres. Tango con voz de mujer. En los pocos años que duró su carrera, tuvo un suceso comparable con el de las estrellas de Hollywood de su época. Grabó tres películas y, a mediados de la década del 30, ya se había convertido en una de las cancionistas más importantes del tango.

Por esos años, comenzó una relación laboral con Francisco Canaro y su orquesta. Grabaron alrededor de quince discos por mes. Debutó en Radio Cultura, Stentor, Splendid, Argentina, Prieto, Belgrano y El Mundo. Ada estaba en todos lados. Todos la amaban.

En 1933, Canaro le dedicó el vals “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”. Fue de él, precisamente, de quien se enamoró perdidamente y con quien tuvo una relación secreta que duró 10 años. Él estaba casado con una francesa a quien –dicen– prometía abandonar, pero nunca lo hizo. Tuvieron uno de esos amores poderosos e inevitables, hasta que Ada no pudo más con su corazón roto.

 

Final inesperado

En 1942, su retiro sorprendió a todos en el ambiente. Ada Falcón lo tenía todo, y lo abandonó de un día para el otro. Vivía en una lujosa casa de Palermo, tenía dos autos de alta gama. Vendió todo y repartió gran parte del dinero entre algunos de sus conocidos. Se mudó con su mamá a una casa en Salsipuedes, en medio de las sierras de Córdoba.

Durante 60 años, vivió en la reclusión. Dijo que había sentido a Dios y que, por eso, se había alejado de su vida pública. Ada Falcón murió de causas naturales en 2002, en un asilo religioso de Córdoba. Tenía 96 años. Con ella se llevó la certeza de que no importa el éxito que se vea de afuera, la felicidad verdadera reside en el corazón.

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