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Buenos Aires - - Jueves 16 De Septiembre

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Josephine Baker: la Venus Negra en Argentina

Sentimentalmente ligada a los argentinos, amiga de Eva Perón y con hijos que aún viven en el país, la artista que inspiró a Picasso y Hemingway, y la lucha por los derechos civiles en Norteamérica.

Música
Josephine Baker

La década del veinte del siglo pasado significó una revolución sólo comparable a los sesenta. Costumbres, avances tecnológicos y subjetividades liberaron los mandatos sociales, y los jóvenes emergieron por primera vez con voz propia. Su música fue el jazz. Y Josephine Baker fue su reina. La primera súper estrella afroamericana, que triunfaba en París, y era segregada en cada vuelta a Estados Unidos, realizó maratónicas giras desde adolescente hasta su muerte, en el apoteótico regreso en el musical “Bobino”Colaboradora en la lucha contra el nazismo, Legión de Honor francesa, ayudó a escapar a decenas de judíos del Holocausto, única mujer civil enterrada con honores militares en Mónaco, fue la exclusiva oradora en 1963 que acompañó a Martín Luther King, el día de famosísimo “Yo tengo un sueño” No podía faltar Josephine, una incansable luchadora por los derechos civiles, una mujer valiente que imaginó un mundo sin fronteras, mucho antes que John Lennon lo empaquete en una canción. Baker en tres décadas radicalmente diferentes estuvo entre nosotros. Primero como provocadora artista, causando el enfrentamiento entre el moralista presidente Yrigoyen, y los liberales, y golpistas, nucleados por Natalio Botana, en el diario Crítica. Fue huésped de honor del presidente Perón en 1952, a  meses del fallecimiento de su amiga Evita. En los sesenta, visitaba intermitentemente Buenos Aires con sus doce hijos adoptados, de distintas razas, la “Tribu Arco Iris”, para estar cerca de su gran amor Joe Bouillon. Una joya negra, un ejemplo de humanidad, que luchó por un mundo a venir.

La ciudad estaba conmovida apenas se supo la novedad que La Diosa de Ébano vendría a Buenos Aires, en exclusiva al Teatro Astral, a partir del 29 de mayo de 1929, en una gestión de su inefable marido-manager Giussepe “Pepito” Abatino. Eran los últimos cartuchos de la Argentina que tiraba “manteca al techo”, y los grandes artistas, marcaban en rojo sus rutas entre New York, París y Buenos Aires.  Baker era un imán de sensaciones y voces a favor, y en contra; luego del suceso  la Revue Negre en 1925 en el Folies Bergère y Casino de París, que con su talento mezclando comicidad y erotismo, había llevado a otro plano alejado los prejuicios racistas. Josephine bailaba con un cinturón de bananas, en un decorado armado por el eurocentrismo, pero liberaba el cuerpo, en especial el trasero –central en la danza desde el rock and roll hasta el reggaetón posterior-, en un nivel que las flappers de los Años Locos nunca alcanzaron.  Aprendido a los golpes, en medio del cruento racismo, Baker nacida el 3 de junio de 1906 en Saint Loius, sobreviviente de la masacre de negros de esa ciudad en 1917, vibra entre ragtime, jazz y, obviamente, blues. Podía sacudir los pies, y otras partes del cuerpo, pero Baker destrababa mentes con su danza y canciones, por ejemplo J’ai deux amours (Tengo dos amores), declaración abierta a la libre elección sexual. Claro que este combo era letal para el moralismo krausista del presidente Yrigoyen, que hizo lo imposible para censurar la visita de la estrella negra, quien solía aparecer con sus bamboleantes senos al aire.

Por otro lado, una maniobra poco inteligente del viejo líder radical cuando los conservadores, liberales y militares venían gestando el golpe de Estado, finalmente consumado el 6 de septiembre de 1930, y que sería entre otros motivos, por la “tiranía y dictadura” del Peludo. Recordemos que unos meses antes había prohibido las mallas en la Costanera Sur.  Y los medios ¡católicos! lo corren por izquierda acusándolo de pacato y déspota, que “atenta contra la libertades individuales”

Baker venía de una gira que si bien había recibido aplausos en varias ciudades europeas, en Austria los nazis agredieron verbalmente y, en otras ciudades alemanas, grupos racistas manifestaban violentamente contra suya en las calles. Los argentinos estaban divididos entre los liberales, que celebraban la modernidad de una sociedad que recibía una artista negra, y los conservadores, “las personas están indignadas”, anota el nacionalista Manuel Gálvez, que dejan caer el velo de la xenofobia y racismo, un tema del cual no se habla pero que reaparece hasta el día de hoy.  Como bien señala Sergio Pujol, “Josephine resume todas las postergaciones que la modernidad intenta disimular: negra, pobre, víctima del racismo norteamericano, transgresora en materia sexual y…mujer” Y, enfatizamos, en el caso argentino ponía en el tapete la tan soterrada “negritud”, que sigue siendo discutida en la actualidad pese a que científicamente se calcula que el 70% de los habitantes de esta tierra tienen antepasados negros; y que en la cultura, el tango se reconoce un legado de los afroargentinos. Tango de los veinte, que brillaba sin escamoteos, en salones aristocráticos tanto como en piringundines. 

Toda esta suma de males, la falta de visión de Yrigoyen, los golpistas conservadores, el odio racial y la incompresión del linaje cultural, hacen que apenas arribe al puerto de Buenos Aires, aclamada en la calles, sea Baker demorada varias horas porque tenía que rubricar el “pianito”, la huellas digitales que exigía una –racista- policía.

Josephine Baker excita

“Se me utiliza como una bandera que unos enarbolan en nombre de la libertad, y otros desgarran en nombre de las buenas costumbres. Algunos me toman como bandera, y a otros les repelo. El presidente Yrigoyen toma partido en contra mío en el diario La Calle, y sus adversarios que se hacen amigos míos, le responden en Crítica. Cuando llego al teatro, rodeado por la policía, los canillitas (sic) libran una batalla encarnizada. Y los de Crítica forman fila para protegerme. Por último, a salvo en mi camarín me siento enferma. No conozco los asuntos políticos de la Argentina y siento que soy un pretexto…Siento que mi corazón naufraga” diría en unas memorias de los setenta de su primer paso por Argentina “Josefina (sic) Baker continúa siendo una gran atracción de primer orden en Buenos Aires” –aparece en Crítica el 2 de junio de 1929, bajo el título “Josefina (sic) Baker excita la curiosidad  del público”- , un número que no llega al gran público debido a sus altos precios…está en el interés de todos….después de cumplido su compromiso, la calle parecía un meeting, una manifestación pública…eran hinchas como diríamos en la jerga footballística (sic)…querían ver de cerca a la Venus de Ébano, comprobar si su color era ladrillo, color canela, color de chocolate o betún (sic) Lo positivo es que Josefina (sic) he revuelto el avispero de Buenos Aires. Hay quien se indigna con la elevación a la categoría de astro de esa “negrita que podría cebar mate, mejor” (sic) Hay quien la considera incomprensible en su endiablado arte; quien no transige con ella y se empeña en vestirla, como el presidente Yrigoyen (sic)”, remata trayendo agua al molino sedicioso, que se incuba en los diarios y los cuarteles. También una notable pieza que conjuga sarcasmo político, odio racial y de clase, y tensión sexual. Yrigoyen había comisionado a los inspectores municipales para que verifiquen, en cada función, que la señorita Baker no se desnude. A propósito de meeting, más acorde a la jerga política, en la función del 6 de junio hubo en plena calle Corrientes, en las puertas del Astral, una batalla campal entre yrigoyenistas y antiyrigoyenistas. Todos reunidos por Josephine.  

 “La gente de color ha invadido los escenarios del mundo artístico y Josephine es un sexo que se mueve y nada más. Es el símbolo del ritmo del momento (jazz), está en la sangre que corre en las venas de todas las ciudades con una velocidad digna de –camión de bomberos- Seagrave”, advierte un cronista de la revista Comedia, y denota no solamente prejuicio, sino que una percepción de un mundo nuevo, que venía raudo con Baker. Uno que a ella, con las libertades de la atmósfera del “París era una fiesta”, permitió una vida de extravagancia y riquezas, animales exóticos en mansiones, y una mascota guepardo, Chiquita, con la cual se paseaba de la mano de los mejores diseñadores. Una vida que siendo negra en Estados Unidos era imposible, y que lo fue, en los varios intentos fallidos por retornar a su país, humillada, segregada, obligada a actuar solamente para los afronorteamericanos. Si lo llegó a ofrecer cien mil dólares en Miami con la condición de que se niegue a abrir la platea para negros y blancos. Josephine no se negó. Baker, cansada de la persecución del FBI, se hizo ciudadana francesa en 1936.

 “La Baker –registra el diario Crítica el día de la partida de la artista, en donde realizo casi 200 presentaciones, entre Buenos y algunas ciudades del Interior, su punto alto, y popular, en Latinoamérica- fue en todo momento una figura rodeada de excesiva popularidad. En las calles céntricas, si alguna vez se pretendió cruzarla de pie, se veía envuelta de centenares de curiosos que deseaban ver de cerca a la extraña danzarina. Consiguió también la Baker preocupar el espíritu patético (sic) del imperturbable y esfíngico señor Yrigoyen; la faz inmutable del presidente expresó cierto día un gesto desagradable y ordenó por imperativo mandato que el cuerpo moreno fuera cubierto con tules y gasas que evitarían la profanación concupiscente de las arcaicas costumbres de nuestros pueblo”, cierra el editorialista apuntado sus cañones el golpe de 1930, y, simultáneamente, a la moral burguesa.  Baker deja la Argentina con un gusto amargo, los argentinos quedan con una puerta abierta de visibilidad de la negritud, de alternativa a la mirada hegemónica eurocéntrica, de una fiesta en códigos populares,  que tendría ecos en un lejano 17 de octubre de 1945.

¿Dónde están los negros en la Argentina?

En noviembre de 1952 volvió Josephine. Retornaría como “huésped oficial” del presidente Perón, a raíz de los vínculos que Malena Legrand había hecho entre ella y Eva Perón. Malena, figura clave de la resistencia peronista posterior a 1955, era muy amiga de Evita, y fue el nexo para que durante varios años la Abanderada de los Humildes estrechara lazos, llamados, cartas y emisarios, con Baker. Un pasado de discriminación, y resentimientos, por qué no, las unía. Evita sabía de las acciones valerosas de espionaje que Josephine había desarrollado en la Europa y África ocupada de los nazis y, de sus viajes encubierta a Estados Unidos,  con el fin de ayudar económicamente a los negros, y construir el futuro movimiento de derechos civiles. Excursiones que no eran ignoradas por el FBI, que puso rápidamente en la lista de “potenciales comunistas” a Baker, peor cuando en 1952 retorna a la Argentina para colaborar con la Fundación Evita en acciones sociales. Entre sus gestiones estuvo la constitución de un “Instituto Antirracista Argentino” en Buenos Aires,  de acuerdo al historiador Ignacio Cloppet, en lo que sería un proto INADI - Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo.

Perón encomienda a su ministro Ramón Carrillo la asistencia de Baker. Y surge la anécdota en el primer encuentro, “¿Dónde están los negros en la Argentina?”, y el eminente sanitarista respondió: “En estos momentos solo hay dos, usted y yo” Quizá por las diferencias idiomáticas, o por alguna cuestión reivindicativa que afloró en la iracunda Josephine, la visita fue una tortura para Carrillo por las desmedidas exigencias de la artista, una ambulancia equipada para Florencio Varela de un día para el otro –todas las nacionales estaban afectadas al Interior- o “lavados de cabeza” ante la situación de enfermos en hospitales de General Rodríguez –leprosos que Josephine visitó sin ninguna medida sanitaria que la proteja, abrazándolos y besándolos- y Mercedes, cuando ambos nosocomios eran modelos de América Latina.

“Si caso contrario vuestra excelencia no tiene el propósito de sostener a la señora Baker como inspectora extranjera y ad honorem de materias que presuntivamente no conoce, le estaría agradecido que me lo expresara como si en su lugar me hubiera enviado una hermosa rubia ya que con esta señora nos entenderemos con dificultades, que comenzaron el maldito día en que tuve la peregrina idea de decir que en la Argentina no había problemas de negros, ya que los únicos negros eran algunos ordenanzas del Congreso, ella y el subscrito”, rubricaba disgustado Carrillo,  una carta personal a su amigo Perón. Esos mismos días Baker se reuniría con descendientes de japoneses, y narraría los terribles campos de concentración de sus connacionales en Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial. Para aligerar las tensiones contra ella de los jerarcas del gobierno, Baker debutó en el auditorio de LR3 Radio Belgrano, y bailó y cantó en un teatro de la calle Corrientes con la revista Nouvelle Eve. Y expresó a Perón que “no deseo irme de Argentina”,  y que regresaría pronto.

Aquello ocurrió en los sesenta. Josephine giraba y giraba acuciada por las deudas de una vida disipada en el castillo, Les Milandes, en la Dordoña francesa, por otra parte, cuartel general en el cual Baker pretendía demostrar con su familia multirracial, un mundo integrado. Villa del Mundo - Capital de la Fraternidad, inaugurado en 1949. Allí viviría con Jo Bouillon hasta fines de la década del cincuenta, uno de sus doce maridos. Bouillon se trasladó a Buenos Aires en los sesenta, y se convirtió en un exitoso empresario gastronómico local con Le Bistró, en pleno Palermo, Demaría y Sinclair, y que atendió personalmente hasta 1983. La estrella de Baker se estaba apagando, al igual que el dinero,  y pasaba varias semanas con sus doce hijos, prácticamente una desconocida para los porteños del Di Tella, las minifaldas y la autodenominada Revolución Argentina.  Luego de ser desalojada de Les Milandes, y terminar en la calle en 1968, su admiradora Grace Kelly le brindó la estabilidad suficiente para su vuelta al espectáculo por la puerta grande. Regresó a París aclamada el 8 de abril de 1975 y, una semana después, en medio de un show, fallecería por un derrame cerebral.

Para finalizar los vínculos con Argentina, Akio Bouillon, el mayor de los niños de la Tribu Arco Iris, residió en Buenos Aires varios años partir del fallecimiento de Josephine, y trabajó en la desaparecida sucursal del Banco Nación en París, durante los noventa.  Con él vino Koffi, originario de Costa de Marfil, que en los dos mil aún vivía en el país. Ellos fueron parte de un sueño de hermandad de Baker, “Toda mi vida luché en defensa de lo que creí. En el ideal de la fraternidad universal, en lo que representan Les Milandes. Me precipito y lucho. Tal decisión me es natural porque para mí la justicia humana ha sido una lucha ganada al materialismo”, enarbola Josephine, una precursora de los derechos humanos, a los que les puso pies y corazón negro.

Fuentes: Pujol, S. Valentino en Buenos Aires. Los años veinte y el espectáculo. Buenos Aires: Emecé. 1994; Crítica. Arte y sociedad en un diario argentino (1913-1941). Catálogo Fundación OSDE. 2016. Buenos Aires;  Carrillo, R. Carta al presidente Perón en 1952 en  https://lasegundatirania.blogspot.com/2010/04/comision-14-ministerio-de-asistencia_3210.html#ixzz6xyiWI1Jk; https://nacionalypopular.com/2020/06/04/peron-y-josephine-baker-contra-el-racismo/, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2837-2006-08-18.html

Fecha de Publicación: 10/07/2021

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