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Buenos Aires - - Jueves 02 De Diciembre

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Jorge Cafrune. Más peligroso que un ejército

El folklorista jujeño renovó la escena de la música popular con su canto ancestral, bien gaucho. Su misteriosa muerte aún despierta dudas y preguntas.

Música
Cafrune

En cada rincón del mal llamado Interior una voz inconfundible sigue saliendo de cualquier parlante, humilde u oneroso, una que trae la estatura de la leyenda de Jorge Cafrune. El Cantor del Pueblo, clave en la modernización folklórica de los sesenta que aún perdura, padrino de Mercedes Sosa y Jorge Larralde, aró la huella de Atahualpa Yupanqui, y  a la manera del Payador Perseguido, molestó a los poderosos. Por sus letras y opiniones comprometidas y libertarias, por sus ventas millonarias de discos, y recitales atestados, vaya donde vaya con sus penetrantes ojos negros, y su barba enraizada con el gaucho “No soy poeta, soy cantor y hago canción lo que escriben los poetas de mi país” afirmaba este enorme difusor de la cultura argentina en el mundo, y moriría de manera absurda en una ruta nacional, fundiendo Cafrune su sangre con la savia de la Patria.

Hijo de un inmigrante sirio-libanés de Jujuy, Jorge Cafrune nació el 8 de agosto de 1937 en la finca familiar de “La Matilde", situada en El Sunchal, Perico del Carmen. Pasaría su infancia aprendiendo las tareas rurales, viviendo a caballo, ya con su guitarra a cuestas,  y se trasladaría de adolescente con su familia a la capital salteña. Allí trabajó en el bar Madrid de su tío Ramsy Cafrune, tras del mostrador y como mozo, y resultó casa hermana de sus primeras guitarreadas. Conocería a Luis Valdéz, Tomás Campos, Gilberto Vaca, y formarían “Las Voces del Huayra”, nombre sugerido por su tía Amelia Murillo. Con ellos grabaría su primer disco en 1957 y, descubiertos por Ariel Ramírez, se presentarían en el Salón Dorado de Mar del Plata. Son contratados por el prestigioso sello Columbia, en tiempos que Cafrune realizaba el servicio militar obligatorio en Jujuy, y una serie de contratiempos hace que forme un nuevo grupo, “Los Cantores del Alba”, con los mismos integrantes que el anterior conjunto salvo Javier Pantaleón por Valdéz. Asimismo forma un dúo con Alberto Sauad. Cafrune imponía su irresistible presencia escénica, su voz profunda, un rasgueo suave y un cancionero de corte yupanquiano, y a principios de los sesenta decide lanzarse como solista. El debut fue en el Centro Argentino de Salta. Ignorado en el medio folklórico local, emprende una exitosa gira por Uruguay y sur de Brasil, apalancado en sus llamativas presentaciones en el Canal 4 charrúa.

Enterado de este cantor que rompía moldes en la costa oriental, Jaime Dávalos lo invita a actuar en su programa "La Pulpería de Mandinga" por el Canal 9, y, luego, le abre las puertas de radios y teatros porteños. Dávalos también gesta su participación en el segundo Festival de Cosquín, en Córdoba, cuando aún no era un multitudinario encuentro de folklore, los pobladores querían borrar la asociación de la ciudad con la tuberculosis, pero que ya era caja de resonancia de los nuevos vientos en el género. En 1961 había consagrado a Horacio Guarany, en 1962 otorgaría el primer Premio Revelación a Jorge Cafrune; quien había sido escuchado de casualidad en la confitería “Europea”, y lo invitan a participar, fuera de cartel. Durante una década el Turco Cafrune ayudaría a consolidar la plaza Próspero Molina, escenario mayor de las novedades y polémicas para siempre del folklore argentino, y modificaría el panorama de la música popular, por ejemplo presentando hasta allí a una poco conocida cantante,  en 1965 "Seguramente tendré problemas con la comisión organizadora del festival. Les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo y que como les digo, aunque se arme bronca, les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa", que habría sido vetada antes por la filiación comunista; Sosa, además,  cabeza saliente del desafiante Nuevo Cancionero.

En paralelo a su triunfo en Cosquín, Cafrune obtiene el primer premio del 2º Festival Odol de la Canción con la zamba de Marta Mendicute,  “Que seas vos” y, casi de inmediato, su versión de “Zamba de mi esperanza”, de Luis Morales, se convirtió en un extraordinario éxito, con millones de sencillos vendidos. La banda de sonido de los sesenta nacionales cuenta a Cafrune. Justamente en Cosquín recibiría la distinción de CBS por varios discos de platino. Inicia maratónicas temporadas en el Teatro Odeón de Buenos Aires aunque  el campo tira el cantor gaucho. En 1967 emprende "De a caballo por mi Patria. Homenaje a D. Angel Vicente Peñaloza (El Chacho)”, un descomunal recorrido desde La Quiaca hasta la Patagonia que dura casi dos años, y lo deja en la bancarrota, aunque con la satisfacción de cantar en teatros y boliches de todo el país, cantar a los pobres "Nuestro canto nace de a caballo, nuestro hacer americano nace de a caballo (….). En el 67 inicié una gira a caballo por las capitales de provincia uniendo a cada población, a cada gente, de esa gente callada y humilde que tenemos en el interior del país", recordaba una inédita experiencia, también que Cafrune documentaba en cintas y fotografías, y que inspiraría al proyecto de los ochenta de Gustavo Santaolalla y León Gieco. Claro, en distintas realidades, Cafrune iba en una caravana de caballos y desvencijada casa rodante, y hasta una vaca lechera, que la esposa del artista usaba para alimentar a la familia. El Cantor del Pueblo organizaba espectáculos con los pocos recursos de la gente de cada región, no existían los representantes,  y compartía escenario con los valores regionales; en una de esas vueltas por la provincia de Buenos Aires cantaría los versos de un cantautor ignoto de Huanguelén, José Larralde. Y el alimento, más de una vez salía cazar Cafrune animales salvajes para comer porque no había dinero con qué pagarle. Dice la leyenda que los paisanos se arrimaban al costado de la ruta, y aplaudían a Cafrune, veían una especie de Santo Gaucho, y que les cantaba desde el caballo.  

Anclao en Madrid

Para la década siguiente Cafrune conformaría un convocante dúo con el niño Marito, Mario Guillermo Perrotta, al que conoció en el Festival del Canto Argentino de Balcarce.  Con él haría giras internacionales en Estados Unidos, Europa y África, y decide Cafrune radicarse en España, dejando a su familia en Los Cardales, su casa bonaerense en el país. Cafrune fue una estrella en la península ibérica, de esas que firman autógrafos. En YouTube puede verse su actuación en el programa prime time de  Raffaela Carrá, y cómo trastoca este pulcro gaucho, siglos de colonización en los versos  de Miguel Hernández y una sentida versión de “Zamba de mi esperanza” Cafrune tal vez fue el mejor recitador de las cosas nuestras, y sus performance del Martín Fierro son un clásico. Sería en España además cuando establece vínculos con Juan Perón, que apreció inmediatamente al artista popular, y se gana la antipatía del siniestro José López Rega y la derecha peronista.   

En los cinco años en tierras hispanas también se separa de su primera esposa, Marcelina Amalia Gallardo, madre de sus cuatro primeras hijas, “Encarnación. Como la mujer de don Juan Manuel de Rosas, un gran caudillo que tuvimos nosotros: el hacedor de nuestra querida patria. Todos los nombres de mis hijas tienen una significación: Yamila (también folklorista), la heroína de la revolución argentina…Victoria, la mujer del "Chacho" Peñaloza, gran defensor del federalismo. Delfina, la mujer de Pancho Ramírez, otro caudillo nuestro”, decía Jorge, y casa con la española Lourdes López Garzón, de esa unión nacen Facundo y Macarena.

En aquellas giras Cafrune pule un repertorio nacional sin edades ni fronteras, entre ellas, “Las golondrinas” (E. Falú-J. Dávalos), “Milonga del solitario” (A. Yupanqui), “Zamba de mi esperanza” (Luis Morales), “Virgen india” (Hermanos Albarracín), “Zamba por vos” (Alfredo Zitarrosa), “El último sapukai” (O. Valles), “Guitarra, dímelo tú” (Yupanqui), “Recuerdos de Ypacaraí” (D. Ortiz-Zulema de Mirkin), “Sudamérica” (J. Dávalos) y “Coplas del payador perseguido” (Yupanqui) y, un infaltable, “Luna cautiva”(Chango Rodríguez). También el cine se hace eco de la calidad artística de Cafrune, y aparece en “El comisario del pueblo” (1967) de Enrique Carreras, y “Argentinísima” (1972) de Héctor Olivera.

"Si mi pueblo me la pide, la voy a cantar"

A los 40 años, Cafrune que había vendido millones de discos y había grabado discos capitales del género, estaba en el punto más alto de su creatividad. “Emoción, canto y guitarra” (1964), “El Chacho, vida y muerte de un caudillo” (1965), “Jorge Cafrune interpreta a José Pedroni” (1970), “Jorge Cafrune canta a Falú, Yupanqui y Dávalos (1972)” y “La vuelta del montonero” (1973) eran los principales títulos fundamentales de la música popular, y que se sumaban a “Cafrune en las Naciones Unidas” (1976), que fue grabado en vivo en una resonante gira tras el suceso de una visita anterior en compañía de Hugo del Carril, y “Yo le canto al litoral” (1976), centrado en el bandolero Isidro Velázquez.  En el análisis contemporáneo de Yamila, recogido por Gabriel Plaza en el diario La Nación, “Había dos épocas y dos repertorios que se unificaban en la voz del papi –como lo recuerda - Uno eran los clásicos neutrales como 'Virgen morenita', 'Paisaje de Catamarca', 'Virgen niña', 'La cautiva' o una zamba como 'Zamba de mi esperanza', que la gente le dio un contenido político que no tenía –los militares genocidas la habían vetado porque contenía la palabra “esperanza” en el título- Después tenías las canciones netamente militantes como 'Alambrado de veranada', 'Milonga del fusilado' y 'El orejano', que tenían que ver con lo social", cerraba la folklorista. Mal momento para esta segunda vertiente comprometida en 1977, fecha de su regreso de Cafrune a las rutas argentinas, pero el Cantor deseaba estar con su Pueblo en los años de plomo y desapariciones.

Luego de problemas con la policía en presentaciones anteriores en pequeños pueblos cordobeses, había cantado las prohibidas “El orejano” y “Hombre con H”, y tras cinco años de ausencia en Cosquín, un 24 de enero de 1978  Cafrune escucha que piden desde la audiencia "Zamba de mi esperanza" Con una sonrisa chúcara advirtió a los organizadores, "Aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar", dijo ante la pétrea mirada de los jerarcas del régimen en el palco preferencial, varios condenados por delitos de lesa humanidad.  Fue una noche de fiesta y miedo, y partió en su viejo Valiant a despedir a sus hijas. Tenía en mente un épico homenaje a San Martín, a 200 años de su nacimiento. Nunca más las volvería a ver.

"La significación de este homenaje surge cuando yo me entero que van a reunirse en Yapeyú ocho o diez mil hombres de a caballo de todo el país. Llevarán sus caballos en camiones, y entonces yo inmediatamente me dije: 'Pues yo voy a ir en caballo, ya que tengo el tiempo y tremendo gusto'", le dijo al periodista Miguel Franco en el programa “Un alto en la huella” de Radio Argentina, unas semanas antes Cosquín, y en los archivos sonoros del Museo de Arte Popular José Hernández se puede escuchar, “A mí me controlan los que viven a la vera de los caminos, pero como no tienen ni medios ni periodismo, no lo escucha nadie. Si quieren verme, que me sigan el rastro”, amenazaba en el remate de adelantar la epopeya de unir los 750 kilómetros entre Buenos Aires y Yapeyú, Corrientes.

Una calurosa mañana del 31 de enero de 1978 sale de la Catedral de Buenos Aires, bendecido por el monseñor Daniel Keegan antes de montar su caballo, un bayo, y acompañado por unos pocos gauchos, que le dejan con su amigo Fino Gutiérrez en las cercanías de Escobar. Queda con él solamente una camioneta al mando de su esposa Lourdes embarazada de Macarena. Hija que Jorge no conocería. Esa misma noche, en el relato de Juan Carlos Kreimer, en el diario Página/12, “avanzan por la banquina izquierda de la ruta 27, al tranco rumbo Pacheco, él tararea a media voz, un aire, por momentos huella, en otros triunfo, cuando dos luces desorbitadas se salen de la ruta y se les tiran encima. El primero en ser embestido es Fino, que vuela unos veinte metros y cae entre los yuyales. En la misma fracción de segundo, el vehículo hace un trompo y roza su caballo: el bayo alcanza a corcovear y lo manda de plano sobre el borde del pavimento. El bayo, antes de desplomarse, lo pisotea. Cuando Fino se le acerca, sus gritos de dolor se confunden con la agonía del animal. Se me reventaron los pulmones, no puedo moverme, balbucea, ayudáme. El lugar, la ruta esquina calle Tirso de Molina, se llena de linternas y soles de noche, serían las once. La camioneta ya ha desaparecido. Hay versiones que los caballos venían por la derecha y fueron embestidos por detrás”, narra el periodista de unos segundos desesperados, en los cuales Cafrune sólo atina a pedirle a su amigo que cuide de su familia. Herido de muerte, el artista es trasladado al Hospital de Haedo, luego de varias horas de indecisiones, remarca “¿Quién mató a Cafrune? Crónica de la muerte de la canción militante” de Jimena Néspolo (Tinta Limón.2019), y fallece el 1 de febrero de 1978. Néspolo adhiere a las hipótesis de un asesinato político por la dictadura, existen versiones de detenidos-desaparecidos sobrevivientes quienes aseguran haber escuchado a militares habérsela jurado, aunque existen otras fuentes que señalan a López Rega, quien dijo que “Cafrune es más peligroso que un ejército”, como autor intelectual del homicidio, con las oscuras redes aún en actividad de la criminal Triple A, remozadas por el policía bonaerense del ominoso general Camps. De todas formas la familia ha sostenido la causa a un accidente en estos cuarenta años. A propósito, el conductor de la camioneta roja Dogde, que era utilizada para comprar papel en desuso al ministerio previamente manejado por López Rega, es identificado rápidamente, un joven de 19 años,  Héctor Díaz, pero pronto es dejado en libertad por una ley de tránsito de 1949 (sic) que dice que los jinetes pueden ir por la banquina,  con tal de que lo hagan de uno en fondo. Días después, la familia Díaz desaparece de la zona. Sobre la banquina, quedó desparramada la tierra de Boulogne-Sur-Mer que transportaba Cafrune, la tierra de la última morada del Libertador de América.

Jorge Cafrune fue un inspirado en los secretos de nuestra identidad. Cuando estuvo en Nueva York, luciendo su gaucha figura por las calles, reflexionó con la sabiduría de un arriero, "No sé si sus edificios son altos o las calles muy profundas" O si le preguntaban sobre el matrimonio, “el casamiento no es una posesión, sino un convenio de vivencias” Un gaucho retobao a quien le “gusta la vida. Mi mayor virtud es la sensibilidad para poder percibirla", y en eso revalorizó la poesía popular, esa que afirma humilde, y extraordinaria, las vivencias de los pueblos. E hizo que la esperanza fuera para siempre Argentina.

Dice Jorge Cafrune

“El conseguir un sentimiento nacional en un país como el mío va a llevar años, porque no se puede obligar a nadie a querer a nadie. Se quiere por libre. Es un proceso que vendrá con la fusión de las generaciones, hasta que lleguemos a un rumbo en que todos pensemos que una de las principales cosas del hombre es la patria, la tierra, el respeto a sus tradiciones, a sus formas. Pero eso no ocurre por un decreto” a Emma Claves en la española revista Telva, 1972. En www.raicesdetradicion.blogspot.com

Dicen de Jorge Cafrune

"Cafrune tiene una personalidad y sello propio, muy fuerte. Y eso llama mucho la atención, el sonido que tiene a la hora de interpretar y tocar la guitarra. Es único y para nosotros significa mucho porque siempre ha estado a favor de la gente que menos tiene. De los peones de campo. Y porque en las épocas más nefastas, como durante la dictadura militar, se rebeló ante eso, cantando canciones prohibidas y siendo como era: alguien que no se callaba ante nada. Es figura referente de la música popular y por su ideología" por el folklorista Bruno Arias, jujeño también, a Infobae Cultura.

 

Imagen: Télam

Fecha de Publicación: 08/08/2021

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