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Himno Nacional Argentino: después de Charly García, jamás volvió a ser el mismo

Aquella disparatada polémica, que despertó la versión del colosal rockero a principios de los 90, en realidad fue la bisagra de una serie de versiones y remodelaciones que buscan sumar público y sentimientos de unidad.

Música
Charly Himno Nacional

Desde que tenemos uso de razón, determinados símbolos patrios conviven cada segundo de nuestras vidas en esa tradicional cotidianeidad donde ellos se dan por sentado dentro de la identidad que asumimos como ciudadanos. Sin dudas la bandera y el himno son los elementos más icónicos, los cuales conocemos desde un contexto infantil para luego con el paso de las décadas insuflarles otro significado que el meramente identificatorio. Para los amantes de la música en general, la historia del Himno Nacional Argentino denota un derrotero muy especial en cuanto a su estructura y forma de interpretarlo, composición de Alejandro Vicente López y Planes que en el viejo milenio tuvo distintas versiones donde la ejecución del mismo siempre provocó quejas, saturación y hasta fastidio por la manera de inferirle a la versión en vivo la cadencia que lo convirtiese en una canción muy cercana al paladar pop para deleite general. De acuerdo a las personas encargadas de tocarlo y dar el contexto correcto al tema de una partitura muy compleja y eclíptica en distintas partes de la misma, no siempre las versiones grabadas o ejecutadas ante el público alcanzaron en esos momentos a provocar una empatía como generan otras composiciones patrias en el mundo.

 

La industria discográfica de los años 60 no puso demasiado esmero en publicar discos de la canción patria con la producción artística que el tema merecía, añejas épocas donde el clásico emblema sonoro de la patria sonaba en muchos casos tocado a los ponchazos y sin la cuantización apropiada para generarle una impronta emblemática. Las versiones del himno tocadas por distintas orquestas, muchas provenientes de formaciones policiales o del ejercito argentino le pusieron la limitada onda que el tema permitía sin perder aquella pátina solemne o conmovedora que supuestamente debería generar, tiempos donde ciertas orquestas de formación clásica exageraban el barroquismo de un clásico que además tiene en su desarrollo una serie de candorosos cortes, aceleraciones y duro planteos ralentistas que obviamente no la convierten en una partitura de fácil interpretación. En numerosas y distinguibles situaciones, el término que se aplicó para su versión en vivo fue denominada como “ejecución del himno nacional” y están totalmente en lo cierto, puesto que el himno en manos de músicos amateurs o desmotivados, fue verdaderamente “ejecutado” y a nadie le quedan dudas que le resultó imposible sobrevivir a interpretaciones plagadas de duros cafonismos o groserías climáticas en sus pasajes más contrapuestos.

 

Para mal de males, a finales de los complicados años 70, las versiones grabadas de la canción patria estaban almacenadas en vinilos muy desgastados por el uso en aparatos que con cada pasada, le iban adicionando un inevitable desgaste al surco produciendo ese muy tradicional sonido de manoseada “bolsa de papas fritas”, donde las melodías asomaban en esas versiones realmente muy opacadas y también alteradas en ciertos instantes por la púa que decidía ante cierto deterioro hacer “motocross” sobre el acetato, un vulgar chiste físico que le daba un contexto de rap o aporreada edición por la fallida calidad del soporte. Cada tanto en el Teatro Colón por actos patrios, la orquesta sinfónica de turno congregada en la ocasión lo aggiornaba con afecto mínimamente por la infrecuente cifra de músicos juntos en una formación, dándole una impronta más emotiva pero también afectada por algunos modismos de pulsión, donde ciertas notas o silencios estaban exagerados para conformar a los puristas que no permitían demasiada variedad en las modulaciones o arreglos de una obra que por su estructura amerita infinita concentración en la manera de tocarlo. A fines de los años ‘80s, el tema asomaba descuidado en sus interpretaciones y encima herido por la falta de un soporte correcto de reproducción, algo que con la llegada del por entonces novedoso “compact-disk”, no solo brindaría una solución, sino que el formato contribuiría a la masificación del CD como tradicional objeto cultural para poder escuchar música.

Charly

Al Himno Nacional Argentino le estaba por llegar su “gol de oro” para alcanzar una fuerte carga difusional en todas partes del país, más allá de ser interpretado y cantado en todos los actos escolares o gubernamentales de nuestra nación. En la época en que publicaba casi un disco por año, el rockero Charly García, bastante disconforme por las versiones que existían en ese momento de la canción patria, a las que describía como tocadas por “la orquesta de la cana”, comenzó a finales del año 1989 en algunos ratos libres de la gira de “Cómo conseguir chicas” a preparar su versión del himno, tarea que no se filtró por esa época a los medios, cuando Internet y las redes sociales eran ciencia-ficción. Lo cierto es que, entusiasmado por darle un arreglo muy personal y distintivo a la canción creada por Alejandro Vicente López y Planes, el fundador de los grupos “Sui Géneris” y “Serú Girán” comenzó lentamente una serie de maquetas en máquina multicanal que derivaron en su recordada versión del himno argentino, publicada finalmente en el octavo álbum como solista llamado “Filosofía Barata y Zapatos de Goma”. La edición de este disco, lanzado el 15 de julio de 1990, lo que menos produjo fue indiferencia. Las radios, insólitamente muy seducidas por una versión del tema patrio con mirada rockera, comenzaron a difundirla y ahí llegaron los rebotes de la masificación de una obra desde otra mirada.

 

Como suele ocurrir en estos casos, donde ciertas personas se atribuyen el curioso derecho de pensar por los millones de personas que habitan cotidianamente esta parte del planeta, algunos consideraron que la versión del himno nacional de nuestra nación interpretada en esta ocasión por el rockero, constituía una ofensa a los valores y elementos nacionales. La brutal estupidez de evaluar una pieza artística de acuerdo a sus conveniencias y pedir la inmediata cancelación del tema en las radios, como era de esperar, provocó un efecto muy contrario al deseado, pues la mayoría de las emisoras de AM y FM decidieron probar esa nueva versión de la máxima canción nacional para no quedar despegadas de un fenómeno muy curioso en el arranque de los 90, cuando el menemismo recién desembarcaba en la órbita política creando una supuesta esperanza tras el boom inflacionario alfonsinista. Las denuncias que se hicieron en la justicia para impedir la difusión del track incluido en el disco “Filosofía Barata y Zapatos de Goma”, durante unos días tuvieron en vilo al artista y después de ciertas verificaciones, amén de las presiones que la gente hizo para que fuera respetada la recreación del rockero, los jueces a cargo de esas denuncias desestimaron las mismas, lo que provocó otro boom de reproducciones en las emisoras radiales. Si esto se hubiese pensado en su momento como una campaña publicitaria del nuevo álbum, jamás habría salido de manera tan espectacular como ocurrió en aquel momento.

 

Al historial del himno nacional encarado por Charly García todavía le faltaba un episodio que pocos recuerdan a esta altura de los acontecimientos. Tal como solía ocurrir en el año del lanzamiento de un disco, el famoso músico elegía las últimas semanas del año para presentarlo en el popular e icónico Teatro Gran Rex en la Avenida Corrientes, lugar que se convertía en cada lanzamiento de sus álbumes en la calida plataforma de oficialización frente a sus seguidores. En 1987 el gran rockero había hecho seis funciones para mostrar su obra maestra “Parte de la religión” en esa sala y durante 1989 había elevado a nueve la cifra de shows para mostrar “Cómo conseguir chicas”, conciertos de los cuales se grabó un material en video que luego apareció como VideoHomeSystem (VHS)de exitosa venta en las tiendas musicales y videoclubs. El éxito de “Filosofía Barata y Zapatos de Goma” en el mes de su edición provocó un enorme boom y en total, el rockero debió programar con el productor Fernando Moya un total de 11 funciones en esa sala céntrica durante el mes de noviembre de 1990. A mitad de esa secuencia, en la noche del jueves 29 de noviembre, en medio del concierto, un joven de unos 20 años vestido con un piloto oscuro subió veloz al escenario y le colocó un arma en la cabeza al músico. En muy pocos segundos, el rockero logró retirar el arma de su sien, mientras dos asistentes sacaban del cuello al invasor justo cuando García mostraba el arma de juguete al público con cierto asco, comentando muy irónico por esos minutos que “esto me pasa por ser el “Lennon del Subdesarrollo”, velada en la cual el himno nacional argentino en su rockera versión cerraba el cautivante show ante el delirio generalizado.

Charly Garcia

Desde el mismo arranque del nuevo milenio, el Himno Nacional Argentino vivió decenas y decenas de versiones para actualizar su sonido y estructura. Por un lado, las orquestas de los teatros líricos oficiales se sumaron a la fenomenología interpretando arreglos algo más contemporáneos, donde ciertos timbres de los bronces estaban más atenuados para aflojar el “efecto Fausto Papetti” que la canción tenía tocada a los ponchazos. Lito Vitale, una de las personas más entusiasmadas en imponer un necesario refreshing del tema, la grabó y tocó con un seleccionado de cantantes en estudio y también en el Teatro Colón, detalle no menor a la hora de generarle un contexto clásico dentro de la mirada contemporánea. Los años fueron sucediendo y otro elemento especial que ayudó a generar nuevas versiones de la composición patria, fue la excusa de incluirla en los partidos de fútbol, rugby, tenis o las peleas de box como bloque artístico previo, arranque de este nuevo siglo donde varias cantantes argentinas interpretaron el himno nacional antes de un match del seleccionado de fútbol, como Marcela Morelo, o la mismísima Sandra Mihanovich interpretando con su icónico cañón vocal el track segundos antes de un encuentro de la Copa Davis. Todos los artistas, de una manera u otra no pudieron ser indiferentes al asunto y hasta Ciro, el cantante y líder de Los Piojos, encaró una versión del himno solo con su armónica que tocó en distintos lugares con enorme repercusión. Tampoco es imposible olvidar que la vuelta de los Fabulosos Cadillacs en este último lustro, se incluyó la ejecución del himno a manos de Flavio Cianciarullo con su bajo, en interpretaciones realmente muy emotivas.

 

En los últimos tiempos, especialmente desde la órbita estatal, se incorporaron variadas versiones del himno, muchas de ellas con el formato “We are the world” incluyendo en el mismo no menos de quince participantes canoros, las cuales aparecieron en formatos de todo tipo para los interesados en estas destacadas remodelaciones. Pero antes de todo eso, aparece un recuerdo que es imposible de olvidar. Como los partidos de fútbol que todos los seleccionados del mundo jugaban en torneos continentales tradicionalmente, antes de los encuentros, se escuchaban las canciones patrias de cada país participante. El fastidio de los espectadores partidarios del rival en cada caso, hacía que las versiones del himno de cada país fueran duramente silbadas, lo que trajo un curioso fenómeno al formato del tema en esas situaciones. En el caso del Himno Nacional Argentino, a la usanza de lo que se denomina en las emisoras AM y FM el “radio edit” (edición radial), la canción patria se escuchaba en su primera parte nada más, dejando afuera el tema cuando inicia su letra con “Oíd Mortales”, breve bloque instrumental que con el paso de los años terminó dando vida a una especie de “sub-himno argentino”. Esa versión se utiliza en muchísimos casos para evitar la versión prolongada y muy recientemente ese abreviado arreglo, es cantado muy guturalmente por los hinchas del fútbol o rugby de una manera fonética tan bochornosa, que lo emitido por esas desafinadas audiencias parece una multitud haciendo gárgaras con la histórica canción patria.

 

Al histórico tema que representa nuestro país todavía le faltaba un nuevo componente de maniobra y ese se lo dio la ley 25636, cuyo artículo primero señala que todas las radios y canales de televisión deben comenzar y cerrar sus transmisiones con la interpretación del himno de la Argentina. Necesitados de tener una versión del tema distintiva para cada una de las emisoras, en la actualidad conviven desde la gran versión multicanal armada por Lito Vitale junto a varios intérpretes en la Televisión Pública, la del añejo guitarrista Jorge Alvarado en formato “radio edit” para la medianoche en Mitre AM o una orquestal casi robótica tocando el tema con igual duración en la FM Aspen, track que se emite a las 05:00AM, sin que nadie entienda porque va en ese horario. El famoso Himno Nacional Argentino, una de las piezas musicales que más versiones tuvo en los últimos veinte años, dejó de ser solo la canción de los actos patrios, la obligada en los habituales eventos gubernamentales o reuniones políticas, para pasar a una obra pop de mayor cantidad de interpretaciones en las últimas dos décadas, lo cual le permitió tener una visibilizarían cultural más fuerte en este milenio con distintos y curiosos resultados artísticos.

 

Condenada a vivir en vinilos de pésima calidad reproducidos en tocadiscos desajustados, el tema a principios de los 90 obtuvo la insospechada licencia de hit popular para las nuevas generaciones gracias a la picardía de Charly al versionarla para las audiencias no tan cercanas al tema. Así como en su momento el muy prestigioso guitarrista Jimi Hendrix encaró una versión del himno de los Estados Unidos que hasta hoy sigue sonando con poderosa regularidad, los numerosos cultores del tema patrio en nuestro territorio hallaron a esta obra bastante oxigenada en las últimas décadas en todos los estilos posibles. En la actualidad es posible hallarla en formato de cumbia o incluso en un arreglo de música house de los tiempos de DJ Deró, composición que tras la versión del bigote bicolor recibió la licencia de ser grabada o interpretada de una manera menos ceñida a protocolos de ejecución de otros tiempos, lo que beneficio a la difusión de un tema que despertó incontables aplausos y también la incomodidad de otros por la forma en que la misma fue grabada o interpretada en vivo. Las polémicas seguirán, pero el himno, pero como suelen decir los radicales, “se dobla, pero no se rompe”, algo que a esta famosa canción le ocurre desde su primer instante creativo.

Imágenes:  Prensa Sony Music Argentina 

Fecha de Publicación: 08/07/2021

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