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Guillermo Vilas: El “artista maldito” que la industria siempre se negó a reconocer

El jugador de tenis número 1 del mundo en el año 1977, además de ser el deportista más importante de la especialidad en nuestra nación, desarrolló una destacada carrera en todas las especialidades culturales, las cuales te contamos con lujo de detalles en este informe.

Música
Guillermo Vilas

Hablar de Guillermo Vilas, no es solo aludir a la persona que marcó un antes y después en el mundo del tenis, convirtiéndose en el número 1 de esta nación en el año 1968 y luego lo mismo nueve años después a nivel internacional cuando ganó todo, a pesar que aquél mecanismo de rating que no quiso colocarlo en las estadísticas en esa ubicación, dado que el deportista marplatense, además de convertirse en una referencia ineludible para quienes empuñan una raqueta, también desarrolló una carrera artística en paralelo que no siempre recibió buenos comentarios o los reconocimientos que ameritaban esos hechos culturales a cargo de un personaje público de su importancia y trascendencia. El gran jugador que se ubicó primero en el chart nacional a fines de los ‘60s mostró su enorme pasión por el arte, específicamente la música, presenciando el histórico Festival de Woodstock o el concierto que The Rolling Stones concretaron en Hyde Park.

A partir del año 1974 los grandes éxitos deportivos de Guillermo Vilas participando en el exterior se hicieron realmente muy frecuentes, pero ya paralelamente a ese fenómeno que el tenista marplatense conseguía comenzaba un derrotero artístico que no todos recuerdan en la trayectoria del histórico deportista argentino. Responsable del boom que marcó sin dudas un antes y después en el tenis con sus triunfos y logros, la carrera artística del gran profesional marplatense no es casualidad ni un manojo de antojadizos caprichos, siendo como se lo definió en algunas publicaciones internacionales de tono social como un “hijo de la contracultura integradora”. En los años ‘70s alternó su presencia en los más famosos courts de tenis con sus estadías en muchos antros culturales o lugares públicos donde los referentes de la cultural exponían sus ideas, tal el caso del Bar Moderno, gran espacio que por aquellas épocas reunía a figuras como Marta Minujín o Federico Peralta Ramos. Estos encuentros para el deportista que jugaba al tenis con su brazo izquierdo fueron totalmente enriquecedores, demostrando a principios de esa década que su pasión por la literatura no era un chiste. Sin mucho apoyo más que el de una editorial menor que por aquél tiempo le pareció anecdótico publicar una obra del marplatense, se conoció el libro “125”, trabajo de poesía que tuvo una venta aceptable y críticas devastadoramente lapidarias.

Guillermo Vilas

Entre 1974 y 1977 el talentoso jugador nacido en Mar del Plata consiguió los títulos más importantes de su carrera, tiempos donde su popularidad creció paralelamente a los éxitos que alcanzaba en distintos courts del mundo. Su ineludible trascendencia en las canchas de los principales torneos del globo por aquellos años se correspondió con la publicación de un libro lanzado por Editorial “El Gráfico”, más precisamente a mediados del año 1976 cuando apareció “Quién soy y cómo juego”, un libro que el astro tenístico desarrolló como una especie de relato biográfico al que adicionó detalles sobre la forma de jugar y toda la gama de golpes y movimientos que aplicaba en la cancha, publicación que vendió más 20 mil unidades el día de su lanzamiento, superando los 400 mil ejemplares en los primeros días de colocado en las tiendas literarias y también en locales deportivos, donde la gente además de comprar ropa, raqueta o pelotas, tenía la chance de llevarse el libro de un gran ídolo tenístico. En aquél momento, el deportista oriundo de la costa atlántica, amante del rock y sus distintas variantes, frecuentaba los clubs de música de los Estados Unidos, en los que compartía conciertos y también zapadas con otros grandes deportistas del rubro que mostraban su pasión por esa música como Vitas Gerulaitis o el mismísimo John McEnroe, muy asiduo ejecutante de guitarra en vivo. Viendo al hierático tenista que siempre provocaba conflictos en la cancha, pero esta vez sobre un escenario tocando una guitarra para músicos zurdos, Vilas advirtió que había llegado la hora de mostrar lo suyo tocando con estos deportistas o también con leyendas del rock que se acercaban admirando como se desempeñaba en los torneos del mundo.

En aquella época no era sorpresa que el tenista terminase de jugar un torneo en EEUU y a la noche estuviese tocando en un club de Los Ángeles o New York, lugares donde mostró que no era un principiante con las seis cuerdas al lado de estrellas como Keith Richards o Ron Wood de “The Rolling Stones”, época donde conoció a Mark Knopfler, del conjunto “Dire Straits”. Lo simpático de aquellos encuentros donde se combinaba la admiración de los protagonistas por lo que el otro llevaba a cabo, deparó un hecho que no es menor para quienes siguieron la carrera del famoso autor del hit “Brothers In Arms”, puesto que Mark Knopfler le contó a Guillermo sus problemas de transpiración tocando en vivo, momento en donde el deportista marplatense le recomendó utilizar los implementos que usaba para jugar al tenis. Por eso no sorprendió que desde un determinado momento en los conciertos de los “Dire Straits”, tanto su líder como otros integrantes de la banda utilizaran vinchas y muñequeras para realizar sus shows. El problema del sudor, gracias al ardid del argentino, fue un simple problema del pasado y todos contentos. De ahí en más Guillermo Vilas y Mark Knopfler se convirtieron en amigos departiendo cenas y espectáculos, amistad que al principio del nuevo milenio tendría un episodio especial en Argentina.

Guillermo Vilas

La relación del tenista marplatense con las estrellas del rock internacional no sorprendió a quienes seguían sus pasos, pues a nivel local desde principios de los ‘70s, el deportista de la costa atlántica se hizo asiduo concurrente a los recitales de músicos argentinos como Luis Alberto Spinetta o David Lebón. Con el famoso fundador del conjunto “Almendra”, el tenista rápidamente estableció una notable amistad donde se combinaban la admiración por ciertas figuras literarias y algunos artistas de rock mundiales, tiempos donde Spinetta invitó muy frecuentemente al deportista marplatense a los ensayos de sus grupos, lo cual motivó al marplatense a ayudarlo en su expansión internacional mediante los contactos de la estrella deportiva con empresarios de Norteamérica. Fue así que fruto de esa amistad y el cariño que se profesaban incesantemente, Spinetta eligió a Guillermo Vilas para que el tenista fuera padrino de su hijo Dante, tiempos donde el marplatense aprovechó aquellos contactos que tenía en el sello discográfico CBS para que Spinetta pudiese grabar en 1978 un disco solista en los Estados Unidos. Lo puntual es que alentado por el marplatense, el rockero desembarcó en Los Ángeles y New York para dicho objetivo en 1978, trabajo que se conoció en la temporada 1980 con el título de “Only Love Can Sustain” (Solo el amor puede sostener), álbum que se comercializó como vinilo importado originalmente, hasta que se editó tiempo después en su edición local. La placa contiene el tema “Children of the bells”, cuya letra en inglés pertenece al tenista marplatense, un proyecto que no tuvo la recepción esperada en Argentina y tampoco en Norteamérica.

 

 

A fines de la década del ’70, Guillermo Vilas también tenía en su haber un gran desarrollo comercial en torno a su nombre. Por aquél momento dos empresas se encargaban de vestir y brindar buen respaldo económico, tiempos de la empresa italiana “Fila” y la francesa “Ellesee” sponsoreaban al máximo tenista argentino, una de las estrellas del panorama que tenía el mundo tenístico por aquellos tiempos. En Argentina, la firma “Topper” primero se había encargado de sacar las zapatillas “Modelo Vilas”, calzado de color blanco para jugar que venía con el famoso borde del tobillo en color azul, incluyendo al costado la firma del jugador como símbolo destacado del exitoso producto lanzado por aquellos años. Habría de pasar muy poco tiempo para que un acuerdo entre Topper y Vilas deparara la salida de la ropa deportiva (remeras, camperas, pantalones y medias) llamada “GV”, vestimenta que apareció en colores celeste y blanco registrándose en esos meses una exorbitante venta a poco de ponerse a la comercialización en la mayoría de las tiendas deportivas. Acorde al tiempo que corría, inmediatamente Wilson apoyó la salida del tubo de tres pelotas “Vilas”, lata con el implemento para jugar que salió realmente como pan caliente en los locales donde se vendían artículos deportivos. En Argentina, a nivel industrial, el antes y después en el deporte blanco con la llegada del zurdo marplatense fue decisivo, ya que las marcas deportivas fabricaron y vendieron vestimenta para esta especialidad, sin olvidar las firmas de raquetas y pelotas para juego o entrenamiento. La construcción de canchas y lugares en Argentina para poder disfrutar del tenis, coincidió con la famosa época en que debajo de las autopistas porteñas diseñadas por el intendente Cacciatore, se fabricaban una detrás de otra muchos courts de polvo de ladrillo, los que todavía siguen en funcionamiento

Guillermo Vilas

A principios de los ‘80s, tas haber vivido un fogoso romance con la princesa Carolina de Mónaco, relación que desarticuló los comentarios homofóbicos que se disparaban sobre el deportista en la época de la dictadura, el tenista marplatense inició la última fase fuerte de su carrera deportiva. Esos meses coincidieron casualmente con la aparición de su segundo libro de poemas, material titulado finalmente “Cosecha de cuatro”, una publicación con nuevo material del jugador en su rol de poeta, libro que contó en su tapa con una pintura del artista Pérez Celis y un prólogo especialmente escrito por el músico Luis Alberto Spinetta, con quien lo unía una relación muy fluida y constante. En la temporada 1982 el marplatense concreta su último año con buenos resultados, llegando en París a la final de Roland Garros y también a las semifinales del US Open, venciendo a Connors en Milán y Rótterdam, haciendo lo propio con Iván Lendl en Madrid y Mónaco, temporada en la que obtuvo siete torneos, lo que le permitió finalizar como número 4 del mundo. El retiro de la estrella marplatense ese año, coincidió casualmente con la temporada en la que el corredor santafesino Carlos Alberto Reutemann dejó la Fórmula 1, un año realmente nefasto para los argentinos que seguían la carrera de estos dos grandes ídolos mundiales. Ya estaba en la mente del tenista oriundo de la Costa Atlántica abocarse más profundamente a todas las cosas que había postergado durante su carrera deportiva, entre ellas la música. La pasión del marplatense asomaba sin filtro alguno por subirse a un escenario, algo que ocurrió el 15 de febrero de 1986, cuando Charly García lo invitó a cantar los coros de “Demoliendo Hoteles” en la discoteca Le Paradis de Temperley, show que en los bises sumó al tenista en ese ansiado rol de coreuta.

 

 

A fines de los ‘80s y con el enorme reconocimiento que recibía fervorosamente en todos los lugares donde aparecía, el marplatense comenzó un romance con la famosa modelo y vestuarista Michelle Tomaszewski, una atractiva dama oriunda de Polonia, con quien se dedicó a disfrutar de fiestas musicales en muchas partes del mundo, como Manchester o Nueva York. En esos lugares el escritor de poesía que había publicado dos libros con una buena respuesta, comprendió que había llegado la hora de pensar en su primer trabajo en la órbita musical. En 1990 una de las radios que más público cautivaba con una propuesta cercana al mundo bailable era la “FM Z95”, radio donde sonaban artistas del género y en donde aparecían las primeras canciones de artistas como “The Sacados”, “Jazzy Mel” y “El Signo”. Entusiasmado con ese fenómeno musical, Guillermo contactó al gran empresario y productor Bernardo Bergeret, quien se desempeñó como nexo entre el deportista y las personas que podían ayudarlo a corporizar su primer álbum musical. Para este trabajo, el marplatense contó con las colaboraciones de Darío Moscatelli (The Sacados), quien tomó carta en algunos arreglos de las canciones compuestas por el tenista, grabación en la que se sumaron los hermanos Leonardo y Gastón Satragno, hijos de la conductora Pinky, que colaboraron con el marplatense para ciertas estructuras del álbum, sesiones en las que se destacó la participación del bajista Paul Dourge, uno de los puntales de la banda de Fito Páez en la etapa más popular del rosarino.

Guillermo Vilas

Guillermo Vilas finalmente concreta la oficialización de su primer álbum solista, llamado “Mil nueve noventa”, con un espectáculo en el Estadio Obras (el “Templo de Rock”) que fue denominado “Yamaha Warehouse Party” en mayo de 1990, noche en la que actuaron “El Signo”, “The Sacados” y “Rocco Granata” entre otros. El concierto realizado el 12 de mayo reunió más de 5000 personas en ese estadio porteño en la Av. del Libertador al 7100, espectáculo donde aquél famoso tenista devenido en cantante provocó un boom acompañado por su novia y un gran conjunto de música house entre los que sobresalía el bajista Paul Dourge. Dos años más tarde, ya separado de su novia europea, el marplatense graba una producción con material propio totalmente volcado al rock. En aquél tiempo el artista que antes empuñaba raquetas de madera, había entablado una amistad con el añejo violero Julio Sáez, el bajista Cacho Daris y el baterista Hugo Racca. Esta banda registró las canciones del segundo álbum del incipiente cantante, pero el tenista decidió no editar el disco con su nombre sino con el de la banda creada, llamada “Doctor Silva”, siendo ese nombre un elocuente anagrama del apellido del jugador de la costa atlántica. Este álbum tuvo un concierto no demasiado atractivo en el Luna Park, pero el momento más fuerte de oficialización del mismo transcurrió justo cuando el poeta y cantante estableció en la zona de Palermo su club de tenis, denominado “Vilas Raquet Club”. En 1994 se inaugura este complejo deportivo, noche en la que el músico cantó temas de neto tono rockero junto a una en la que participaron Ricardo Mollo y Silvio Furmanski, guitarrista por entonces de la estrella musical David Lebón. El mini-recital fue un éxito, noche de inauguración en la que se hizo presente el por entonces Presidente de la Nación Carlos Saúl Menem, quien tenía un simpático vínculo con el tenista de Mar del Plata.

 

 

Guillermo Vilas

La última etapa de Guillermo Vilas dedicada a la música transcurre durante el final de los años ‘90s, momento donde su vínculo con los músicos internacionales estaba al tope de lo esperable. Con la llegada de “The Rolling Stones” a la Argentina en dos espectaculares giras, ocurridas en los años 1995 y 1998, el vínculo del marplatense con los músicos de la banda más espectacular del planeta creció voluminosamente, siendo uno de los invitados a la Mansión del Four Seasons Hotel, lugar donde el tenista compartía varios encuentros con estos artistas del Reino Unido, sobresaliendo los largos y divertidos partidos de pool que se jugaban en una mesa que había sido instalada expresamente por pedido de la banda del Reino Unido. Por aquellos años, Guillermo, un poco desgastado por la extraña o nula respuesta que tenía su costado musical, concretó su última producción discográfica, un álbum llamado simplemente “Guillermo Vilas”, publicado de manera independiente, un CD que contenía 18 canciones, entre las que sobresalía “No puede ser” grabada en vivo en el programa “Duro de domar” con Roberto Pettinato en el saxo, placa lanzada en 1998 que además tenía un tema dedicado a su eterno rival en los courts “Bjon Borg”, con la canción que homenajeaba al tenista sueco, a pesar de una letra bastante curiosa, por cierto. Tras la salida de ese material, que no tuvo demasiado rebote en los medios, el tenista de la ciudad de Mar del Plata decidió cerrar su participación en la música como actor principal, pero esto no significó que durante las últimas décadas haya asistido a muchos conciertos de un destacado nivel alrededor del mundo.                                                                          

Guillermo Vilas

Guillermo Vilas concretó, para sorpresa de muchos que siguieron su destacada carrera en el mundo deportivo, una participación en el cine. La misma ocurre en la famosa película “Players”, estrenada en Argentina y el resto del mundo en agosto de 1979, largometraje de aventuras, romance y deporte que incluía el papel protagónico de Ali Mc Graw, bella estrella del drama romántico “Love Story”. Esta película en la que Vilas hace de si mismo durante sus apariciones en pantalla, reunió un elenco donde estaban entre otras figuras de relieve como Maximilian Schell, Melisa Prophet o la prestigiosa Liv Ulmann, escenas en las que aparecían personajes del deporte como Pancho González o el norteamericano John McEnroe. Lanzada por Paramount Pictures, ese fue el único “cameo” del gran deportista de Mar del Plata en la pantalla grande. Posteriormente en las temporadas 2014 y 2018 se lanzaron dos documentales sobre el tenista marplatense, llamados respectivamente “A perfect day” y “Guillermo Vilas, settle the score”, aunque el que más repercutió alrededor del mundo fue el lanzado hace pocos meses por la cadena Netflix, llamado “Serás lo que debas ser o no serás nada”, realizado por el comunicador Eduardo Puppo, quien contó con la ayuda del deportista argentino, quien aportó material inédito para el mismo. El film que estrenó esta plataforma en abril, muestra con lujo de detalles, como la ATP, es decir la Asociación de Tenistas Profesionales, evitó declararlo el jugador número 1 de los años 1975 y 1977, cometiendo una injusticia deportiva de la que se solidarizaron colegas del jugador nacido en Mar del Plata.

 

Guillermo Vilas, un anexo inevitable en estas temporadas

En el último año y medio de actividad comunicacional, se supo que el famoso tenista de la ciudad de Mar del Plata padece de Alzheimer, alternando momentos de lucidez con otros de desvarío, situación física que lo halla en Mónaco en compañía de su esposa y sus cuatro hijos. Conviene recordar ahora que su situación física se ha complicado, que nadie puede poner en duda que la popularidad del tenis en Argentina fue responsabilidad directa del desempeño del mágico jugador marplatense, quien fue muy combatido en los años ‘70s por la desprestigiada Asociación Argentina de Tenis, entre ellos el difunto presidente Enrique Morea, tiempos donde Vilas recibía el enorme reconocimiento del exterior y era literalmente basureado por las autoridades locales. Conviene traer esto a colación, pues esa entidad que decidía quien era el capitán argentino de la Copa Davis, siempre le negó de una manera macabra esa posibilidad al jugador número del país durante muchísimos años, entidad que el año pasado decidió declararlo “Capitán honorario de la Copa Davis”, enviándole una campera azul con esa designación, cuando en los años de esplendor del tenista marplatense, siempre se lo discriminó y trató de manera bochornosa. Ahora, a sus 67 años, mientras Vilas afronta este grave problema de salud, el tenis argentino se debate en intenta recuperar la categoría en esa copa internacional, peleando puestos del descenso contra equipos impresentables que encima, lo dejan expuesto en su pobre nivel de juego.

 

Imágenes: Museo Oficial Guillermo Vilas

Fecha de Publicación: 22/09/2021

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