Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Gato Barbieri, nuestro abanderado del jazz

Tal vez el jazz no sea la música más popular en Argentina, pero cuenta con muchísimos seguidores y otros tantos músicos sobresalientes a nivel mundial.

Tal vez el jazz no sea la música más popular en Argentina. Sin embargo, es suficiente dar un paseo o hacer un recorrido por los bares de San Telmo para descubrir que hay una escena nocturna dedicada a los cantobares de jazz. Muchas bandas son sólo musicales, sin canto, y otras exhiben voces que nos deleitan con piezas en varios idiomas. El jazz ha traspasado la escena de los barrios bajos estadounidenses para volverse un género internacional, y aquí, Argentina, no es la excepción. Su influencia se nota incluso en los géneros latinoamericanos que nacieron más tarde, como la bossanova brasileña, y, por qué no, el tango porteño. La cuestión es que aquí en Sudamérica, y sobre todo en nuestro país, el jazz no está exento de una gran cantidad de devotos, seguidores, aficionados, o casuales consumidores de jazz. Nuestro país ha sabido producir músicos, especializados en dicho género musical, sobresalientes a nivel mundial. El más reconocido tal vez haya sido Gato Barbieri.

 

Un poco sobre el Gato

Leonardo Gato Barbieri nació el 28 de noviembre de 1932 en Rosario, Santa Fe. Era, entonces, rosarino, y por supuesto, hincha de Newell's. Arrancó a incursionar en la interpretación de jazz a los 12 años y nunca paró. El Gato pasó su adolescencia en Buenos Aires y fue allí donde encontró a su verdadero amor: el saxofón, en especial el tenor. No faltó mucho tiempo para que comenzara a embelesar a cientos de espectadores con sus notas desgarradoras, largas y penosas, que parecían canalizar ese espíritu de melancolía tan porteño en su versión jazzera más elegante. Era un saxofonista de esos que tocan como si fuera un sueño.

Barbieri dejó nuestro país apenas entró en su juventud. Primero a Roma; luego a Nueva York. En la década de 1960, conoció al cineasta brasileño Glauber Rocha. Él le dio una nueva perspectiva de lo que los latinoamericanos podían aportar al jazz, de la conciencia social y política de la cual podía embadurnar su música. Así es que, con su confianza recuperada, creó un sonido totalmente vanguardista. Si bien es cierto que el Gato nunca más volvió a residir en nuestro país, no podemos decir que su ausencia física haya afectado su esencia argentina y latinoamericana: su música y su espíritu estuvieron fuertemente ligados a las luchas populares, a su América subdesarrollada.

Un gato de mundo

Su mayor punto de éxito, de todos modos, llegó de la mano del cine. En 1972, el director italiano Bernardo Bertoluccilo lo convoca para componer la música del filme Último tango en París, trabajo que le valió un premio Grammy y el reconocimiento mundial, más allá del ámbito del jazz. Ese fue un punto de quiebre importantísimo en su carrera que también logró visibilizar todo el trabajo vanguardista que había logrado antes, a la vez que ponerlo en el mapa de la celebridad internacional.

Aunque, como dijimos, no volvió a vivir en Argentina, sí regresó a tocar. Fue el 8 de noviembre de 1991, en el Gran Rex, mítico teatro de la calle Corrientes. Para quien la quiera buscar, existe la grabación de esa noche única. La encontramos bajo el título: “Gato Barbieri en vivo en Argentina” (1991), del sello rosarino BlueArt.

Gato Barbieri falleció a los 83 años en Nueva York, la ciudad en la que vivió sus últimas cuatro décadas. No solo fue el escenario de sus días finales, sino que también tocaba de forma regular en el mítico club Blue Note de la Gran Manzana. Aun así, sus raíces, sus ideales y su historia, estarán ligados para siempre a la tierra que lo vio nacer. A pesar de su muerte, la música del Gato sigue conmoviendo a los oyentes hoy en día. Después de todo, como él mismo escribió: 

“La música es como una selva. Tiene límites, pero no los conocemos.”

 


 

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