¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
Carlos Gardel alguna vez reconoció a la Gaceta Deportiva de Barcelona que el fútbol nunca le había interesado hasta que asistió a un partido del Barcelona, en una final de liga, y en la que los jugadores dejaron el alma. A partir de entonces comprendió la esencia de este deporte, dejó de verlo solo como un juego, y le llegó al corazón. Y, por tanto, ancló en su arte, transformando al Zorzal en un futbolero. Esa pasión quedó plasmada en diversas anécdotas y en inolvidables tangazos gardelianos.
Carlos Gardel sintió siempre gran pasión por las carreras de caballos, y así lo dejó plasmado en la temática de muchas de sus canciones más famosas: “Por una cabeza”, “Leguisamo solo”, “Palermo” . Asimismo, le atraía el boxeo. Tiene su lógica, ya que esos eran los dos deportes rioplatenses más populares, a comienzos del siglo pasado.
Antes de que existiera la radio y la televisión, el fútbol era apenas una atracción para entendidos. Sin embargo, poco a poco el fútbol iba ganando más adeptos. Se estaban forjando los primeros héroes del balón y los primeros hinchas. En los clubes de barrio todo se hacía a pulmón, con el entusiasmo de los vecinos.
Carlitos vivía en la zona del Abasto y como todo adolescente toda vez que podía jugaba al fútbol con los amigos. Incluso hasta formó parte del club barrial, El Porvenir Del Plata, de efímera existencia, donde participó como insider –lateral– derecho. A medida que crecía, se olvidó un poco de aquel entretenimiento de “purretes”. Se fue abocando de lleno a su principal pasión, la música, con la idea de ser un buen cantor, algún día.
Y ese día llegó. Ya era un cantor famoso y elogiado. A mediados de la década del ’20, solía ensayar en la casa de su guitarrista Guillermo Barbieri que vivía cerca de la cancha de Huracán, y por allí pasaban los jugadores del club para oírle cantar, de modo que cada tanto era invitado a ver algún partido. Así, se despertó otra vez su interés por este deporte, y comenzó a tener amistad con muchos jugadores profesionales, en los barrios que solía frecuentar: La Boca (Boca, River), Avellaneda (Racing, Independiente), Almagro (San Lorenzo) .
Durante su carrera profesional, Gardel fue participando en infinitos recitales solidarios. Siempre estuvo primero cuando se requería colaboración si la causa era noble. El fútbol estuvo entre esas nobles causas, por ejemplo, cuando actuó junto a Razzano en Montevideo, con la compañía Rivera-De Rosas, el 26 de octubre de 1923, en un evento que tenía como objetivo recaudar fondos para comprar un inmueble en la calle Durazno 1225, que se convertiría en la primera sede del club Atlético Peñarol.
Su fama artística crecía, dándose a conocer con recitales organizados en España y Francia. Desde su primera visita española, en 1923, Gardel supo conformar una selecta "barra" de amigos con los que, a falta de redes sociales, mantenía contacto vía teléfono y cartas. La relación más sólida que cimentó fue con el famoso jugador Josep Samitier, y en casi similar medida, con sus compañeros del Barcelona: Piera, Zamora y Platko. Ese año Gardel confesó a la Gaceta Deportiva de Barcelona: "El fútbol no me interesaba. No comenzó a gustarme hasta que ví jugar al Barcelona en esta ciudad tan simpática y agradable. Por la sincera y leal amistad que me une a Samitier, seguí al Barcelona en su correría por varias ciudades durante el Campeonato de España, que para mí fue un verdadero Vía Crucis”.
El Morocho del Abasto presenció la final de la Copa del Rey de 1928 en Santander, contra la Real Sociedad, y que consagraría al Barça primer campeón de la Liga Española. Quedó conmovido de la pasión puesta por los azulgranas en el campo. Y en especial por "el corazón" de Franz Platko, el gran arquero que fue el héroe del match, que tras recibir un golpe en la cabeza se desmayó sin soltar la pelota que protegía con el cuerpo. Aún hoy corre la leyenda que fue Carlitos en persona quien colocó los vendajes de Platko y lo alentó para que regresara a la cancha. Asimismo, juran los culés que el apodo con que se conoce a Samitier, “El Mago de Balón”, se lo puso Gardel.
En 1928 los Juegos Olímpicos se celebraban en Ámsterdam, Holanda. Gardel en ese momento actuaba en Barcelona. Acompañó a las delegaciones de Argentina y Uruguay hasta París. Una noche estaba con los jugadores en una habitación del Hotel Moderne de París e interpretó por primera vez el tango "Dandy". Gardel tenía previsto ir con ellos a la capital holandesa. Pero un compromiso urgente se lo impidió, prometiéndoles volver a verlos a su paso por Francia, con las medallas en el pecho.
Ambos equipos llegaron a la final, y se enfrentaron el domingo 10 de junio. Los charrúas, ganaron 2-1, en un encuentro disputado a pierna fuerte y dientes apretados. Comenzaba entonces a ambas márgenes del Río de la Plata la rivalidad futbolística que llegaría hasta la actualidad.
Los equipos embarcaron a Sudamérica. Gardel se quedó en poco más. Samitier era representante de la línea de coches Graham-Paige, y le consiguió a su amigo uno de los últimos modelos a buen precio. Por su parte, el cantor le obsequió un tango titulado "¡Sami!", que recuerda el paso de Samitier por tierras rioplatenses.
La visita del Barcelona sucedió en agosto de 1928, y es la primera gira internacional. Tuvo a Carlos Gardel como anfitrión oficial en ambos países. Incluso se publicó en la prensa que fue él mismo quien planificó la incursión que enfrentó a los azulgranas con la Selección Argentina (dos veces), Boca, Independiente, la Liga Rosarina, y en Montevideo a Peñarol y a Nacional. Gardel desmintió ese rumor.
Estuvo presente en muchos de los encuentros que se jugaron en Argentina, afianzando su simpatía por este deporte, aunque el Barcelona perdió en la mayoría de los partidos.
En Argentina, Huracán se declaró campeón 1928/1929. Muchos artistas del canto popular le rindieron su homenaje. El Morocho decide grabar “Largue a esa Mujica”, sin duda alentado por su guitarrista Barbieri, fanático de «El Globito», pero sabiendo además que se enfrentaba a un gran desafío interpretativo, debido al insólito criterio de la composición, con palabras inventadas usando sólo los apellidos de los jugadores. ¡Una locura de la que solo el Zorzal podía salir vencedor!
En 1930, Uruguay fue el país anfitrión del mundial de fútbol, y debido a la crisis económica, sólo acudieron cuatro equipos del Viejo Continente: Yugoslavia, Rumania, Bélgica y Francia, y nueve del continente americano.
Gardel quiso alentar a los jugadores de ambos equipos sudamericanos, pero, recordando cómo había terminado la fiesta que había organizado para ellos en París, tras los Juegos Olímpicos de 1928, con las sillas volando entre las mesas, esta vez pasó a visitarlos por separado.

El 11 de julio, una semana antes de que empezaran los partidos, llegó a la concentración de la Selección argentina en La Barra de Santa Lucía, en las afueras de Montevideo. Fue acompañado por sus tres guitarristas. Entre el repertorio tocaron "Patadura", que menciona los nombres de los jugadores argentinos: Seoane (de Independiente), Tarasca (de Boca Juniors), Ochoita (de Rácing Club) y Monti (de San Lorenzo de Almagro).
Los periodistas intentaron sonsacarle a Gardel qué selección ganaría el torneo. Con su corazón dividido, diplomáticamente dijo: “Queda en el Río de la Plata, opinó sin reservas. De eso no me cabe la menor duda”. Y agregó, para elaborar la respuesta con fundamentos: “Los argentinos vienen bien. A los uruguayos ya los conocemos. Cuando no ganan, empatan. Y si pierden, la diferencia es de media cabeza”. ¡Además de futbolero, burrero! ¡Leguisamo sólo, nomás!.
Gardel acertó en su análisis, tal como había ocurrido en los Juegos Olímpicos, otra vez el campeonato se decidía entre Argentina y Uruguay. El día 28 de julio, dos días antes de la final, pasó a visitar a la concentración uruguaya, del mismo modo que había hecho con la de Argentina. Sin embargo, El Zorzal tenía el corazón dividido, así que evitó asistir al estadio Centenario de Montevideo, donde se habían reunido 93.000 personas para ser testigos del desenlace. Uruguay ganó y se declaró campeón, superando por 4 a 2 a Argentina.
“Esto es ser Campeón del Mundo sin jugar”, dijo el uruguayo Juan Peregrino Anselmo luego del partido al verlo a Gardel, y acto seguido en el hotel campéon, Álvaro Gestido agregó: “Carlitos es como los vinos”. “¿Se queda a cenar con nosotros?”, lo consultaron, y la respuesta era casi obvia. Gardel complacido contestó afirmativamente, y junto a guitarristas, jugadores, entrenador, compartieron el resto de la velada. Desde los dormitorios, en dónde había cantado, fueron hasta el comedor. Carlitos ordenó a sus guitarristas, “muchachos a desenfundar la viola”, y los futbolistas en un “gran silencio”. En la reseña se cuenta que Gardel cantó “Enfundá la Mandolina” y “Palomita Blanca”. De yapa, le pidieron que entonara “Cruz de Palo”. Al ocupar su auto, Gardel fue sostenidamente aplaudido por la multitud en la calle. Era el epílogo de una jornada que ni ellos ni Gardel, olvidarían.
Con la colaboración de Marcelo O. Martínez de la Fundación Internacional Carlos Gardel.
Fecha de Publicación: 01/05/2025
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