Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Ernesto Montiel: el señor del acordeón

Grandes escenarios y homenajes llevan su nombre. Ernesto Montiel es considerado uno de los pioneros del chamamé y la música litoraleña argentina.

En su lista de destrezas podemos incluir los títulos de acordeonista, autor y compositor. Aunque Ernesto Montiel tiene su lugar tallado en la historia del arte nacional por muchos más factores. El músico nació el 26 de febrero de 1916 en el paraje rural conocido como “El Palmar”. Este último forma parte del Departamento Paso de los Libres de la provincia de Corrientes. Sus inicios instrumentales se dieron con la ejecución del acordeón de dos hileras, el cual aprendió de forma intuitiva. A partir de allí, comenzó a realizar sus primeras presentaciones en pistas de la época. Mientras que a mediados de la década del 30 se radicó en Buenos Aires en busca de nuevos horizontes laborales.

De hecho, una de las actividades que desempeñó fue la de trabajar en la industria frigorífica. Durante aquella instancia se cruzó con el acordeonista Pancho Umerez, quien lo invitó a amenizar bailes en sus tiempos libres. Luego, en 1938 recibió la invitación de Emilio Chamorro para incorporarse a su banda “Los Hijos de Corrientes”. Tres años más tarde formó el “Conjunto Correntino Ivera”, en compañía del acordeonista Ambrosio Miño y el poeta Reynaldo Saturnino Díaz. Asimismo, a la formación la completaban los guitarristas Policarpo Benítez y Pedro Pascasio Enríquez. Juntos grabaron 24 piezas para el sello “Odeón“,  entre mayo de 1941 y mayo de 1942.

El fenómeno Santa Ana

A finales de 1942, Ernesto Montiel fundó otro grupo con el bandoneonista Isaco Abitbol. De esa manera nació el  “Cuarteto Típico Correntino Santa Ana“, cuyas primeras presentaciones se realizaron en 1944. Ambos contaron con la colaboración de Pedro Mendoza, las glosas de Luis Acosta, y las voces y guitarras de Pablo Domínguez y Luis Ferreyra. También, Montiel dio origen junto a Mendoza a la revista nativa “Ivera”, que nació como un órgano de difusión de la banda. Paralelamente, el 25 de febrero de 1944 comenzaron sus primeras grabaciones discográficas, con reconocidas obras como “Celina” y “Ñatita”.

En 1951, la etapa del cuarteto como se lo conocía llegó a su fin con la desvinculación de Abitbol. Así, la dirección quedó a cargo de Ernesto Montiel, donde se desenvolvió hasta su desaparición física. Durante su trayectoria,  las melodías de “Santa Ana” llegaron inclusive a las salas de Capital Federal y a las principales emisoras porteñas. Además, el conjunto fue la plataforma al éxito de celebrados artistas que integraron el proyecto. Entre los músicos que gozaron del prestigio de formar parte estuvieron Francisco Casís, Julio Montes, Antonio Niz y Roberto Galarza. Igualmente lo hicieron Pedro de Ciervi, Julio Luján, Jorge Toloza, Gregorio Molina y Ricardo Scófano, por nombrar algunos.

 

 

El legado indiscutido

A lo largo de su carrera, Ernesto Montiel realizó numerosos shows en  diversos festivales de nuestro país. Uno de los más recordados tuvo lugar en Cosquín con el “Cuarteto Santa Ana” y la compenetración del público. Es que la gente protagonizó un momento histórico, donde los despidieron con aplausos de pie y agitando pañuelos. La figura del correntino quedó enmarcada por el enorme talento compositivo que lo llevó a crear alrededor de 300 obras. De esta manera, canciones como “Las Isleñas”, “El Tropezón”, “Chaco” o “Angélica” pasaron a convertirse en himnos chamameceros. El 6 de diciembre de 1975 el acordeón de Ernesto dejó de sonar con su fallecimiento. Aunque su presencia siga intacta en las melodías.  

Rating: 0/5.