Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El superclásico del rock

Soda versus Los Redondos o versus Sumo, son el tipo de dicotomías que el argentino necesita para echarse a andar.

Todos los argentinos sabemos que el nuestro es el país de los opuestos, de la polarización. Siempre tenemos, o nos vemos inclinados, a elegir entre dos opciones extremas. De todo hacemos un “River-Boca”, un “blanco o negro”: un superclásico, una dicotomía. Será quizás el afán de competir, o una necesidad de identificarnos con algo, de pertenecer a un grupo, de seguir una masa más grande que nosotros mismos y liberarnos (aunque sea por un segundo) en esa mística que se genera. Sea como sea, la cuestión es que la música rock no podía evitar tener también su polarización. En este caso, teníamos a Soda Stereo enfrentándose a Los Redondos. Este fue el superclásico del rock durante mucho tiempo, y los resabios de esa rivalidad se perciben aún hoy. Muchos hemos presenciado altercados, conflictos o incluso una pelea en la calle entre jóvenes fanáticos de cada banda. Sus protagonistas siempre dijeron que era más un tema de hinchadas, porque las bandas de rock en Argentina también tienen hinchadas, como los equipos de fútbol.

Veamos qué decía Gustavo Cerati al respecto:

Soda versus Los Redondos o versus Sumo, son el tipo de dicotomías que el argentino necesita para echarse a andar. Con Sumo todavía, porque salimos del mismo lugar: nosotros en busca de la canción perfecta y ellos en busca de la canción más imperfecta posible. Pero, con Los Redondos, no la entiendo. Nunca entendí que, mientras yo tocaba en vivo, algunos cantaran contra el Indio. Es cierto que, en una canción de Los Redondos, el Indio habla de nosotros trepando antenas. A lo mejor le jodió que cantáramos “La Cúpula”, pero yo siempre fui un tipo muy esdrújulo y también es cierto que nosotros estábamos ahí arriba. Podíamos hablar de lo que se veía. Eso nunca fue grave. El problema fue que se volvió político.

 

¿Y El Indio qué opinaba?

En mi caso nunca existió, y supongo que en el caso de él tampoco. Pelotudeces que tienen que ver con las diferencias, como Boca-River, que existen para alimentar ese vértigo del consumo de las cosas, pero generalmente eso no pasa en la intimidad. Él es muy fashion, más frívolo, más cool, y yo más crítico, más ríspido, más ácido.

 

Aunque un poquito de pimienta también le pusieron sus protagonistas a la pica, es real que el argentino está acostumbrado a medir todo desde la lógica del fútbol y allí, indefectiblemente, es necesario un rival, un partido y un resultado final. Necesitamos  entender las cosas desde la cancha, y ahí resolverlas. No podemos olvidar que hacer esto nos permite tener siempre una hinchada, un lugar donde apoyarnos, donde volver todos los domingos a alentar como una sola voz. El problema, claro está, es cuando esa voz se alimenta no del amor por una banda, sino del odio por la otra. Además, ya es preciso que admitamos que el partido que enfrenta a Soda Stereo con los Redondos fue, es y será un partido sin posibilidad alguna de definición. ¿Es que acaso podríamos encontrar un árbitro lo suficientemente capaz como para mediar entre antagonistas de tal magnitud? ¿Existe algún ente con el poder de decir qué es lo válido en el rock, cuál es la mejor música, qué arte y qué grupo valen más que los siguientes?

 

No lo creo. Lo cierto es que apenas tomamos un poco de perspectiva, descubrimos que son bandas muy distintas. Aún así, ambas hicieron rock nacional. Ambas reflejaron una situación social que se estaba viviendo, pintaron las emociones de los argentinos, fueron la voz de una generación. Todavía siguen conmoviendo a millones de adolescentes, adultos, y todo tipo de personas. Y del mismo modo en el que no hay nadie que no se sume al pogo de Jijiji, así tampoco hay nadie que no se sume al de De Música Ligera. Tal vez tengamos la virtud de poder encontrar que estos supuestos polos no son tan distintos.




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