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Desolador panorama para la industria musical en el segundo semestre

La mayoría de los músicos que vivía de sus conciertos vuelve a la misma pesadilla, sin ningún tipo de asistencia. Nacional, mientras que un mínimo de intérpretes que vive de otros ingresos no oculta su grave preocupación.

La imagen ya no es la misma y cada segundo es peor. La segunda ola de contagios con nuevas cepas más agresivas, contagiosas y dotadas de mayor letalidad, agravó en escasas semanas la aparición de restricciones cada vez más acentuadas, proceso que devino en la segunda vez que desde Balcarce 50 se tomó la decisión de aplicar el ASPO en fase 1. La industria musical, como las demás factorías que habitan el territorio nacional, están en la encrucijada más gigantesca que puedan haber avizorado durante los últimos 12 meses. La ilusión de una sociedad con más porcentaje de personas vacunadas, mayor cuidado de las personas en sus actividades cotidianas y una organización más equilibrada frente al nuevo mapa de contagios, son ilusiones que se llevó el ciclón que cruzó el territorio argentino en el último fin de semana acaparando segundos en los canales de cable.

 

Cuando a principios de marzo esta película de restricciones volvió a repetirse ahora con mayor voltaje, la decisión de sumar más cerramientos a un panorama que ya venía herido en sus cimientos más profundos, provocó una indignación todavía más fuerte en aquellos artistas que no viven de derechos de autor, ni de hacer grandes espectáculos y tampoco de contar con la suerte de ser convocados para trabajar en la televisión cocinando, bailando o en un rol no tradicional. Los músicos que la “puchereaban” con shows de menor audiencia, aquellos que grababan en estudios menos sofisticados o los que en el interior sobrevivían a los tiempos que corren tocando en seis lugares durante un fin de semana, ahora están en sus hogares con los rostros desencajados pensando en nuevas opciones para que el fin del invierno aún los encuentre de pie peleando por una nueva y vapuleada esperanza.

 

Se sabía naturalmente que la llegada del segundo oleaje de contagios arribaría para estas fechas y que sería tanto o más peligroso que aquel registrado durante marzo de 2020, una previsible tesis que no solo se ratificó, sino que halló a varios responsables de la industria sumergidos en una curiosa confortabilidad en medio de la conmoción que esto provoca en el sector. Según pudo saberse off the record, dos conocidos directivos de las compañías multinacionales que dirimen cotidianamente los destinos de muchos artistas reconocidos en estos prestigiosos sellos, confirmaron que sus empresas no abrirán sus oficinas durante la temporada 2021. Excusados en las órdenes de sus firmas regionales, donde los instan a mantener actividad en formato “home working” hasta nuevo aviso, lo puntual es que todos los elementos que tenían estas compañías para maniobrar visibilidad están congelados.

 

 

La industria que rodea al mundo musical busca reinventarse sin demasiada suerte, pues la comunidad de técnicos, asistentes, plomos, boleteros, acomodadores y otras funciones, al desaparecer la tradicional frecuencia de espectáculos que nuestra nación tenía antes de la primera ola de contagios, no solo no se restableció de aquella, sino que la segunda la halló con secuelas del shock inicial. El streaming será un rebusque simpático para algunos con los tiempos que corren, pero la mayoría de los consagrados o no tanto, resiste a la idea de retomarlos tras los padecimientos vivenciados en la temporada 2020. Como mecanismo para dar clases o pequeñas transmisiones de ciertos trabajadores con un rango limitado, el recurso funciona con previsibles limitaciones, constituyendo una salida de baja potencia a un inconveniente que demanda soluciones bastante más elaboradas.

 

La mayoría de los músicos argentinos avizora lo que acontecerá en los próximos meses y crece sin dudas el temor por el nivel de recesión que vendrá. No habrá conciertos hasta el mes de octubre a nivel presencia en determinadas localidades del país y las mismas serán con serias limitaciones de aforo, formato de auto show y con mucha suerte, en alguna sala con ventilación que permita habilitar hasta un 30 por ciento de su capacidad. No se prevé que los artistas puedan concretar presentaciones para más de 600 asistentes y esa clase de shows para dicho volumen de audiencia, recién ocurrirá probablemente en los últimos días de noviembre o principios del último mes del año. Tal como ocurrió a fin del año pasado, recién ocurrirá cuando la presión de los artistas, sindicatos y otras entidades generen una esperada presión conminando a las autoridades a liberar esa clase de actividades.

 

Para los artistas que tenían mayor exposición antes del primer trimestre de 2020, todo se encamina a mantener la calma para recuperar cierta actividad en la primavera, pero está claro que recién para esa época habrá algunas novedades operativas, aunque no aquellas que esa estructura industrial necesita. Aparecer en los medios es espinoso para aquellos que tienen noticias para comentar: en gráfica es limitado el espacio, condicionamientos entorpecen ese poco lugar disponible, las radios cada vez más priorizan contenidos latinos foráneos y en televisión, a los pocos que la actualidad les termina brindando pantalla, no les queda otra que padecer las interrupciones de los panelistas de Rozín, aparecer dando lástima en lo de Tinelli o cantar junto a Jey Mamón, un mediocre y vulgar pianista, amén de los que se las arreglan cantando, bailando o cocinando en un reality show de moda.

 

 

El consumo de plataformas dejó de ser el éxtasis que supuestamente era y el desgaste del formato, sumado al malestar de la gente por no poder escuchar la música que les encanta fuera de sus hogares, desalentó el consumo de estos servicios, amén del encarecimiento de tarifas de los mismos, el golpe de gracia que le faltaba a una nueva infraestructura que con la llegada de otros servicios digitales, también pierde consumidores, a excepción del perfil que siempre se volcó al consumo de canciones con o sin pandemia. El streaming y su utilización como alternativa hasta que regrese la presencialidad, cada vez cuenta con menos adherentes, empezando por los músicos que, enjaulados en su preocupación, ya no ven en esta manera de contactarse con sus fans el camino que los satisfaga, una forma de contacto que tampoco reporta económicamente importantes beneficios.

 

En una entrevista con los conductores del programa político de revisionismo televisivo llamado “Sobredosis de TV”, por la señal de cable C5N, el empresario Daniel Grinbank no titubeó en decir que la actividad no volverá a ser la misma por un largo tiempo, algo que desconcertó a la desvencijada dupla conductora, entrevista en la que dio a entender que muchos empresarios de espectáculos con figuras locales o extranjeras deberán sí o sí reinventarse profesionalmente ante la actual crisis. Sumidos en un enorme shock que no registra antecedentes en la industria, se estima que los eventos masivos con participación de músicos podrían volver a ocurrir recién a fines del año 2022, si es que se toman todas las determinaciones necesarias para reencauzar los procesos laborales, hacia el destino que necesita la industria para recomponerse en un breve lapso de tiempo.

 

Las grandes figuras, los que están en el medio del pelotón y todos aquellos que deambulan en el fondo del contexto industrial, no ocultan su malestar con la realidad nacional y todas las señales que llegan del exterior. En Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Canadá están anunciadas las fechas completas de las nuevas giras de Génesis, Dua Lipa, Elton John y otras figuras, sin olvidar que del 29 de julio al 1 de agosto se hará el Lollapalooza en la ciudad estadounidense de Chicago, con las presencias de Foo Fighters, Post Malone y la adrenalínica Miles Cyrus. El requerimiento para los espectadores es estar vacunados y la habitual solicitud de testeos, más de allá de los protocolos que se aplicarán en cuanto a higiene, pero estos eventos son con aforo completo. Acá en Argentina, sin chances reales de conciertos full hasta mediados del año que viene, no se habla de teatros llenos, menos de eventos de más de 5000 espectadores, tiempos donde un par de aviones van y vienen como un sofisticado Uber con alas trayendo migajas de vacunas para casi 50 millones de argentinos, lo que complica bastante la recuperación de una industria que avizora triste y desesperada un segundo semestre del 2021 tan desolador y lúgubre como pueda imaginar.              

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