Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Daniel Barenboim. La rutina es el peor enemigo del músico

El director y pianista argentino-israelí es uno de los principales artistas y gestores de la música contemporánea. Tanguero de corazón, Barenboim trabaja por un mundo mejor, de mil banderas.

"Mire, yo no hago carrera. No soy un caballo. Yo hago música" dice el plurinacional Daniel Barenboim, uno de los músicos que más influenció en la escena artística internacional de las últimas décadas. Este porteño de alma, el frente de orquestas de Chicago, Londres o Milán, o en sus maravillosas performances individuales de Beethoven, Bach o Liszt, expandió los horizontes de la música clásica, en similar impulso de los Pavarotti o Plácido Domingo. Con las notas sin banderas como punta de lanza además promueve la educación, señalando la confusión entre información y aprendizaje, y alienta el diálogo entre los pueblos de Medio Oriente, Barenboim un permanente nominado al Premio Nobel de la Paz. Para el alcalde de la capital alemana, Klaus Wowereit, es “la única superestrella berlinesa”, para los argentinos, que siempre lo reciben con los brazos abiertos y la pista pá taconear, es un digno hijo de un país del futuro.

 

Hijo de los músicos Enrique Barenboim y Aída Schuster, ambos destacados pianistas, nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1942. Sus padres dieron las primeras nociones directamente sobre los teclas blancas y negras, “Yo hice mi sendero en la dirección opuesta de la mayoría. Generalmente se empieza a estudiar un instrumento, por ejemplo el piano, de niño o muy joven. Se crece y se aprenden cosas de la vida como la pasión, que es algo que un niño de 10 años no sabe lo que es, para poner eso en el contenido musical cuando tocan. Yo, como empecé tan temprano, aprendí de la música para la vida”. Daniel Barenboim debutó en Buenos Aires a los siete años mientras estudiaba en la célebre academia del maestro Pestalozzi, junto con una amiga, Martha Argerich. Tuvo una gran repercusión y fue invitado por el Mozarteum de Salzburgo a continuar sus estudios en Austria, en cuyo famoso festival triunfó tres años después. Ya con sus padres se había mudado a Israel. Pero Argentina anida en sus memorias y acciones. “Terminada la conferencia –en New York en los dos mil-, un joven me dijo que no podía admitir que yo hablara mal de la corrección política porque la corrección política existía para no ofender al prójimo. Eso no es verdad, le dije. La corrección política de Estados Unidos es un insulto. Yo nací en Buenos Aires. Argentina es parte de América. Ustedes se llaman Estados Unidos de América y no lo son. Si quieren hablar de corrección política tienen que cambiarse el nombre… sin haber crecido en Buenos Aires, yo nunca habría imaginado la Orquesta –multinacional- del Divan. Aquí –en Argentina- es normal tener identidades múltiples. Eso porque la Argentina se creó y desarrolló con una inmigración no política. Y la Argentina debería jugar un papel mucho más importante en el continente, por lo menos. América del Sur debe ser el contrapeso de Estados Unidos”, a Pablo Gianera del diario La Nación, y agregaba una mirada crítica en otra nota con el diario Clarín, con Sandra de la Fuente, “somos un pueblo muy talentoso, pero muy creído”

 

El joven prodigio es descubierto por Wilhelm Fürtwangler en Salzburgo, "el niño de once años Daniel Barenboim es un verdadero fenómeno", escribía el maestro alemán –del que Barenboim conservaba una enorme foto en su oficina del Staatsoper de Berlín, uno de los teatros de ópera más importantes de Alemania-,  y en 1956 lo envía a estudiar armonía y composición con Nadia Boulanger en París. Allí comparte sus horas con un amigo de la infancia, a quien conocía por sus padres, Ástor Piazzolla.

“Todo el mundo se levantó de su butaca conmocionado”  

En 1956 se presentó en Londres y Nueva York apoyado por Arthur Rubinstein –compartiría la despedida del legendario director polaco en París en 1975, con una triple función- , antes de integrarse como solista de la Filarmónica de Israel y actuar en Argentina, Australia, Rusia o Japón. Apenas adolescente era codiciado por las grandes orquestas del mundo y en 1966 se incorporó como director de la English Chamber Orchestra. En Gran Bretaña conocería a la eximia chelista Jacqueline du Pré, con quien se casa al año siguiente, y Barenboim la acompaña en la dolorosa enfermedad que termina con la muerte de la inglesa en 1987.  En simultáneo comienzan sus grabaciones célebres en  piano de las sonatas y conciertos de Beethoven, que repetiría en decenas de performances únicas en las principales salas del mundo, los conciertos de Brahms y los conciertos de Mozart.

Desde entonces fue protagonista del panorama musical al frente de la New Philharmonia Orchestra, la Ópera de la Bastilla, el Festival Mozart, la Orquesta Filarmónica de Chicago o la Deutsche Staatsoper de Berlín, con un repertorio amplísimo que tan pronto resucitaba bajo nuevas concepciones obras de los clásicos, particularmente tardorománticos del siglo XIX, e incluía piezas de contemporáneos como Witold Lutoslawski, Luciano Berio, Pierre Boulez o Hans Werner Henze. Su debut en el podio de la ópera tuvo lugar en el Festival de Edimburgo en 1973, donde dirigió Don Giovanni de Mozart. En 1981, dirigió por primera vez en Bayreuth, y continuó dirigiendo allí hasta el verano de 1999, con las actuaciones de "Tristan und Isolde", el ciclo "Ring", "Parsifal", y "Die Meistersinger von Nürnberg"; Barenboim uno de los responsables del resurgimiento y nuevas lecturas de Richard Wagner. “Tiene más atención al detalle y más energía que la mayoría de los directores jóvenes…Me descubrió las óperas de Wagner…se acerca a ellas de una manera tan natural que dejan de ser composiciones de dimensiones abrumadoras”, relataba uno de los músicos de la Staatskapelle en beckmesser.com

Nunca dejó de Barenboim de actuar en la Argentina desde los tempranos sesenta, recordándose especialmente las actuaciones dirigiendo la Orquesta de París en el Teatro Colón en 1980, el recital de piano conmemorando 50 años de su debut en Buenos Aires en 2002, el concierto con la West-Eastern Divan para 60 mil personas;  y con el coro y orquesta del Teatro Alla Scala de Milán con motivo del Bicentenario Argentino. Entre las anécdotas, en 1995 tentaron al maestro con dos “maravillosos” músicos locales, el bandoneonista Rodolfo Mederos y el contrabajista Héctor Console. “Yo dije: ‘Por supuesto’: Vinieron al hotel, con sus instrumentos, comenzamos a tocar juntos y en un rato habíamos decidido grabar un disco”, detalló Barenboim en una entrevista de finales de siglo pasado al diario Clarín. De aquella hermandad artística nació “Mi Buenos Aires querido”, publicado en 1996, fotografía sonora de un encuentro que tuvo como subtítulo “Tangos entre amigos”. Y cada vez que vuelve a Buenos Aires, Daniel aprovecha para milonguear por San Telmo o componer algunos tangos, como aquellos que estrenó en 2006. No solamente en el tango incursionó Barenboim, con un destacado tributo a Duke Ellington y a la música brasileña, en sus aproximaciones al jazz.

 

Durante el verano de 2001 desató una encendida polémica al ejecutar una pieza de “"Tristan und Isolde", en el marco del Festival de Israel, desafiando la prohibición oficial a las obras del compositor alemán. El hecho llegó al parlamento, cuya comisión de cultura recomendó declarar al músico persona non grata "hasta que no se disculpe públicamente por haber ejecutado allí una obra del compositor favorito de Adolf Hitler". “Ya no me siento cómodo en Israel. No me interesa ni su admiración ni sus aplausos", replicó el músico. El 12 de enero de 2008, después de un concierto en Ramala, Barenboim aceptó también la ciudadanía palestina. ​Daniel es el primer ciudadano del mundo con ciudadanía israelí y palestina, y dijo que la había aceptado con la esperanza que sirviera como señal de paz en el caldeado Medio Oriente. Desde 2002 también es ciudadano español, donde desde 1980 es la primera figura por sus espectaculares intervenciones en el Festival de Granada. 

Daniel Barenboim ha recibido muchos premios y honores importantes: el Große Verdientskreuz mit Stern und Schulterband, República Federal de Alemania, un doctorado honoris causa de la Universidad de Oxford, y ha sido nombrado comandante de la Légion d'honneur francesa. La Casa Imperial Japonesa lo honró con el Premio Imperiale, además fue nombrado Embajador de las Naciones Unidas para la Paz. La Reina Isabel II le otorgó el título de Caballero Comendador de la Excelentísima Orden del Imperio Británico. En 2015 es distinguido con el “The World’s 50 Greatest Leaders” por la revista Fortune. Ganador de seis premios Grammy, el último en Best Opera Recording con el Tannhäuser en 2003 e integrante del Hall of Fame del sello Gramophone. Además publicó varios libros: la autobiografía "A Life in Music" y "Parallels and Paradoxes: Exploraciones en la música y la sociedad" (junto con Edward Said), así como "Todo está conectado: El poder de la música", "Dialoghi su musica e teatro. Tristano e Isotta" (con Patrice Chéreau) y "Musik ist alles und alles ist Musik. Erinnerungen und Einsichten", se informa en el sitio oficial danielbarenboim.com

Recientemente Barenboim armó un piano trío con el violinista Michael Barenboim, su hijo con Yelena Bashkírova, y el violonchelista Kian Soltani, con primeros conciertos en el Teatro Colón en el verano de 2016, y editó dos nuevos registros discográficos. En la última visita porteña en 2019, con recitales en el CCK, no vino con su piano "Barenboim" sino con un Steinway, y sin embargo, en palabra de Federico Monjeau, “todo el mundo se levantó de su butaca conmocionado”  La Orquesta Filarmónica de Viena ha informado que será el próximo director del importante del Concierto de Año Nuevo 2022, y su contrato en Berlín ha sido prolongado hasta 2027, pese a algunas denuncias de ex empleados y colegas por maltrato. “Siempre les digo cuando hablamos de futuro que me quedaré mientras tenga fuerzas. Si no, me iré, no quiero quedarme como una reliquia del pasado…la rutina es el peor enemigo del músico”, afirma Barenboim a la prensa alemana, un país donde además financia un jardín de infantes que estimula la apreciación musical, uno de las grandes ausencias señala en los programas educativos actuales.

 

“Pero Barenboim, judío como el que más, pero tan horrorizado por Hitler como por la situación actual de Oriente Próximo, estaba convencido de que la música es un instrumento ideal para tender puentes. Y no habían pasado dos meses del escándalo en su país de adopción -2001- cuando reunió en Chicago a 73 jóvenes músicos israelíes, palestinos, jordanos y libaneses en su proyecto Taller West-Eastern Divan (Premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 2002), cuyo objetivo era el de acercar a árabes, judíos y palestinos a través de la música”, acotan Tomás Fernández y Elena Tamaro en biografiasyvidas.com En Alemania en base aquel taller se fundó la orquesta West-Eastern Divan, junto al intelectual Edward Said, y reside la Academia Barenboim-Said, en la revolucionaria Pierre Boulez Saal diseñada por Frank Ghery, con un amplio programa de becas y residencias. “Antes de terminar, permítanme decir algunas palabras sobre otro tema que me preocupa…los israelíes finalmente deben entender que solo puede haber una paz verdadera y duradera si finalmente termina la ocupación injusta de los territorios palestinos. Este es un tema que Alemania también debe defender, pero como dijo Adenauer: "Cualquier gran logro, señoras y señores, implica un gran riesgo". Tiene una responsabilidad para con el pueblo judío, tanto aquí como allá”, decía el maestro argentino-israelí recibiendo el Konrad Adenauer Prize. El ciudadano del mundo Daniel Barenboim que sueña con un símbolo de paz pero sabe que no alcanza con que toquen el violín codo o codo dos nacionalidades, o clases, distintas.

Dice Daniel Barenboim

“Soy de la opinión de que hablamos, no lo suficiente, pero sí bastante a menudo de los derechos humanos. Pero nadie habla de las responsabilidades. El ser humano es un bicho raro. Porque siempre pone la responsabilidad y la culpa en otra cosa. Y nuestra responsabilidad es comprender que este maldito virus nos ha mostrado que somos todos iguales porque nos ataca a todos. Y, por eso, hay que buscar el camino del futuro para tratarnos mejor entre nosotros” Para Darío Prieto elmundo.es, diciembre 2020

Dicen de Daniel Barenboim

“No es buena época para ciudadanos del mundo como Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942), políglota de amplio espectro y coleccionista de pasaportes. Demasiado nacionalismo. Pero este fenómeno involucionista no lo va frenar…-este noviembre llega a- Madrid, a los ciclos de Ibermúsica…que, en los momentos difíciles, ha ayudado a reflotar renunciando a su caché, detalle que dice mucho de los códigos que determinan sus decisiones –NdeR: tampoco cobró por participar en el Festival Barenboim de 2019 en Buenos Aires- Como el de colocar a Wagner en los bises de un concierto en Jerusalén en 2001, contraviniendo el anatema que pesaba sobre el compositor germano (y antisemita). A Barenboim, lo dicho, los prejuicios no le van a parar. Tampoco la estulticia política que relega la cultura y la música en los planes lectivos. Ni siquiera la edad, ahora que frisa los 80 años (los cumplirá en noviembre de 2022)”, en una semblanza de 2021 de Alberto Ojeda para el www.elcultural.com

“En esta última obra – Appasionata- lo que se pone en juego en la ejecución es otra cosa. Ya no se trata de sonidos espectrales, sino de una entrega en cuerpo y alma. En esta ejecución sin duda vuelve a jugar decisivamente la cuestión del paso del tiempo, porque hay veces en que nada resulta más expresivo que el esfuerzo, especialmente en Beethoven, que transformó para siempre el arte de tocar el piano. Y Barenboim no se ahorró nada. En el tercer movimiento parecía a punto de estallar, pero sin perder por un instante el más fino detalle y la línea del relato. Cuando terminó de resonar el último acorde todo el mundo se levantó de su butaca conmocionado, como un resorte. ¿Cuándo se había oído algo así? Tal vez nunca” crítica de Federico Monjeau en el diario Clarín, presentación en el CCK, julio de 2019. 

 

Imágenes: Télam / Daniel Barenboim

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