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Charly García: somos de acá

Letras y vivencias de un músico imprescindible para entender la Argentina contemporánea. Un bandido que hizo sonar todo diferente.

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Charly García música

Máma la libertad/ siempre la llevarás/Dentro del corazón” se repite en “Inconsciente colectivo” (1982),  esa plegaria  electrónica con ecos libertarios, y tal vez,  la mayor composición de Charly García (1951). Una canción que es un infaltable de la cancionero latinoamericano versionada por Mercedes Sosa y Milton Nascimento, entre otros. Ni hablar de “Los dinosaurios” (1983) que abrazó las primaveras democráticas de todo un Continente anticipado en “No pasa nada, nadie pasa/sólo una banda militar/desafinando el tiempo y el compás” de “Superhéroes” (1982). Parte de la segunda camada fundacional del rock nacional, una más cercana a las raíces folklóricas sin olvidar al tango, Charly García sintetiza junto a Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati la notoria influencia del rock argentino en el mundo hispanoparlante. Pero dentro del mismo rock argentino produce saltos al vacío, como la novedoso progresivo de La Máquina de Hacer Pájaros (1976-1977) –nombre inspirado en una tira del humorista gráfico Crist-, o la definitiva incorporación del ritmo a un solemne rock local que priorizaba la letras sobre la música, no solamente con sus “Clics Modernos” (1983) o “Cómo conseguir chicas” (1989) sino apoyando el desparpajo sonoro de Los Abuelos de la Nada y Los Twist. Y, claro, sin descuidar la letra, con verdaderas gemas de la poesía urbana en las modernidad de neurosis hechas carne, “Yo sé, soy insoportable, pero alguien en el mundo piensa en mí” (1996), o “Todo el mundo tiene penas, pero yo extraño hasta tus problemas”, en “Curitas” (1990).

 

 

La infancia de Carlos García Moreno, Charly por una gentileza de una profesora de inglés, se remonta a los juegos de un pétit hotel de Caballito, en la calle Moreno 65. Allí vivía rodeado de lujos y atenciones un niño Carlos, en una habitación separada de sus hermanos por idea de mamá Carmen, algo que acentuaría una sensibilidad solitaria que acrecentaba con mundos de fantasía, entre héroes de ciencia ficción y estrellas de cine del viejo Hollywood, “Marilyn tomó demasiadas pastillas ayer/La habían dejado sola, le habían mentido/Y cuando la vimos morir/La vida nos vino a decir:/"Esto no es un juego, nena,/Estamos atrapados", en “Marilyn, la cenicienta y las mujeres” (1977). También crecía su dote para la música, ayudado por ese oído absoluto que sólo se hizo famoso por un artículo del escritor Osvaldo Soriano en los noventa, y si a los cuatro años ya tocaba el piano, a los nueve compone escuchando al Club de Clan de Palito Ortega, "El corazón es blando / El corazón perdona / Pero tu corazón, parece de hormigón" recién aparecida en 2010 gracias a Palito en “Kill Gill”, y a los doce ya es profesor de piano. Ya no tienen la prosperidad de antaño, funde la fábrica de muebles de fórmica de un rígido padre Carlos, pero nada importa para el adolescente Charly que ve 27 veces “A hard day´s night “ de The Beatles. Conjuntos juveniles en compañeros secundarios del Damaso Centeno, cartas de recomendaciones de destacados folkloristas a través de los vínculos de su madre productora radial, entre ellos una Mercedes Sosa deslumbrada con el niño prodigio, y finalmente llega la oportunidad en el otoño de 1972 en Mandioca, el sello del visionario Jorge Álvarez. La Pesada del Rock & Roll, la banda de blues duro de Billy Bond que acompañó con sus instrumentos las primeras grabaciones, contenía la risa ante la voz de sus compañero Nito Mestre, “Necesito alguien que me emparche un poco/Y que limpie mi cabeza/Que cocine guisos de madre, postres de abuela/Y torres de caramelo”, de “Necesito” (1972). A los cien mil compradores del debutante LP “Vida” (1972) poco lo importaban las burlas al folk de Sui Generis y apoyaron masivamente las canciones de García, que se fueron haciendo más oscuras a medida que crecía la violencia política. A “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” (1974)  no lo dejaron ser, “la idea original del disco era poner una canción para la policía, otra para el ejército, otra hablando sobre la familia ¡tremendo!”, recordaba Charly con la mutilaciones de “Botas locas”, que le costó una detención en Uruguay cuando la tocó en vivo, y “Juan Represión”, un pintura de un parapolicial al estilo de la tenebrosa Triple AAA –recién se editó completo en 1994. Este clima represivo, más un ansía innata  de revolucionar de Charly,  y que empezaba a experimentar con modernos instrumentos como el Mini Moog, precipitan el final con el histórico concierto del 5 de septiembre, “Adiós Sui Generis”, ante 30 mil personas en el Luna Park. Al año siguiente conforma el ensamble progresivo, García y La Máquina de Hacer Pájaros, con Carlos Cutaia y Oscar Moro y produce dos discos que aún esperar una mejor apreciación, “basta de llorar/no te dejes matar/quedan tantas mañanas por andar” cantaba en 1977 García, “no hay esperanzas en la ciudad” decía esquivando muertos por la última dictadura militar.     

 Los Beatles argentinos

 

Desde la niñez Charly acostumbra a escribir a toda hora y lugar, muchas letras de la adolescencia fueron reconvertidas incluso en los dos mil, y una de las canciones que esperaba su hora era “Eiti-Leda”,” El invierno fue malo/Y creo que olvidé mi sombra en un subterráneo/Y tus piernas cada vez más largas/Saben que no es bueno volver atrás/La ciudad se nos mea de risa, nena” Compuesta por García para Sui Generis abría el camino del primer súper grupo argentino, Serú Girán. David Lebón, Pedro Aznar, Moro y Charly conformaron en Buzios en el verano de 1978 un equipo de los sueños donde el pop salía de paseo con el jazz rock, y el tango se volvía candombe y fusión. Denostados en un primer show en el Teatro Premier, muchos críticos hablaron de “lo peor de la música argentina”, ayudados otra vez por Billy Bond, Charly estaba al borde de la indigencia en Brasil, Serú Girán pasan a ser “los Beatles argentinos” con “La grasa de las capitales” (1979) con las antológicas “Viernes 3 AM”, “Los sobrevivientes”, “Nunca tendremos raíz/nunca tendremos hogar/y sin embargo, ya ves/somos de acá””, y “Perro andaluz”. Humor, poesía, ironía y desesperación es la marca de la letrística de Charly que lo acompañará luego del final del grupo con “Peperina” (1981). “Yendo de la cama al living” (1982), “Clics Modernos” (1983), “Piano Bar” (1984), y el heredero menor “Parte de la Religión” (1987), se encolumnan bajo la bandera de “Yo quiero ver muchos más delirantes por ahí, bailando en una calle cualquiera” Entre la tristeza y la esperanza, y la sonrisa ladina del Gato de Cheshire de “Alicia en el país de las maravillas”, otra gran influencia,  García toma instantáneas de los miedos y las alegrías argentinas. “No me dejan salir”, “Demoliendo hoteles”, “Yo que nací con Videla/ Yo que nací sin poder/Yo que luché por la libertad/Y nunca la pude tener/Yo que viví entre fascistas/Yo que morí en el altar/Yo que crecí con los que estaban bien/Pero a la noche estaba todo mal” o “Promesas sobre el bidet” son las botellas que Charly lanza al mar para encontrarnos -¿horrorizados? ¿asumidos?- con nuestras propias criaturas en forma de sueños y pesadillas.

 

 

“Tener un enemigo y defenderte de él hace funcionar el bocho –decía Charly a Miguel Grinberg y Alejandro Piscitelli en los tiempos de “Filosofía barata y zapatos de goma” (1990)- y para simplemente sobrevivir; hacés lo que vos querés, entonces uno se acostumbra a vivir así. Cuando eso desaparece queda un vacío, o está más escondido, porque estar, está…hay gente que necesita tener un papá, que el Estado le diga hacé esto, o lo otro, y como que piensa que la vida es así. Uno nace, va a  una oficina, asciende o desciende, muere. Esta mentalidad es un poco trucha, no tenemos el mejor Estado del mundo como para defender eso, entonces digamos que la imaginación, la libertad a mucha gente le da miedo, le da miedo perder un empleo seguro e inventarse otro. O decir, por ejemplo, uy, ahora puedo escribir, ¿pero qué quiero escribir”, remataba en los años que también probaba en el cine, fue actor de reparto de “Lo que vendrá” (1988), recibió un premio en New York como mejor actor de reparto –interpretando a un chofer, ¡él que nunca manejó un auto!-, antes había compuesto para films, Pubis Angelical (1982), y teatro, “Terapia Intensiva” (1984) de Antonio Gasalla. También probaba nuevas sociedades creativas con Spinetta, Aznar y Enrique Pinti.    Clausura la década con una combustible interpretación del “Himno Argentino”, que retoma la manera de Jimi Hendrix en “Star-Splanged Banner”, que primero fue denunciada por “ofensa a los símbolos patrios” y que hoy suena en todas las escuelas argentinas.      

Miedo, furia y redención en  Say no More

“Una vez creí que nada iba a pasarme” escribía Charly en “Reloj de Plastilina” (1990) Pero son los años de las mil internaciones por adicciones, salta desde un noveno piso en Mendoza y se pelea a los cuchillazos con su hijo en su departamento de Coronel Díaz y Santa Fe.  La última década del siglo pasado lo reencuentran con Serú Girán (1992), dos estadios River Plate colmados, y Sui Generis (2000), ahora un estadio de Boca Juniors “Me viste crecer/me viste nacer/y yo te vi reír/Cuando el cristal/se apague en el mal/verás, que toda/esta canción/es alegría/Hoy, hoy tal como ayer/desaparecer/es todos, sonreír” entonaba en el baño de la disco La Diosa para “Cuchillos” de “Say no More” (1996) Charly se deslizaba cada vez más en la oscuridad pese a sus esfuerzos de recrearse como un artista conceptual “Say No More” –inspirado en una frase de Paul McCartney en la película “Help”-,  cercano a sus admirados Salvador Dalí y Prince. A partir de “La hija de la lágrima” (1994) juega entre el pastiche compositivo y el low-fi , la famosa “maravillización” (sic), en un callejón sin faros ni señales de vida que termina en “Rock and Roll YO” (2003). Fue ésta una producción cruzada por la tristeza del fallecimiento de otra gran colaboradora suya, la guitarrista María Gabriela Epumer. “Por darte lo que dí/ me transformé en un souvenir/ asesíname, asesíname” insistía con voz cavernosa un exhausto Charly para cerrar  con un salvador beatlesco “All you need is love..love..love –Todo lo que necesitás es amor-”.

 

 

El futuro es limpio le aseguraba el mítico productor de los Rolling Stone, Andrew Loog Oldham, quien lo acompañó en el accidentado y tóxico viaje a “Kill Gil” (2010). Una ayuda providencial de Palito Ortega inició una década celebratoria, limpia, de su genio con el “Concierto subacuático” (2010) en el estadio de Vélez –un mural inaugurado en 2020 recuerda ese histórico show-, un box recopilatorio “60x60” (2011) y “Random” (2017) “Desprejuiciados son los que vendrán/Y los que están ya no me importan más/Los carceleros de la humanidad/No me atraparán/Dos veces con la misma red” cantaba esperanzado en el futuro, en “No soy un extraño” (1983) En la música y los versos de Charly, argentinos, yo, pese a que no  “aprendí a vivir”, supe “lo que es la libertad”

 

Fuentes: Existen toneladas de revistas y libros sobre Charly García –y no contamos los teras en la redes-. Podríamos decir que basta con disfrutar su música pero una figura tan compleja necesita buenas introducciones. Además del canónico libro de Sergio Marchi “No digas nada: Una vida de Charly García” (Planeta: 1997, con actualización en 2007); sumamos el reciente y original “Esta noche toca Charly” de Roque Di Pietro (Gourmet Musical. 2020) y, para la voz en primera persona del músico desde los noventa, un especial de Rolling Stone de 2016. Y si queremos entender el contexto, y corroborar que Charly es una fuerza natural de la cultura argentina, remitimos al indispensable “Cómo vino la mano. Orígenes del rock argentino” (múltiples ediciones desde 1977) de Miguel Grinberg.

Fecha de Publicación: 30/10/2020

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