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Celedonio Flores. La musa mistonga de los arrabales.

Iniciador de la letra tanguera tal como la conocemos, protegido de Carlos Gardel, el arrabal porteño tuvo su vate, poeta, y su contraseña mistonga, pobre, en el Negro Celedonio.

Música
Celedonio Flores

Un poeta cachorro deslumbró al Morocho del Abasto y, a partir de allí, fue el precursor de los que vendrían después, no solamente en el tango, sino en la música popular argentina. La mitología cosmopolita de lo urbano, porteño o de cualquier otra gran urbe nacional, modeló Celedonio Esteban Flores  a partir de la experiencia a pie en el barro, sea del rock, sea del nuevo folklore “Decíme/ si conocés la armonía,/la dulce policromía/de las tardes de arrabal” desplegó un territorio que valorizó el voseo, el lunfardesco, en clave de identidad propia, única. El Negro Flores era un sentimental de zaguán que alcanzó a definir un mundo nuestro por primera vez, en el parto popular de la poesía de Buenos Aires, “Entonces como un himno de ambiente turbio/nace el tango malevo, triste y derecho/el himno de los pobres de mi suburbio,/el himno de los hombres de pelo en pecho”, aparece en su poemario “Cuando pasa al organito” ( 1935)      

Bienvenido en el seno de una familia que cruzaba genes afroargentinos con inmigrantes, Celedonio Esteban Flores nació en Buenos Aires el 3 de agosto de 1896. Sus ojos verdes contrastaban con su tez morena. Hijo de un imprentero del diario La Nación, en momentos de que eran el gremio más ilustrado, Celedonio toma contacto temprano con la literatura, y en un libro de contabilidad va transcribiendo versos de los líricos románticos finiseculares, desde Delmira Agustini a uno de sus maestros, Almafuerte.  Y, claro, el omnipresente modernismo de Rubén Darío. Pero un hecho acabaría virando este copismo a una voz original, en la que ayudó su admiración a los mundos de extramuros de  Felipe “Yacaré” Fernández y Evaristo Carriego en los diez, y fue la mudanza de niño “bien” de Rivadavia y Talcahuano, a metros del café “La Puñalada”, a la ese entonces, lejana y polvorienta, Villa Crespo. 

También en las cercanías de Plaza Lavalle dejaba sus primeros intercambios de guantes con los hijos de Joaquín V. González, que le darían su achatada nariz característica, y  que continuarían en el Club Social América de Villa Crespo. Debutaría en 1922 en la categoría pluma, hizo algunas peleas de exhibición bajo el alias de Kid Cele –para que no se entere la esposa-;  y después, sería jurado y entrenador de boxeo una vez retirado,  dando clases en su club, y en otro de Parque Centenario.  Ya era famoso porque firmaba la poesía de Carlos Gardel.

En 1914, a los dieciocho años,  decide presentarse en el concurso del diario Última Hora –justamente allí publicaba sus versos rantifusos Yacaré- con “Por la pinta” Y Gardel llama al muchacho para que le componga más letras, del mismo tenor milonguero de estos versos,  para su ralo cancionero aún de Tango. Podría parecer poca edad pero este joven, El Negro, había bebido en todos los boliches de la Babel que era Buenos Aires, entre cañas y vinos espesos. Principalmente lo que absorbía era el lenguaje, el lunfardo general –no el reo, o lunfardo a secas, que tenía origen marginal-, y que consolidaría la lengua rioplatense, en los firuletes semánticos de criollos e inmigrantes.  Celedonio conoció allí a los “santos franciscanos y a los pillos de uñas largas”, que hablaban en porteño. Allí nacieron los versos lunfardescos de Celedonio, “Recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,/hoy usas ajuar de seda con rositas rococó,/¡me reviente tu presencia... pagaría por no verte.../si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:/ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!”, en “Margot”, el título definitivo de "Por la pinta", que con música de José Ricardo, sería el décimo tango de Carlos Gardel, grabado en 1919. Desde aquel pronto padrinazgo, el Mudo trabajaría con El Negro, y la siguiente letra es hoy uno de los clásicos inoxidables del género, “Mano a mano”, que afirma el estilo sentimental,  moralista y sentencioso –en especial cuando se refiere a la mujer. Nace el realismo popular que luego llevarían a otro nivel Enrique Sántos Discépolo y Homero Manzi. Lo original de Flores fue una métrica distintiva,  que adoptaría el 2x4 a partir de los veinte, con la generación dorada de Enrique Cadícamo y Carlos de la Púa –amigo de Celedonio en las correrías nocturnas de la Buenos Aires de Corrientes angosta-, y la nueva posibilidad de incorporar a la poesía culta, el lenguaje de la calle; algo que incluso impactaría en el criollismo de un Jorge Luis Borges.

Celedonio, el que le canta a la fulana, con una percha bacana

Gardel grabaría veintiún poesías lunfardescas de Flores, entre ellas "Mala entraña", “El bulín de la calle Ayacucho”, “Viejo smoking”, "Malevito", "Canchero" y "Pan". “Sus pibes no lloran por llorar,/ni piden masitas,/ni chiches, ni dulces... ¡Señor!.../Sus pibes se mueren de frío/y lloran, hambrientos de pan”, cantaba el Zorzal Criollo en 1932, la última letra de Flores en tándem creativo. Para ese entonces trabaja como letrista exclusivo de Rosita Quiroga, la estrella cancionista arrabalera. Celedonia aporta entonces  en la música ciudadana un mundo verosímil para el bonaerense en los comienzos de los duros treinta,  que pueden leerse en clave de despiadada crónica “La audiencia, señores,/se ahogaba en silencio.../¡Llorando el malevo,/lloraba su pena/el alma del pueblo!”, en “Sentencia”, con el tinte melodramático también característico de su obra, música de Pedro Maffia, y que sería la antesala de las injusticias sociales de la Década Infame.

“Tenía una gran debilidad: el bien vestir”, lo describe Cátulo Castillo, en sus años de mayor gloria en los treinta, amontona logros el Negro, “Muchacho”, “Viejo coche”, “Atenti pebeta”, “Pobre gallo bataraz”, “Si se salva el pibe”, “Por qué canto así” y “La musa mistonga”, que serían registrados por sus contemporáneos Ignacio Corsini y Alberto Gómez, y luego, Edmundo Rivero y Julio Sosa, “así a lo porteño: con el sombrero gris y el saquito entallado que se pegaba sobre un corselete de ballenas, con lo que trataba de disimular los kilitos de más…la pinta gardeliana, la del hombre que está sólo y espera, en Corrientes y Esmeralda”, el tango que sería el cenit del Negro en 1934 “Esquina porteña, este milonguero/te ofrece su afecto más hondo y cordial./Cuando con la vida esté cero a cero/te prometo el verso más rante y canero/para hacer el tango que te haga inmortal”, cerraba del bing bang mítico de la porteñidad, bosquejado por Raúl Scalabrini Ortiz en su clásico libro, y que el Morocho del Abasto se rehúso modestamente a cantar porque aparece mencionado, “En tu esquina rea, cualquier cacatúa/sueña con la pinta de Carlos Gardel”, pintaba Flores,  el escritor de poemarios sucesos de venta, uno, “Chapaleando barro”  de 1929.

Después de la muerte del cantor eterno de Buenos Aires en 1935, el Negro Celedonio pierde al padrino artístico,  y se refugia en una quinta de Claypole, provincia de Buenos Aires, y en los boliches cercanos, entona payadas como en su adolescencia. En 1943 la censura impuesta al lunfardo por los militares golpistas de junio, cercenando la expresión popular, lo alejan de los circuitos artísticos, Celedonio asimismo apenado por las deformaciones que sufren sus queridas letras. Fallecería el primer poeta del tango contemporáneo en Buenos Aires, el  28 de julio de 1947.

“Busco un pedazo de vida, la vivo intensamente en mi interior, la tomo en serio y despacito, y con cuidado, y voy haciendo el verso –cuando le preguntaron cómo creaba sus éxitos, en www.todotango.com- Como he vivido un poco, como he dado muchas vueltas, como conozco el ambiente canalla, tengo la pretensión de vivir mil personajes. No soy de los que creen que el tango cómico sea la expresión de lo que siente el pueblo; sabemos todos que el tango es triste, como toda la música de nuestra tierra”, cerraba el Negro, el caballero de Villa Crespo de triste figura.

Dicen de Celedonio Flores

¿Cómo no iba a acopiar en los bebedores, en el escolaso, en los bailongos  de armas llevar, en la esquina del buzón, en el cabaret, “e ainda mais”, todo ese arsenal de lunfardismos con lo que dio tanto colorido a su lira? Ensamblados con las palabras que recomienda la corrección idiomática, Celedonio Esteban Flores volcó un rico, pictórico y hermanado del vocabulario culto, y de pueblo de abajo, sus tangos memorables e inextinguibles…seguro en el Olimpo hay un dios que la rola en forma del tango y con el chamuyo en que fue maestro el grone Cele”, José Barcia en Tango, tangueros y tangocosas. Buenos Aires: Editorial Plus Ultra. 1976.

Dice Celedonio Flores – Anécdota y letra de “Mano a mano” (1927)

“Un amigo de aquellos tiempos de bohemia era cantor. Se llamaba Carlos Nunziatta. Una noche, ya de recalada, lo encontré en un boliche. "Vamos a tomar mate que te quiero contar algo", me dijo. No me podía negar, pese a que yo sabía que ese muchacho estaba tuberculoso. Me dio no sé lo qué. Me faltó el coraje que antes había tenido en el ring. Y fui. En una piecita muy pobre y muy triste de la calle Junín me abrió su alma. Me contó de un amor que solamente vivía en él; y mientras me cebaba mate, yo escribía. Así salieron esos versos que aún se cantan..., que sobrevivieron a quien me contó su historia y al que le puso música. El relato estaba tan impregnado de un dolor suave, sin reproches, que en dos horas escribí la letra de "Mano a mano". Después, Gardel y Razzano le pusieron música” a Borocotó en Revista El Gráfico, 1938.

 

“Rechiflado en mi tristeza, te evoco y veo que has sido

en mi pobre vida paria sólo una buena mujer.

Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,

fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido

como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

 

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,

gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.

Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,

Ios morlacos del otario los jugás a la marchanta

como juega el gato maula con el mísero ratón.

 

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,

te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;

la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,

donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,

se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.

 

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;

no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás...

Los favores recibidos creo habértelos pagado

y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,

en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

 

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,

sean una larga fila de riquezas y placer;

que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,

que te abrás de las paradas con cafishos milongueros

y que digan los muchachos: Es una buena mujer.

Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo

y no tengas esperanzas en tu pobre corazón,

si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,

acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo

pa'ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión”

Fecha de Publicación: 03/08/2021

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