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Buenos Aires - - Domingo 18 De Abril

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Bruno Gelber: el niño detrás del piano

El pianista argentino, un grande de la cultura internacional, estableció un puente entre la música clásica y el público, que renueva con constantes giras: “Lo que sentís tenés que pasárselo a los demás”, dice a sus 80 años.

Música
Bruno Gelber

Uno de los cien pianistas del siglo, 5 mil conciertos en 57 países y la amistad de Martha Argerich y el célebre Arthur Rubinstein son méritos suficientes para cualquier mortal. Pero Bruno Gelber renunciaría si fuesen obstáculos en su sagrado matrimonio con el piano. Uno que empezó de niño encandilado, envuelto en un infierno musical, con el “señor de teclas blancas y negras que me sonríe” y que deslumbraría con su arte a reyes y compatriotas, sin distinciones de pelajes ni clases. “Lo que sentís tenés que pasárselo a los demás. Es lo mismo que si hacés el amor con alguien. Tenés que pensar que la persona siente. No solamente morirte de placer vos. (…) Yo me preparo para tocar acá en Bahía Blanca como si tuviera que tocar en Salzburgo. No existe para mí la ciudad importante -citado de “Opus Gelber. Retrato de un pianista”  (Anagrama) de Leila Guerriero - Existe el hecho de esa comunicación con los demás. Y estudio todos los días del mundo. Yo vivo en música. Y me encanta hacer vibrar a los demás por medio de la música que me hace vibrar a mí", remata del estado bacanal de sus conciertos,  en una ajustada autodescripción de su estilo, Maestro Gelber.  

Bruno Gelber

Bruno Leonardo Gelber nació en Buenos Aires el 19 de marzo de 1941 “Cuando era chico me parecía que mi cuadra (en la calle Cramer, del barrio de Belgrano) era importante porque pasaban medios de locomoción: la línea 10 del colectivo, la 151 del trolebús y los tranvías 4 y 34. Me parecía una gloria…Dormía en una habitación con ventana a la calle, convivía con esos ruidos y con el ir y venir de la gente. Al frente de mi casa llegaban visitas en un Cadillac. ¡Me gustaba tanto esa escena cuando el chofer se bajaba, se quitaba la gorra y le abría la puerta a una mujer de trajecito que bajaba lentamente! Me quedaba horas enteras detrás de esa ventana... que podría haber hablado de todo lo que yo observaba" recordaba al diario La Nación aquellas primeras escenas de la infancia, que se alternaban con un papá violinista del Teatro Colón, el austríaco Bruno, y la mamá Ana Tosi, una maestra de piano. Y que se mezclaban con sus deseos de seguir la carrera familiar, algo que sus padres resistieron hasta la inevitable certeza que Bruno tiene la música en el alma. Y en las manos. Con cuatro aprendió lectura de partituras y con cinco debuta en una muestra de alumnos de su madre en Quilmes, interpretando una sonata de Mozart y un movimiento de una sinfonía de Beethoven, a cuatro manos, con mamá Ana, "Mamá era mona, mamá era elegante, mamá era muy inteligente, mamá nunca repitió un conjunto para recibir a sus alumnos, a mamá le encantaba bailar con mis amigos y yo la llené de joyas y tapados de piel, le di lo mejor, lo más lindo, le di todos los gustos, le dije mil veces de ir a vivir conmigo a Europa, yo tengo un Edipo gigante con mamá" dijo a la periodista Guerriero. “Aquella fue la única vez que no tuve miedo, a partir de ese momento el señor pánico se sienta conmigo en el banquito. Y eso porque después tenés la mochila del ser conocido y tenés la obligación de tocar bien”, diría Gelber. A los siete años sufre de poliomelitis, quedando postrado en la cama medio año, aunque eso no interrumpe sus estudios diarios, que continúan en la actualidad, y adaptan un piano a la altura de la cama. Con oído absoluto, y en compañía de su amiga Argerich, asistía al Teatro Colón y Radio Municipal para escuchar las ejecuciones de su padre, que lo instruyó para ser conciertista. Y el debut ocurrió a los diez en un concierto en en el Círculo Militar dirigido por el mítico maestro Vicente Scaramuzza con el Concierto N° 3 de Beethoven, el compositor romántico fundido a la carrera del niño prodigio, “digamos -me especializo-  en el clásico-romántico. En el marco de un espectro enorme toco muchísimo Beethoven, Brahms, Mozart (observando un consejo que me dio Josef Krips) y tantos otros autores adscriptos a esa estética. Por supuesto que también encaré composiciones de Rachmaninov, Ravel (por insistencia de la famosa Marguerite Long en Francia, su maestra que dijo “fue mi último alumno, y el mejor”) y otros autores si se quiere modernos, del siglo XX, pero le confieso: los sonidos disonantes o golpeados no me gustan, aun cuando pretendan reflejar la realidad inarmónica de la vida cotidiana. En síntesis: hay lugar para todo el mundo, pero habiendo tantas bellas creaciones románticas que ni siquiera nuestra existencia entera nos alcanzaría para descubrir y estudiar, ¿para qué meterse con las que suenan de manera ingrata?”, cerraba a una nota a Carlos Ure. A los catorce debutaba en el Teatro Colón con dirección del francés Lorin Maazel y a los diecinueve se instala en Europa, donde viviría medio siglo entre París y Mónaco

 

La Sonata de Bruno

“Cuando llegué a París, con diecinueve años, era bonito. Parecía que estaba untado con miel. La promiscuidad tiene un sabor tan exquisito. Lo prohibido tiene gusto lindo" dijo a Guerriero, y fue esa ciudad que proyectó su talento al mundo, aunque tuvo su consagración en Múnich. El crítico más respetado de Alemania, Joachim Kaiser, aseguró que se trataba de “un milagro”, de la aparición de un fenómeno sin límites: “allí donde la mayoría de los pianistas […] comienzan a temblar, este joven se lanza con un entusiasmo arrollador: los trinos de sus octavas vibran grandiosos, el cuidado con el que frasea, la serenidad con que interpreta las melodías, la firmeza con que se dirige al clímax de la obra, todo lo eleva muy por encima del nivel de un artista sólido”. Esa noche debutaba Jacqueline Du Pré, la mejor violenchelista del siglo pasado. Era la época de las preguntas repetidas de los periodistas argentinos, “¿Cuál es su residencia?” , respuesta “el avión y mi casa una valija” y alternaba los grandes escenarios de las principales filarmónicas del mundo, Festivales de peso como Salzburgo, con frecuentes conciertos en Argentina. Gelber jamás olvidó sus raíces y popularizó en Europa algunas piezas de Alberto Ginestera. Kurt Masur, Charles Dutoit, Bernard Haitink, Lorin Maazel, Christoph Eschenbach, Esa-Pekka Salonen, Ernest Ansermet, Erich Leinsdorf, Sergiu Celibidache, Mstislav Rostropovitch, Sir Colin Davis, entre otros notables directores, convocaron al pianista argentino, que recién sería reconocido en su real dimensión artística en su país, más alla de los medios embobados con sus cejas circunflejas,  con los premios Konex en los dos mil -en 2001 sobrevivió a un grave accidente. En 2007 sería condecorado por el Gobierno de Francia como Oficial de las Artes y de las Letras de la República Francesa. Pese a una discografía no muy extensa su grabación en 1965 del concierto para piano número 1 opus 15 de Brahms fue reconocido como la mejor interpretación jamás realizada por los críticos franceses.

En 2013 decide regresar al país y vive a un piso de un antiguo edificio de Balvanera, a pocos metros de la Plaza Miserere, y, casualmente, a pocas cuadras del estudio de su maestro Scaramuzza “Me encanta enseñar. Saber llegarle al centro para que se expresen. Hay que ver la manera de hablarle al alumno. Hay gente que dada mi situación en la música, puede llegar como aterrorizado y hay que ser muy dulce, casi de pedirles disculpas por interrumpirlos; y a otros hay que darles con todo, porque están muy seguros de ellos y no tienen por qué”, confesaba a Marcela Ayora sobre su reciente vida porteña, y que no decae en presentaciones, las últimas en el Teatro Colón y la promoción de la música clásica sin barreras. En 2019 se presentó en el Centro Industrial de Lanús, y en el CCK,  junto a la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía, “Estaba un día haciendo zapping, paso por el canal Allegro y escucho una Obertura de Mozart que sonaba muy bien, pero distinto -admitía al diario La Prensa- Cuando concluyó caí en la cuenta que había sido ejecutada por una banda sinfónica de ciegos conducida por un maestro muy fogoso. Quedé fuertemente impactado, me tocó en el alma y entonces pensé ¿por qué no podemos hacer lo mismo en nuestro país? Hablamos con Martín Merayo, titular del organismo similar que tenemos en la Argentina, y nos pusimos de acuerdo enseguida", cerrraba el artista alabado por los medios extranjeros como Diapason, Gramophone y Le Monde de la Musique.

Yo trascendí el límite natural de la música clásica -explica el pianista que en Argentina conoce la mayoría del público sin haberlo tal vez escuchado nunca -, que desgraciadamente es restringido. No se han hecho esfuerzos como en las otras músicas. Bien enviada, la música clásica hubiera sido tan conocida como la otra. Hay de todo en la música clásica: cosas de muy fácil acceso y comprensión” repite a quien quiera oír, Bruno Gelber, el pianista argentino esencial que nos hace escuchar la música inmortal con los oídos de niños. Con la gloria y belleza de la primera vez.   

Bruno Gelber

 

Dice Bruno Gelber

“La música nunca fue un refugio para mí. Siempre fue un mundo aparte, completo y singular. Un mundo perfecto en sí mismo, al que yo pertenecía con cuerpo y alma. Era algo absolutamente mío. Todo lo demás daba lo mismo. La música nunca fue un reemplazo de nada. Yo vivía esa pasión de una manera santa, vivía como embriagado de música y todo el romanticismo del mundo pasaba desesperadamente por mi corazón. Estaba poseído día y noche. Y lo impresionante era el entendimiento, la complicidad que encontraba en ese lenguaje. Reconocía que sólo necesitaba que me dieran los medios, la técnica para poder expresarme y volcar esos sentimientos arrebatadores. ¡No! la música no fue un refugio para mí. Fue y sigue siendo una fascinación en el alma, la historia de un amor irresistible”. (Entrevista de Cecilia Scalisi para www.lanacion.com.ar).

Dicen de Bruno Gelber

“Es uno de los pocos músicos de esa generación, -Daniel- Barenboim, Argerich, que nunca dejó de venir a la Argentina y de tocar en los más diversos espacios. Hasta el día de hoy Bruno hace giras -hizo hasta hace poco, digamos, ahora no las está haciendo- giras por las provincias argentinas y a veces toca en teatros donde los pianos no están en estupendas condiciones. Digamos, él es un músico de escenario, ha grabado muy poco. A él la situación de estar en un estudio grabando no le gusta porque siente que hay algo de la conexión con el público que no le sale. Entonces esa conexión con el público es fundamental para él y es muy abierto en ese sentido, no dice no voy, no sé, a San Luis porque el teatro bla, bla, bla. Tiene una conexión con la idea de lo popular que suelen no tener los músicos de su capacidad”. (Leila Guerreiro, entrevista de Hinde Pomeraniec, www.infobae.com).

 

Escuchá a Beethoven por Bruno Gelber en Teatro Sociale de Bellinzona (2000). Único.

 

 

 

Fecha de Publicación: 19/03/2021

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Comentarios


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Por: DelSal 19 marzo, 2021

Eximio pianiasta... y además duerme en formol... es increible com se mantiene

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