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Adriana Varela. El deseo es lo único que te salva de la locura

En el tango reo Adriana Varela ocupa el espacio del presente y lo que vendrá. Ahijada de Roberto Goyeneche, admirada por Astor Piazzolla, cambió la taba del machismo en el Tango.

Música

Ocurrió hace unas semanas. El grupo de rock norteamericano Kiss deseaba escuchar tango, de verdad. Y el productor Jorge Rodríguez armó una velada especial en un estudio para ellos y un par de afortunados. A quién llamó para que escuchen la versión sin aditivos for export fue a Adriana Varela, la estrella más fulgurante de la canción ciudadana en los últimos treinta años. “Malena”, “Anclado en París”, “Muchacho”, “Los Mareados” y “Corrientes y Esmeralda” arrolló la garganta con arena de la Gata Varela. Paul Stanley, el chico estrella, saltó conmovido a saludar, “gracias, Tommy”. Alguien de atrás corrigió comedido a la artista que cantó con Quincy Jones y Joan Manuel Serrat. “Tommy, Paul…da igual” remedó en una pirueta en el aire, de esas que da cada noche Varela, sacudiendo almas, como su maestro Roberto Goyeneche. Sonrió a lo Carlitos Gardel, con el Carlitos sobrevolando que se negaba a cantar en inglés solamente para agradar a los extranjeros, esta morocha que insiste con que "artista es una palabra social con la que me llevo muy bien". Luna de Avellaneda.

 

 

"Lo que me diferencia es que yo no armé esta carrera. Digamos que la fui haciendo. Definitivamente, creo que soy una artista inconsciente en todos los sentidos, que no quiere decir irresponsable, guarda. A la hora de grabar, por ejemplo, yo elijo las canciones sin medir ningún tipo de alcance. Y lo mágico es cuando descubro que al otro, a partir de lo que canto, le moviliza lo mismo que a mí. Si eso lo buscás no lo encontrás. Si sos un artista consciente no sos un artista. O sos sólo profesional o sos vehicular. Y en ese mundo de las jerarquías, se supone que artista es una palabra menor a profesional, como más emotiva que de catálogo", reflexionaba Adriana Varela a finales de los noventa de una trayectoria inusual. De Señora de Barrio Norte pasó a ser Señora de Nadie. Nacida en Avellaneda el 9 de mayo de 1952, en una familia de amplitud ideológica que vivía en Pavón al 700, colaboró con el Padre Mugica, asesinado por la Triple A, y siguió, alrededor grandes pérdidas por la dictadura, la profesión de fonoaudiología, en los huecos que dejaba la carrera de su marido tenista, Héctor Hugo Varela. Quedaría el apellido para Beatriz Adriana Lichinchi, “yo no pensaba que estaba eligiendo una profesión. No escuchaba tango ni en pedo. Simplemente estaba transitando un camino que tenía ganas de transitar. Se dio sin pensarlo”, admitía Varela de la ruta que la llevó a ver una copia de VHS de “Sur” (1988) de Pino Solanas, sentada en el borde de la cama, a cantar con el mismísimo Goyeneche en el Café Homero o el Berretín de San Telmo, convertida en su ahijada, “no me gusta que las nenas canten tango, pero Adriana es un caso aparte”, palabra del Polaco; a acompañar a Enrique Cadímaco -tiene un bello disco dedicado al compositor de 1995-; y compartir escenario con Liza Minnelli y Celia Cruz en el “Concert of the Americas” (1994), en Miami, convocada por Quincy Jones, el productor de Frank Sinatra y Michael Jackson.  

Las placas “Maquillaje” (1993) y “Corazones perversos” (1994), además de recibir varios premios , volvieron a poner en el candelero al tango como no ocurría desde los triunfos discográficos de Julio Sosa en los sesenta, un cantor que tiene varios puntos en común, incluída la resistencia de los retrógrados de siempre, con Varela.

“Cuando el río suena”

“Parece una atorranta cuando canta/Parece que se deja y no se deja/Te da la sensación cuando camina/que en vez de una mujer, llegan dos minas/Parece medio loca y que provoca/porque el tango en su boca es un gemido”, le dedicaría Cacho Castaña, a una habitué de su Café La Humedad, uno de los últimos reductos tangueros en San Cristóbal. “Campaneá la ilusión que se va/y embrocá tu silueta de rango,/y si el llanto te viene a buscar/escurrí tu dolor y reí...”, “Muñeca brava” (1929) de Cadícamo y Luis Visca, es quizá de las letras que mejor semblanteá el sentir tanguero hecho mujer en la Gata Varela. Llegarían más aeropuertos y escenarios en el alba del milenio, recitales en los principales salas del mundo, disco con la producción de Jaime Roos que amplía su espectro sonoro, “Cuando el río suena” (1999), y participación estelar en la película nominada al Oscar de Carlos Saura, “Tango” (1998)

 

 

La expansión del repertorio hacia otros sonidos, a pesar de seguir con la tradición en “Encaje” (2006) -imperdible la versión de “Sur” flamígera con polleras-, y su sentido de libertad artística, “Voy a sacar el próximo disco cuando tenga ganas. Por eso nunca firmé con una multinacional: yo quiero ser libre, soy anarquista para vivir, no para votar. Anarca y peronista de toda la vida. De chica era más cuestionadora, con el tiempo, leyendo y creciendo, fui asentando mi postura”, decía a Facundo Montiel en 2019 de pulsonoticias.com.ar, derivó en de los mejores homenaje al rock argentino, “Avellaneda” (2017), “Su voz de callejón procesa un random de épocas y estilos: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Almendra, Charly García, Manal, Sumo, Fito Páez, Los Abuelos de la Nada, Gustavo Cerati, Spinetta Jade, Pedro Aznar y Serú Giran, más un tema de la dupla Hugo Midón-Carlos Gianni”, sintetiza Mariano del Mazo en el diario Página/12. Placa que marcó la colaboración de sus hijos Rafael y Julia, ambos relacionados al mundo de la música también, y a quienes inculcó de pequeños, “El deseo es lo único que te salva de la locura”. “Necesito volver a mí, recuperar mis pedacitos que quedan volando después de un show”, confesaba alguna vez de cuándo termina cada función, la Gata Varela que remonta el barrilete que soplamos, unidos, y “sale a andar por las cornisas/sin caer al precipicio”

Dicen de Adriana Varela

“Hay que oír y ver a la Varela cantando “Muñeca brava” o incluso “Volver”, después de haberlas oído como nana y casi responso de toda una vida, para saber que estás en presencia de la magia de la continuación y la renovación, del encuentro entre lo patrimonial y su modificación. De aquella noche, del El Berretín pasó a las páginas de mi novela “Quinteto de Buenos Aires” como ella misma…-en la novela- la entrada de Adriana Carvalho la describo tal como yo la había sentido en la irrealidad de El Berretín: "Aparece una mujer escotada y blanca. Enigmática y con las siete puertas y los seis sentidos bien puestos bajo laluna", del escritor español Manuel Vázquez Montalbán en elpais.com (1998)

Adriana Varela

Dice Adriana Varela

“Yo no tengo historia en el tango o en el ambiente tanguero como para decir con derecho que a la mujer se la considera objeto. Si se toma esta cuestión desde lo poético, yo diría que es al revés: o se le echa la culpa de la melancolía del hombre o se llora por ella. No creo que eso sea machista. Me parece más bien que tiene que ver con un acuerdo tácito, o con un desacuerdo, entre el hombre y la mujer, vinculado con una forma de seducción. Pero no quisiera calificarlo, lo describo, simplemente, porque me parece muy interesante” en revista La Maga- Especial Tango. Buenos Aires. 1994.

 

Imágenes: Redes Adriana Varela

Fecha de Publicación: 09/05/2022

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