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La Casa de la Esperanza

Conocé la gran obra del hospice San Camilo. La Casa de la Esperanza: donde las bases son el amor, la contención y la sonrisa.

Al observar las imágenes de Buenos Aires sacadas por los satélites desde el espacio, en la región norte, muy cerca del río, se puede observar como un destello, una reverberancia lumínica, pequeña pero inconfundible.

Achiquemos la toma como si fuera una lente fotográfica o separemos los dedos como apoyados en un dispositivo celular. Llegaremos a ver sobre una calle arbolada con añejos paraísos, una casa estilo inglés. Con una cerca al frente y un muy cuidado jardín por detrás. Repleto de flores blancas y amarillas sin importar la época del año. Y a un costado, una capillita de la Virgen de Lourdes.

Cuando me invitaron a conocer el hospice San Camilo dudé bastante en aceptar. Con  miseria y arrogancia pensé en mis muertos y en mi dolor. Y dije "Ya tengo lo mío, ¿para qué más?".

Pero después me hablaron de los huéspedes y del trabajo de los voluntarios (todos los que trabajan allí son voluntarios). Me enteré de que le dicen la casa de la esperanza y algo, como una perla se forma envolviendo un grano de arena, envolvió a mis miedos. Y transformando sus raíces hicieron un tibio nido para  mi corazón.

Sentado dentro del auto debajo de un árbol legendario me pregunté si estaba haciendo lo correcto, si era necesario. Podía dejar que la nota la hiciera otro, hacerme a un costado, y miré el árbol. Tantas tormentas y lluvias, tantos corazones adolescentes y ramas rotas y seguía allí, un paraíso frente a una casa de muerte.

Toqué timbre. -"Hola, ¿vos sos Marcelo? Bienvenido a la casa de la esperanza".

La sonrisa de la voluntaria que me había abierto la puerta solo podía compararse con ese atropello de luz que se empujaba por salir a recibirme. Por un momento entrecerré los ojos, todo adentro tenía una graduación más alta, todo dentro de esa casa brillaba un poco más. Yo me había preparado para un lugar oscuro y triste y esa fluorescencia de nursery me cautivó. Estaba claro que cualquier registro sobre la muerte que habitaba en mi memoria no tenía nada que hacer allí. Ese equipaje debía dejarlo en la vereda.

Entré. No se qué fue lo que me asombró más. Y no sé si la palabra asombro es la adecuada para abarcar todo lo que sentí en ese momento. Como en una plaza de juegos, la vida estaba por todos lados En los deliciosos vapores que llegaban de la cocina. Los pasos presurosos y felices de los voluntarios intentando cumplir los pedidos de los huéspedes. Los ruidos de casa, de hogar, tan olvidados en los lugares de “salud”.

Ahora que releo mis notas entiendo que es lo que me “asombró” más en esa primera visita. El amor en todas sus formas y gestos. El amor hacia esos huéspedes generalmente muy olvidados durante tantos años por todos.

Y como me dijo un voluntario: “Olvidados por todos menos por Dios. Lo mejor que nos puede pasar a nosotros es que en cada gesto, en cada palabra, ellos se encuentren a si mismos. Porque entonces estarán encontrando a Dios. Y cuando eso sucede el huésped nuevamente pasa a tener un nombre y ya no es más el paciente de la cama 38 o de la 121. Comienza un proceso de sanación que cura su alma y su corazón. A una velocidad muy superior a la que puede desarrollar cualquier costoso auto de lujo”.

Esos huéspedes que ahora volvieron a ser Javier, Mariano o Luisa como cuando eran niños, y que tiene una historia que contar - porque todos tenemos una historia - son escuchados y bendecidos. No importa lo que hayan hecho ni su pasado, porque esta es la casa de la esperanza, este es el hospice San Camilo. Y de aquí, todos, todos; los huéspedes, los voluntarios y hasta yo que fui solo a hacer una nota, todos salimos redimidos.

El hospice San Camilo es un lugar de ayuda y asistencia a enfermos, sin posibilidad de tratamientos curativos, en un proceso terminal. En la casa no solo se le da contención y compañía, de manera absolutamente gratuita al enfermo, sino también a sus familiares. Tienen un trato prioritario todos aquellos enfermos que están en una mayor situación de vulnerabilidad.

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